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Decime qué se siente (la pasión perdida del fútbol argentino)

Hace siete días, los futbolistas de Boca festejaron su victoria sobre River como verdaderos hinchas. Ante la ausencia de fanáticos de su equipo en el estadio Monumental, impedidos de asistir solo por ser visitantes, los futbolistas xeneizes celebraron juntos, en el centro de la cancha, y cantaron como el más fanático. Celebraban en la inmensa soledad del estadio un triunfo sin testigos presenciales más que ellos mismos. Los hinchas sólo podían mirarlos por televisión. La escena ofició como una postal del fútbol argentino de estos tiempos, que en nombre de la prevención expulsa parte de la pasión de los escenarios.



Ayer, el festejo genuino tomó un cariz institucional, cuando no conformes con la victoria y las celebraciones previas, dirigentes e hinchas xeneizes interrumpieron el encuentro que disputaban ante Rosario Central para continuar con la celebración del triunfo ante River. Se escucharon cánticos recordando el descenso del rival, aparecieron banderas del club de Núñez, mientras que desde afuera de la Bombonera se dispararon cientos de fuegos artificiales. Mientras tanto, el cartel del estadio mostraba un poster que se burlaba de River. Tras la reanudación, Central empató el partido que ganaban los xeneizes en la Bombonera, que probablemente sea suspendida por los hechos.



El Boca – River de hace poco días volvió a convertirse en ese acontecimiento for export del fútbol que se juega sobre suelo argentino. Pero esta vez, el partido más famoso expuso la realidad cruda del fútbol de estas tierras, empeñado en repetir su propia farsa. El fútbol argentino es hoy un espectáculo empeñado en dilapidar uno de sus caracteres que le da fama en el mundo: las prácticas festivas de sus hinchas.

En el Monumental, como en todos los estadios argentinos hoy en día, la fiesta fue exclusiva del equipo local, que puso brillo y color al estadio, pero no apareció la fiesta y los colores compartidos de aquello que le da vida al deporte: un duelo de dos, con sus cantos, sus banderas, sus expresiones carnavalescas.

La misma situación se había dado en 2004, en las semifinales de la Copa Libertadores. Aquella fue la primera vez. En el duelo de ida en la Bombonera sólo participaron hinchas de Boca y en el Monumental sólo estuvieron los de River.

Al leer el libro “Historia social del fútbol”, de Julio Frydenberg, una de las conclusiones que aparecen es el esfuerzo y la dedicación que pusieron los socios que fundaron los clubes argentinos, a principios del siglo XX. La organización institucional, la construcción de un campo de juego y un espacio social, el desarrollo burocrático que lograron y que les permitió organizarse en instituciones con reconocimiento legal, participar de campeonatos organizados y atraer nuevos socios y recursos para perdurar en el tiempo. Semejante complejidad del trabajo hizo que sólo una pequeña porción de los clubes fundados persistieran con el paso de los años. El trabajo de sus socios fue lo que les permitió subsistir.

Más de 100 años después, muchos socios e hinchas se privan de ver aquello que con tanto esfuerzo sus antepasados construyeron. Poco queda de aquel espíritu amateur, del hacer por la pasión y el amor al club. Mucho de aquello que se ha perdido parece haberse ido para siempre. El amor a la camiseta se disfruta hoy por televisión y es un espíritu usufructuado por el marketing mediático, que hace de aquello un show televisivo con sinuosos videoclips. O recae en su peor faceta, la cultura del aguante, que habilita una serie de prácticas propias y ajenas marcadas por el sufrimiento, la violencia y la intolerancia. En el extremo, la violencia mercantilizada convierte su ejercicio en fuente de negocios.

La barra de Independiente, envuelta en fuertes disputas internas
Es todo aquello lo que expuso el Boca – River, el partido más famoso de la argentina, jugado con sólo una parcialidad en las tribunas. Para el Estado y la Asociación del Fútbol Argentino, la ausencia de visitantes es condición para que se disputen los campeonatos de fútbol en la Argentina. Como una metáfora de la historia, cinco días después, el encuentro entre Independiente y Unión, que también se jugaría sin visitantes, fue suspendido por temor a incidentes entre hinchas de una misma parcialidad.

Luego, falleció Lorena Morini, de 39 años, asistente geriátrica y empleada de Independiente, quien quedó en medio un tiroteo entre dos facciones de la barra brava del club.

Los sospechosos de la muerte de Marini habían estado detenidos luego del partido frustrado, pero fueron liberados a las pocas horas. Así, el fútbol argentino se cargó una nueva víctima, que eleva el número a 279 en la historia. Mientras tanto, muchos dirigentes promueven burlas institucionales hacia sus rivales, que no hacen más que fomentar las prácticas violentas que después lamentan. Prácticas cada vez más presentes en el espectáculo futbolístico argentino, que restringe cada vez más la pasión genuina que lo vio nacer.

No importa ya (Di Zeo – Martín y la última parábola de la violencia del fútbol argentino)

La tribuna del estadio de Unión sin la barra
No importa ya si los grupos de Rafael Di Zeo y Mauro Martín se enfrentaron en Santa Fe o en Buenos Aires. No importa ya quien atacó primero a quien. No importa si los heridos son de uno u otro bando. No importa el último discurso que instiga a terminar con este flagelo y a erradicar “a los violentos del fútbol”. No importa el último discurso que se saca el problema de encima y acusa a otro por ser el violento.

Sin muertos en su haber, el enfrentamiento del último sábado entre los grupos de Mauro Martín y Rafael Di Zeo, que luchan por el liderazgo de la hinchada de Boca, es una muestra de las prácticas violentas de los grupos de hinchas organizados modernos en Argentina, ampliamente repetidas: una pelea distante de los estadios, con armas de fuego, hinchas de un mismos equipo enfrentados por un cargo que garantiza un cuantioso botín. Hasta la complicidad de los dirigentes se hizo presente en los hechos, cuando el grupo de Di Zeo dijo a la policía que no tenían entradas para el partido ante Unión pero que las recibirían más tarde de un dirigente del club.

Cualquier circunstancia en relación al hecho puede rastrearse en el pasado. “Una increíble escena de guerrilla” escribió el periódico italiano Il Mattino, para describir otro enfrentamiento en una ruta argentina entre dos hinchadas de fútbol. Sucedió el 20 de abril de 2003, cuando las hinchadas de River y Newell´s se cruzaron en plena Ruta 9. Aquella batalla le costó la vida a Claudio Puchetta y Claudio Ponce, del bando rojinegro.

Los discursos de indignación, de barras bravas como delincuentes y bestias, de eliminación de las lacras, es el discurso dominante desde que las barras existenten. "Hay que proponerse sacar a los responsables de la violencia de los estadios, y se hace entre todos", lo actualizó esta vez el Senador y Presidente de Quilmes Aníbal Fernández. En 1990, el Presidente Carlos Menem dijo que estaba decidido a terminar con las “barras bravas” “sí o sí” y los trató como bestias. Julio Grondona afirmó ese año, tras la muerte del hincha de boca Saturnino Cabrera: “Los dirigentes somos los primeros que tenemos identificados a los integrantes de las ´barras bravas´, junto con la policía y el periodismo, y asumimos nuestra responsabilidad para erradicarlos definitivamente de las canchas”. Los discursos se repiten hace años y los resultados en la práctica son los mismo.

En 1990, el gobierno de Menem implementó el derecho de admisión en el fútbol. Los dirigentes debían pararse en la puerta de los estadios y señalar quienes no podían ingresar por ser barrabravas, pero nada de eso sucedió, porque los directivos no aceptaron el reto. Hoy, el derecho de admisión está digitalizado y un dedo puede dejar a los hinchas fuera del estadio. La presidente Cristina Kirchner llamó ayer a los clubes a entregar las lista de los barras para impedir que ingresen.

Pero la peor parte de esta nueva secuencia es quizás la premisa mayor: suponer que es necesario erradicar a 100 o 200 barras para solucionar el problema de la violencia del fútbol argentino. El reciente documento titulado “Propuestas de acción e intervención para la construcción de una seguridad deportiva” define como pocos la necesidad de dejar de lado el discurso represivo y exterminatorio que reproducen buena parte de los medios masivos y la necesidad de construir entre distintos sectores eventos deportivos seguros en el largo plazo.

Porque la verdadera violencia en el fútbol no es la de Di Zeo y Martín, mercenarios que dirimen sus asuntos fuera de toda ley. La verdadera violencia que se vive en el fútbol argentino responde a múltiples causas: una organización institucional deficiente; una policía mal preparada y mal organizada para prevenir; la cultura del honor como valor supremo, que no da lugar a la derrota; la violencia como capital simbólico y fuente de negocios; la relación de apoyo y connivencia entre barras y dirigentes deportivos, políticos, jugadores, entrenadores y empresarios privados; la organización del acontecimiento deportivo como intrínsecamente peligros, con vallas, caballos y alambrados; los estadios deficientes, descuidados, mal iluminados, con hacinamiento para los concurrentes; la legitimación por parte de los hinchas de las actuaciones de su propia hinchada, muchas veces violentas e ilegales.

El sábado fueron Di Zeo y Martín, barras devenidos persones mediáticos mientras dirimen sus negocios ilegales privados. Mañana serán otros. No importa ya. Importan las planificaciones a largo plazo; la necesidad de correrse del discurso exterminador; la preparación de trabajos interdisciplinarios; la imperiosa necesidad de reconocer a los distintos actores responsables de la violencia, que no son sólo los barras bravas; el análisis de las causas que posibilitan que las prácticas violentas se llevan a cabo en los estadios para intentar cambiarlas. Eso es lo que importa.

Riquelme y un adiós a su estilo

Juan Román Riquelme le regaló al club de sus amores su medicina más necesaria en estos momentos de dolor: se cargó sobre sus espaldas la derrota en la final de la Copa Libertadores. Un desencanto deportivo que pasó a un segundo plano por el anuncio de partida del club. Fue tanta su trascendencia en su paso por Boca Juniors, que su salida no podía generar menos estruendo. Riquelme y su partida de Boca ocuparon las portadas de los diarios y la mente y el corazón de los fanáticos. Esos mismos que ayer realizaron multitudinarios banderazos para reclamar la permanencia del ídolo, mientras sueñan con cambiar el final de esta historia.

El 20 de octubre de 1997, la salida de Maradona en su último partido como profesional y la entrada de Riquelme en su lugar fue el gesto práctico y simbólico del futuro del futbol argentino. Tras la partida del 10, Riquelme fue el futbolista mas trascenderte que tuvo el futbol local hasta la aparición de Lionel Messi. No porque las características futbolistas de Maradona y Riquelme sean similares, sino porque, en tiempo de escasos ídolos deportivos y amplios discursos mediáticos, Riquelme fue el futbolista argentino que engendró el mayor amor de los fanáticos y las más amplias discusiones a favor y en contra de su juego, sus modales y sus discursos. Contó con seguidores a ultranza y detractores acérrimos, pero fue tal la influencia que ejerció en los equipos donde estuvo que jamás estuvo ajeno a las criticas y los elogios. En esa liturgia se mueve en el fútbol y así se fue de Boca.

Desde joven, Riquelme fue un rebelde al juego moderno de músculo y fricción. Con un fútbol de habilidad, pisada, pelota al pie y pases milimétricos, creó su propio mundo en todos los equipos donde jugó, que lo tuvieron necesariamente como actor central de su andamiaje. Con su fútbol, cuestionó los propios valores de garra y huevos asignados a Boca históricamente. En un club donde Rattin y Giunta son ídolos, Riquelme se acomodó en el olimpo con un sitio de privilegio.

Su rebeldía no se redujo a su performance sobre el césped. En sus años en Boca, Riquelme no jugó por estar disconforme con su contrato y desafió al presidente en el festejo de un gol a River ante la vista de todos. Siempre fue un futbolista cómodo para enfrentar poderes mayores, como entrenadores y dirigentes, de armar su quinta en el vestuario, de disponer sus rutinas.

Mientras construía su carrera, puso en juego el viejo mito del crack, ese futbolista ofensivo, habilidoso, preciso y desequilibrante tan común en otros tiempos del deporte argentino, con el agregado de llevar a adelante su futbol en un contexto donde su nivel de juego y su categoría son bienes tan escasos como el agua en el desierto.

También Riquelme logró revivir al viejo ídolo de club, apegado a los colores, con trayectoria e identificación con el equipo y títulos en su haber. Un personaje tan frecuente en otros tiempos de la historia del futbol argentino como poco común en los últimos años.

El crack aprovechó el despliegue de la final, con la presencia del presidente de su club y de los periodistas para declararse afuera e iniciar sus vacaciones en paz. Impredecible dentro y fuera de la cancha, hábil con la pelota y en los micrófonos, sorprendió con el anuncio de su partida. ¿Será definitiva o un anuncio reversible? ¿Es el final de su carrera o un traspaso a un club con menos presiones antes del final definitivo? Con las características del personaje, la próxima jugada es impredecible.

Aquí, un lindo video con jugadas de Juan Román Riquelme:

Sólido y efectivo, Boca es el campeón del Apertura 2011

Los festejos de Boca campeón
Por previsible no deja de ser rescatable: Boca se consagró campeón del Torneo Apertura 2011 del fútbol argentino. Invicto, dos fechas antes del final, con amplia ventaja sobre sus inmediatos perseguidores. La victoria por 3 a 0 ante Banfield, último en la tabla, confirmó un título asegurado desde hace tiempo, con una superioridad contundente sobre sus rivales. La solidez y la unión que exhibió el equipo dentro de la cancha no se correspondieron con lo que sucedió durante todo el día afuera, donde dos candidatos se disputaron la presidencia del club, en una elección atravesada y fragmentada por la política nacional. Finalmente, Daniel Angelici se consagró como el nuevo presidente.

El campeón. Boca no es el equipo más vistoso de los últimos tiempos ni aspira a serlo. Es práctico, confiable, austero y seguro. No es brillante pero es sólido. No da lugar al deleite pero entrega felicidad a sus hinchas. Se consagró campeón sin perder un partido, marcando 22 goles en 17 fechas (poco más de uno por encuentro) y recibiendo sólo 4 tantos en su arco propio. En su solidez defensiva se explica buena parte de su éxito.

El equipo de Julio César Falcioni se hizo fuerte en defensa y encontró variantes en ataque, de la mano de Viatri, Cvitanich, Mouche y Blandi, más el aporte de Riquelme, que retornó al nivel de sus mejores días en buena parte de los 11 partidos que pudo jugar. El 10 fue decisivo en el primer tramo del campeonato, donde Boca aseguró la ventaja sobre sus perseguidores.

Los refuerzos también aportaron buenas actuaciones. La firmeza de Orión, Schiavi y Roncaglia, los goles de Cvitanich y los rendimientos crecientes de Somoza y Erviti, que habían arribado a comienzos de año y Falcioni supo recuperar, fueron claves. Además, el entrenador encontró buena respuesta en los suplentes: Blandi, Mouche, Chávez, Colazo y Caruzzo aportaron cuando entraron.

Fue un merecido ganador en un torneo de bajo nivel, donde sus virtudes sobresalen de la medianía general. El déficit de juego de sus rivales no desmerece su victoria.
Jorge Amor Ameal y Daniel Angelici, los candidatos a presidente 
La pelea en las urnas. La disputa entre el actual presidente Jorge Amor Amel y su rival Daniel Angelici comenzó en agosto de 2010. Como siempre sucede, Juan Román Riquelme atravesó el conflicto: la renovación de su contrato fue la causa del enfrentamiento entre los dirigentes. Angelici, entonces tesorero, se oponía a la continuidad del 10 y operó para sumar voluntades a su favor. Ameal, llegado a la presidencia por la muerte de Pedro Pompilio, buscaba continuar el vínculo y sólo pudo hacerlo con su propio voto, que sirvió para desempatar e inclinar la balanza a favor de su postura en la votación dirigencial.

Angelici renunció a su cargo e inmediatamente lanzó su candidatura a la presidencia, bajo el paraguas del ex presidente y hoy Jefe de Gobierno Mauricio Macri. Si las internas del vestuario entre Riquelme y Palermo y entre Falcioni y Riquelme hoy son parte del pasado, los dirigentes mantienen conflictos internos atemperados sólo por el éxito deportivo.

De andar errante en los campeonatos locales (entre el Clausura 2009 y el Apertura 2010, el equipo terminó del puesto 11 para abajo), con refuerzos en cantidad que no cumplieron en la cancha (Matías Giménez, Jesús Méndez, Christian Cellay, Adrián Gunino, Sebastian Prediger, Damián Escudero, Federico Insúa, entre otros), con técnicos que no estuvieron a la altura de las circunstancias (Abel Alves, Caludio Borghi), la propia gestión de Ameal permitió el florecimiento de candidatos presidenciales, muchos de ellos presentes en la actual conducción. La multitud de aspirantes al sillón, que llegaron a ser casi 10, se fue diluyendo a medida que se acercaban los comicios y aumentó la influencia de la coyuntura política nacional. Así como los flojos rendimientos deportivos parecían condenar a Ameal a abandonar su cargo, la actual campaña le dio su chance de intentar la continuidad.

El gobierno nacional apostó por el presidente, afiliado al Partido Justicialista y con un hijo militante en la agrupación La Cámpora, para derrotar a Macri, su adversario político. El Secretario Legal y Técnico de la Presidencia de la Nación, Carlos Zannini, habría sido determinante para que José Beraldi y Roberto Digón, dos presidenciables, aceptaran bajar sus candidaturas presidenciales y fueran como vices de Ameal. Roberto Digón es un histórico sindicalista del tabaco y fue diputado peronista. Beraldi es dueño de una poderosa empresa de transporte y además de ser dirigente de Boca preside el club GEBA.

Del lado de Angelici, Macri participó de distintos actos políticos y lo bendijo reiteradamente ante la prensa. Millonario, dueño de distintos bingos a lo largo del país, Angelici es afiliado a Unión Cívica Radical pero participa activamente en el PRO, el partido que gobierna la ciudad. Detrás suy, aparecieron Juan Carlos Crespi, sindicalista del gremio del petróleo, y Gustavo Paolini, dueño de la mayor empresa de grúas del país.

La mayor parte de los integrantes de las listas, oficialistas y opositores, formaron parte del gobierno de Boca desde 1996 en adelante. La vanidad, la ambición, el rumbo errante en lo deportivo, pusieron a algunos en veredas opuestas. Boca festejó, pero el éxito deportivo no le alcanzó a Ameal. En una elección donde votaron más de 24 mil personas, récord para el fútbol argentino, Angelici se impuso por poco más de 2000 votos. Los triunfos deportivos del gobierno de Macri y su fuerte campaña pesaron más. Mientras tanto, los hinchas y los jugadores disfrutan del campeonato.

Aquí los goles de Boca ante Banfield y los festejos por el campeonato:
 

El adiós de Palermo o el último capítulo de la película del Titán

"Eternamente gracias" fue la frase que sintetizó la noche de ayer. No son muchos los que pueden despedirse del fútbol en la Argentina envueltos en semejantes muestras de cariño y respeto. No son muchos los que pueden por sí mismos acaparar la atención de un partido por los puntos. Martín Palermo, el quinto máximo goleador de la historia del fútbol argentino, se despidió ayer de La Bombonera. Es el adiós de uno de los futbolistas que marcó a fuego los últimos 15 años del fútbol argentino, ubicándose siempre en la vanguardia de la tabla de goleadores.

El portugués Luis Figo dijo alguna vez que dentro de la cancha él perseguía el prestigio, no la gloria, porque la consideraba efímera. Con los años, Palermo consiguió se bañó de un prestigio infrecuente para un jugador en el fútbol argentino, al punto de ganarse el respeto y hasta la admiración de muchos hinchas rivales. No sucede eso asiduamente.

Además, Palermo recuperó algunos modelos históricos del fútbol argentino que cada vez se ven con menos frecuencia. Inicialmente, la figura del goleador nato, bestia del área, con olfato, capaz de transitar los rincones cercanos al arco rival como quien camina por su casa, para encontrar esas pelotas perdidas y mandarlas al fondo de la red. Sus 306 goles anotados en 19 años de carrera y su condición de máximo goleador en la historia de Boca así lo demuestran.

Palermo revivió también la figura del jugador - símbolo de su club, al jugar 10 años en Boca. El ídolo fiel a los colores, que construye su carrera bajo la misma camiseta, mientras aporta goles y títulos. Eso fue Palermo para Boca. Muy pocos equipos pueden disfrutar de semejante privilegio.

La elección de los cinco mejores goles de su carrera es un fiel reflejo de su capacidad de permanencia en el alto nivel. Cuatro de ellos fueron anotados en los últimos años, signo de que pese al paso del tiempo todavía tenía mucho para dar. Y eso que no incluyó algunos memorables por su factura, como una chilena a Banfield. A los 36 años jugó su primera y única Copa del Mundo en 2010 y marcó un gol.

Palermo siempre fue consciente de sus limitaciones técnicas con la pelota. No intentaba lo que no sabía en rincones de la cancha donde no se sentía cómodo. Pese a todo, a su capacidad goleadora la adicionó en los últimos tiempos cierta capacidad de replegarse en el campo para asociarse con sus compañeros o para perseguir a defensores rivales y así luchar para recuperar el balón.

Quedarán para la historia sus 14 títulos en Boca, además del ascenso con Estudiantes, su récord de mayor goleador de la historia xeneize con 236 goles. Su sociedad goleadora con Guillermo Barros Schelotto, sus 20 goles en 19 partidos en el Torneo Apertura 1998, su gol de media cancha, su gol de cabeza desde más de 40 metros, su gol número 100 con los ligamentos rotos, el tanto agónico contra Perú bajo la lluvia. Pero sobre todo, su capacidad para definir partidos trascendentes y sus posibilidades de hacer lo imposible en el momento menos previsto dentro de una cancha. Su capacidad inigualable de convertir su vida deportiva en un cuento permanente, donde los milagros existen.

Aquí los 5 mejores goles que eligió Martín Palermo:

Boca fue más en el clásico

Un villano inesperado y un héroe previsible. Tantas veces salvó Carrizo a River que parecía imposible que alguna vez pudiera hacerlo sufrir. Pero un error suyo complicó un partido que los Millonarios tenían contralado hasta poco más de la primera mitad. Tres minutos después, un tiro libre fallido, una serie de rebotes y el balón quedó flotando ahí en el área, a la espera del gran goleador. Palermo aprovechó la chance y cabeceó al fondo de la red. Su último superclásico ante del retiro estuvo acorde a su historia de goleador implacable, hecho para las grandes citas. Boca hizo la diferencia en tres minutos y y allí definió el partido a su favor.

Los clásicos se configuran generalmente al inicio con marcas ajustadas, fricción en la mitad de la cancha e intentos de aprovechar cualquier mínimo espacio para meter la estocada. River lo logró desde el comienzo. Almeyda, Acevedo y Lamela pesaron en la mitad de la cancha más que Somoza, Chávez y Riquelme. Así, River pudo poner el partido bien lejos de su arco, aunque, con escaso peso ofensivo, el equipo de Juan José López apenas si inquietó a Luchetti.

Pero nada de eso pesó a los 27 minutos, cuando poco peligro se había registrado en las áreas. Un centro de Mouche que Carrizo intentó rechazar se convirtió en el 1 a 0. Tres minutos más tarde, un centro al área de River, una serie de rebotes y Palermo cabeceó con precisión por encima del arquero. Boca se dio lujo de pasar a ganar 2 a 0 sin necesitar siquiera del peso de Riquelme.

En el segundo tiempo, River intentó la aventura del ataque con menos orden e ideas que antes. Con Pavone siempre activo, poco acompañado por Funes Mori, y Lamela con más peso cerca del área, los Millonarios dispusieron de algunas chances para descontar al comienzo de la segunda mitad. Por su parte, Boca se aprovechó de los huecos que su rival dejó en defensa en defensa y dispuso de algunas chances de gol en los pies de Mouche, figura del equipo Xeneize. En esa tónica de abroquelamiento de Boca y salida rápida, más los intentos infructuosos de River, se fue el partido.

Medel, Gallardo, Maidana, Viatri, Palermo son algunos de los futbolistas que registran goles con pelotas detenidas en los últimos años en el superclásico. Esos detalles definieron muchos de los últimos partidos y esta última edición. En un encuentro con poco juego, ahí estuvo la diferencia. La tarde de La Bombonera mostró por qué los dos hace tiempo que no pelean arriba. Fricción, escasa llegadas, mucho diálogo, poco fútbol y al final el tumulto de siempre. Esas son las imágenes que sobresalen del superclásico.

Quizás la postal de Palermo en el festejo de su gol, con la palma de su mano en el corazón y el puño izquierdo en alto sea aquello que quedará en el recuerdo. Imagen de lo que se va, del tiempo inexorable. Un tiempo de otro de juego, de mayor calidad y jerarquía y de clásicos inolvidables. De todo eso, este tuvo poco.

Aquí los goles de Boca 2 - River 0:

Palermo y Chichizola, los extremos del Boca - River

En sólo un segundo quedaron expuestos los dos extremos del clásico veraniego. El goleador experimentado frente al arquero casi debutante. El ducho en los rincones del área rival frente al joven que aún intenta descubrir los rincones del arco y sus cercanías. El que ya sabe de qué se tratan las grandes citas frente al vive sus primeros grandes momentos. El goleador de 37 años frente al arquero de 20.

Palermo y Chichizola estuvieron frente a frente a los 26 minutos del primer tiempo, cuando River ya estaba en ventaja y era claro dominador del juego. El centro bajo de Colazzo resultó una complicación para al arquero millonario, que jugaba su tercer partido como titular en River. La pelota no pudo ser dominada por Chichizola, que dejó el balón flotando en el área. El defecto del rival fue la oportunidad para Palermo, que cabeceó al fondo de la red. La inexperiencia de uno frente a la sabiduría del otro. Fue el 1 a 1 definitivo, de un clásico que dejará poco más para el recuerdo.

Así, Palermo convirtió su gol número 17 en 30 partidos oficiales ante River, entre los que se cuentan 9 por amistosos. Chichizola mostró en aquel instante cuánto pesa el arco de River y què difícil será reemplazar a Juan Pablo Carrizo durante su lesión. Fuera de esa jugada decisiva, el arquero actucación, aunque frente a la experiencia de Palermo no se pueden cometer esa clase de errores.

Aquí el gol de Palermo:

Macri prepara la vuelta a Boca

“Mauricio Macri consolida su imagen por la eficacia de su gestión como dirigente deportivo. Llega como una figura en el favoritismo popular porque Boca es mucho más que una identidad deportiva” afirmó en una entrevista reciente Santiago Kovadloff, intelectual, ensayista y poeta, devenido en asesor freelance del hoy jefe de Gobierno de la Ciudad Buenos y ex presidente de Boca Juniors. Kovadloff define un fenómeno que Macri encarna en la Argentina como pocos: la del dirigente político que construye su carrera desde un lugar ajeno y utiliza su prestigio ganado allí para presentarse como una opción válida a la hora de las elecciones.

Pero en este fenómeno, Macri parece ser una figura con caracteres propios, ya que parece no descansar en la buena reputación ganada como dirigente deportivo, sino que en estos días intenta volver a influir activamente en la gestión de Boca Juniors, pese a su múltiples ocupaciones como responsable de la capital argentina y sus sueños de ser presidente del país.
“En la calle hay un reclamo sistemático que se resume en ese `Volvé a Boca, por favor`" declaró alguna vez Mauricio Macri cuando ya era jefe de gobierno. Entre 1995 y 2007, fue el presidente del club de la ribera hasta que decidió dar el salto a la política nacional.

“El fútbol es mucho más difícil que la política” agregó Macri. En Boca, su gestión tuvo un comienzo errático, ya que tardó tres años en conseguir su primer título. Luego, conseguiría 16 campeonatos durante su mandato, que lo dejarían bien posicionado para abandonar el pago chico futbolero y jugar en las ligas mayores, donde se cuenta el poder verdadero. Al técnico Carlos Bianchi, responsable de la mayoría de los logros, parece deberle gran parte de su carrera política.

Sin embargo, luego de casi 4 años de haber abandonado formalmente la presidencia xeneize, Macri dejó traslucir últimamente sus intenciones de participar nuevamente de la vida política del club, que a fin de año tendrá elecciones.

Hace unos días llegó al domicilio de los socios de Boca un sobre que proponía la candidatura de Daniel Angelici a presidente por la agrupación Dale Boca. La carta llevaba las firmas del postulante y de Mauricio Macri. Parece que esta vez, Macri no se propone manejar el club vía satélite, sino que apoyará a su delfín Angelici e iría como vocal en la lista.

El líder de la agrupación, Raúl Oscar Ríos, es otro delfín macrista. Como su jefe, en su momento dio el salto desde el club al Poder Ejecutivo porteño, para hacerse cargo de la Agencia Gubernamental de Control. Allí debió soportar el derrumbe de un gimnasio de Villa Urquiza a comienzos de agosto pasado, donde murieron tres personas. A las pocas horas, mientras se seguían buscando los cuerpos de las víctimas, Ríos participó de la reunión de Comisión Directiva de Boca para votar en contra de la renovación del contrato de Riquelme. Eso le costó su cargo político, aunque como vemos continúa con su participación activa en la política del club y se ha dejado ver junto a Macri por el interior del país haciendo campaña política a favor del PRO, el partido del jefe de gobierno.

Sin embargo, algunos hasta no descartan que el propio Macri sea candidato a presidente del club. Como las elecciones del club son a fin de año, luego de los comicios de la ciudad y los presidenciales, si la suerte le es esquiva en las grandes ligas, podría caer en la tentación de ponerse el traje de presidente del club de sus amores. En 2008 la Inspección General de Justicia determinó que Macri debía volver a su cargo de presidente Boca, ya que se había producido un problema con los avales de su sucesor, el fallecido Pedro Pompilio. Luego de tres meses en el cargo, Macri convocó a elecciones nuevamente, le dio su apoyo a Pompilio y en ese entonces decidió poner a gente de su confianza en la lista para seguir de cerca las acciones del club.

Lo cierto es que esta vez Macri puso la firma para avalar a Angelici y colocar su nombre entre los candidatos, aunque no sea él quien asuma las mayores responsabilidades. Su amigo Angelici presenta un perfil similar al de su jefe. Empresario exitoso, es dueño de bingos en distintos puntos del país y cuenta con inversiones en Brasil. Tiene larga militancia en el radicalismo, aunque desde hace un tiempo participa en el PRO bien cerca de Macri. En Boca, desde su cargo de tesorero operó en contra de la renovación del contrato de Juan Román Riquelme, haciendo caso al pedido de su jefe político. Estuvo a un sufragio de alcanzar el éxito: el presidente Ameal desempató la votación por el sí y el ídolo sigue en el club.

“Es indudable que Macri tiene para aportar un capital de popularidad que no todos tienen. Muchos líderes que hoy disputan la presidencia están afectados por el desprestigio de la política y Macri está beneficiado por el prestigio del fútbol” agregó Kovadloff. Ojalá algún día el prestigio de los dirigentes políticos argentinos provenga de su capacidad intelectual, de su eficiencia en la gestión y de sus chances de cambiar realmente la vida de los habitantes del país.

Boca fue más en el primer superclásico del año

Boca – River siempre es un buen plato para el sábado a la noche. La escasez de fútbol en el verano elevaba la expectativa por un partido que, si bien se trataba de un amistoso, presentaba en el campo a la mayoría de los jugadores titulares de ambos equipos. Y allí vamos los fanáticos futboleros, a poblar la cancha o sentarnos frente a la tele para seguirlo.

Al fin y al cabo, Boca - River es el partido insignia del torneo argentino. Ese que más expectativa genera en todo el país, el que más atención mediática concentra y uno de los más famosos en el mundo. Cada duelo carga con un poder simbólico, mayor o menor según el caso. En la pretemporada, no existe una recompensa fáctica para el ganador (léase tres puntos para sumar en la tabla). Sólo algún trofeo simbólico de ocasión, como el que esta vez recibió el nombre de Luis Nofal, en honor al empresario televisivo fallecido hace pocos meses. Sin embargo, en los últimos años, algunos partidos de esta época determinaron la salida de algunos entrenadores, como en su momento Ramón Díaz y Alfio Basile, por lo que puede concluirse que en estos casos también hay mucho en juego, aunque no precisamente tres puntos.

Pese a su carácter amistoso, el partido jugado ayer en Mar del Plata heredó de los grandes duelos la fricción en la mitad de la cancha y en esa zona, en el primer tiempo, Boca ganó la batalla. Somoza y Rivero parecieron una dupla central con años en la primera xeneize y anularon así a Lamela y Lanzzini, los creativos de River. Pese a colocar más gente en ese sector, los millonarios fueron superados. Adelante, Mouche puso las ganas de siempre y Palermo fue preciso en los metros finales, para asistir a Colazo en el primer gol y para cabecear abajo en segundo. Pese a no generar tanto peligro, Boca siempre pareció controlar el partido. Fueron frecuentes las situaciones donde futbolistas millonarios en ataque quedaban atrapados entre dos rivales, aislados de sus compañeros. Las imágenes de Pavone poniendo el cuerpo, luchando contra varios en soledad, fueron constantes. De peligro real, muy poco.

En la segunda parte, el partido ganó en desorden, sobre todo del lado de River, mientras Boca consolidó su poder defensivo. Palermo tuvo dos claras y River generó algún peligro aislado, generalmente con pelotas detenidas o arrestos individuales, que encontraron una buena respuesta en el arquero García. Sin embargo, bastante antes del final dio la sensación que el resultado estaba sellado y así fue finalmente, con un claro 2 a 0 para los xeneizes. La fricción y cierto desorden volvieron tedioso el último tramo del partido. Ahí nos acordamos que, al final, se trataba de una amistoso, y que ya podía ensayarse un zapping en la tele. Algo bueno debería encontrarse porque, al fin y al cabo, era sábado a la noche.

Para crecer hay que endeudarse

“Para crecer hay que endeudase” fue la frase que lanzó Julio Comparada, presidente de Independiente, el 28 de septiembre pasado para justificar el déficit creciente y la presentación de un nuevo balance en rojo del equipo que conduce. En medio de un clima caliente, con la plana mayor de la barra brava presente, la dirigencia de Independiente aprobó un balance con un pasivo de 144 millones de pesos (11.449.269 millones de pesos de más que el año anterior). El déficit como moneda corriente de los clubes argentinos no es algo resulte novedoso ni siquiera en Avellaneda. De hecho, Independiente es un club en pleno concurso de acreedores, con riesgo de quiebra en caso de no poder afrontar los pagos acordados, que ya alcanzaban los 45 millones de pesos cuando se presentó en convocatoria, en julio de 2005. “Somos un club deficitario por 2,5 millones de dólares por año” agregó Comparada, sintetizando una práctica corriente en su institución y en todas las que compiten en la Primera División del fútbol argentino.

Esta semana las luces de alarma le tocaron a River. El club conducido por Daniel Passarella aprobó su balance 2009/10, que arrojó un déficit de 79.828.156 pesos. Con ese saldo negativo, el pasivo total del club alcanzó los $ 216.827.799. La deuda total duplica a los números rojos que ya se mostraban en el ejercicio anterior, bajo la gestión de José María Aguilar. El balance, entre otras cosas, también mostró que River tiene deudas vencidas por 57 millones de pesos y que en los próximos seis meses deberá afrontar pagos por un monto similar. Ante este panorama, los millonarios deberían refinanciar su deuda, vender jugadores o encontrar dinero fresco del esperado fideicomiso, que hasta ahora ha tenido más presencia en declaraciones públicas que en la vida real. Evidentemente, el nuevo presidente Passarella no pudo achicar el déficit operativo.

Boca vivió una situación similar a la de Independiente y River en 2009, cuando el balance 2008/09 dejó un rojo de $ 11,34 millones. "El balance va a ser excelente" había augurado el presidente Jorge Amor Ameal sobre los números del último ejercicio. Las cifras finales hicieron honor a la promesa: el club ganó casi cuatro millones de pesos y bajó en más de $ 39 millones el pasivo. Sin embargo, como en todos los equipos, los números se sustentan en la venta de jugadores al exterior. Sin esos ingresos, el saldo hubiera dado un rojo de $ 32 millones.

Independiente y River son algunos de los exponentes más brutales de la deuda como modelo de gestión que tiene el fútbol en estos tiempos. En las últimas cinco temporadas, Boca contrató 45 jugadores, Racing 76, Independiente 69, River 66 y San Lorenzo 65. Números que asustan no sólo por los escasos resultados deportivos de los equipos más importantes de la Argentina sino por los flojos balances de gestión que luego se muestran en los escritorios. Al menos la Comisión Directiva de River aprobó denunciar penalmente al ex presidente José María Aguilar y al ex secretario Mario Israel por un faltante de 3.000.000 de dólares, producto de la venta de Fernando Belluschi al Porto. Quizás sea una buena forma de que algo empiece a cambiar.

Aquí un video de la asamblea de Independiente en septiembre pasado, una buena muestra de cómo se resuelven algunas cosas en el fútbol argentino:

Macri, el Gobierno y el club

Tan estrecha es la relación entre Boca Juniors y el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires desde que Mauricio Macri dejó la presidencia del club y asumió como Jefe de Gobierno, que inexorablemente esos caminos un día se cruzarían en tiempo y espacio a la luz de toda la sociedad. Lo sufrió en carne propia Raúl Oscar Ríos, quien atendió sus obligaciones en el club de la ribera antes que sus deberes de funcionario público. Esa elección le costó su puesto al frente de la Agencia Gubernamental de Control.

En la tarde del lunes pasado, un gimnasio ubicado en el barrio de Villa Urquiza de Buenos Aires se derrumbó a raíz de los trabajos que realizaba una retroexcavadora en un terreno lindante. El hecho causó la muerte de tres personas que estaban en el lugar y le provocó heridas a otras 11. Ríos era el encargado del organismo gubernamental encargado de controlar el desarrollo de las obras en construcción en la Ciudad de Buenos Aires, que evidentemente no había prestado suficiente atención a lo que sucedía en el terreno de Villa Urquiza. El martes, mientras personal del gobierno porteño trabajaba para rescatar a las personas que permanecían bajo los escombros, Ríos participaba de la reunión de Comisión Directiva de Boca Juniors.

Probablemente, el funcionario macrista tenía una muy buena razón para ejercer su puesto de vocal xeneize mientras una lluvia de críticas caía sobre el organismo de control que tenía a cargo. Ese día, la Comisión Directiva votaría la aprobación del nuevo contrato de Juan Román Riquelme, la estrella del club. Pese que los directivos leales a Macri que siguen en el club de la ribera sumaron 8 votos por el no, entre ellos el de Ríos, el doble voto asignado al presidente Ameal en caso de empate definió la votación por el sí. Ríos perdería en Boca y también en la ciudad.

El caso del ya ex jefe de la agencia de control gubernamental es una muestra testigo de lo que sucede con muchos funcionarios que ocupan cargos en el gobierno porteño luego de pasar por la dirigencia de Boca. Ríos llegó a su puesto sin antecedentes ni estudio alguno para merecer el cargo que ocupaba. A tal punto que, según consigna el diario Pagina/12, antes de ser funcionario de control del gobierno fue obrero de la industria del tabaco, dueño de una florería y empresario del entretenimiento nocturno. Su esposa, Liliana Iamurri, es hoy coordinadora de los inspectores de la Dirección de Control y Fiscalización de Obras. Antes, había participado en la Comisión de Vóley de Boca Juniors.

El más paradigmático de todos los casos es el de Andrés Ibarra, quien hoy es secretario de Recursos Humanos del Gobierno Porteño. Ibarra está ligado al grupo Macri desde hace más de 20 años, cuando ingresó a trabajar en las empresas familiares. Luego pasó por el Correo Argentino, cuando la familia Macri logró su concesión, y finalmente en 2004 saltó a la gerencia general de Boca. Desde allí, contrató a Jorge “Fino” Palacios como gerente de seguridad del club. En esa área también ingresó a trabajar Ciro James. Luego, Ibarra, Palacios y James pasarían al Gobierno de la Ciudad de la mano de Macri. Los dos últimos están hoy en prisión acusados de participar de una red de espionaje. En la misma causa, Macri está procesado e irá a juicio oral.

El periodista Gustavo Veiga consigna otros casos de dirigentes xeneizes que, sin militancia política o experiencia previa en la función pública, fueron o aun son funcionarios de gobierno. Ernesto Petrini ocupó una de las direcciones del Instituto de Vivienda de la Ciudad, pese a que había confesado públicamente que no tenía idea del trabajo que tenía que hacer y que sólo estaba allí por su amistad con Macri. En el mismo instituto trabaja la abogada Estela Iribarren, quien formó parte del departamento de Cultura de Boca.

Fabián Horacio Zampone es hoy vocal suplente del club de la ribera, mientras que en el gobierno forma parte de la dirección General de Asuntos Patrimoniales de la Procuración. María Vanesa Wolanik, la directora del área de Niñez y Adolescencia del Ministerio de Desarrollo Social, es hija de Pedro Daniel Wolanik, el secretario de Asuntos Legales xeneize.

Al poco tiempo de asumir como Presidente de Boca en 1995, Macri demolió los viejos palcos del estadio para reemplazarlos por otros más modernos. Lo hizo sin la autorización de la Asamblea de Representantes. Además, en el inicio de la obra se rompió un caño de gas porque no estaban presentados los planos de la obra ante la municipalidad. Hoy, desde su lugar de Jefe de Gobierno, probablemente se cuestione haber mirado con tanta desidia a las instituciones. Una buena de forma de preservar lo público sería rodearse de funcionarios idóneos, con experiencia y capacidad de gestión, que privilegien su vocación de servicio a la comunidad en lugar de sus intereses personales. Pese a que muchos nombres se repiten, administrar la Ciudad de Buenos Aires no es lo mismo que estar a cargo de un club de fútbol.

Nervios y apretadas

Sería más fácil hacer una encendida defensa de uno de los dos y tomar partido. Es tentador. La situación se presenta como el inminente final de una película: no hay lugar para los dos. Palermo y Riquelme, las estrellas de Boca, comenzaron el último capítulo de su novela pública en el mismo momento que el goleador marcaba el tanto 219 de su carrera en Boca y se convertía en el máximo goleador de la historia del club. Valioso récord para un fútbol como el argentino, que no cuenta con muchos jugadores que registren trayectorias extensas en un mismo club y menos aun que entren en su historia grande. Pero el gol récord cedió paso al desplante público de Riquelme en el festejo, a las declaraciones de Palermo (demasiadas) reconociendo la mala relación entre ambos, a los ex jugadores en decadencia devenidos opinólogos y a los infinitos debates mediáticos sobre el tema.

Riquelme, hábil dentro y fuera de la cancha, dejó bajar las aguas y habló hoy en conferencia de prensa. Tras la gran cantidad de entrevistas que concedió Palermo en los últimos días, el tono monocorde y pausado del Diez mostró que la guerra de nervios la maneja tan bien como el balón sobre el verde césped.

Pero no es intención de este espacio tomar partido por uno de los dos, porque la verdadera relación y cómo eso incide en el rendimiento del equipo sólo lo saben los protagonistas. “Ahora digo que está recontra armado, el que no lo quiere ver es ciego" dijo hoy Riquelme a los periodistas sobre la polémica. Dirigentes del riñón del ex presidente Maurcio Macri, como el vicepresidente José Beraldi, el tesorero Daniel Angelici y el secretario Rómulo Zemborain, son algunos de los impulsan desde hace un tiempo la marcha del Diez y no se niegan mucho a anunciarlo públicamente. El propio Macri se encarga cuando puede de criticar a Riquelme, como si no tuviera temas sobre los que hablar respecto a la Ciudad de Buenos Aires.

“Hay cosas que puedo aguantar y cosas que no. Creo que fui muy claro” también dijo hoy Riquelme para explicar por qué corrió hacia la platea tras el gol de Palermo y dejó plantado al goleador récord. Ya en la salida del equipo ante Arsenal Riquelme no había saludado hacia la tribuna donde se ubica La 12. El día anterior, la hinchada había concurrido al entrenamiento y les había dicho a los jugadores: "Hay que terminar con las divisiones, correr y pasarle la pelota a Palermo para ganar". Los 20 barras, que ya habían apretado al plantel antes del partido con River, se enojaron con algunos de los futbolistas y hasta los invitaron a pelear. Riquelme fue especialmente apuntado y le reclamaron falta de actitud.

El Diez tenía una buena relación con la barra y hasta fue alguna vez a una peña con los hinchas, pero la relación se quebró cuando La 12 se encolumnó detrás de la Selección Argentina y, en la diputa entre Maradona y Riquelme, tomó partido por el DT del equipo nacional. Palermo históricamente ha tenido buena relación con la barra, al punto que supo visitar al antiguo líder Rafael Di Zeo en la cárcel de Ezeiza, compartir asados con los hinchas y participar de encuentros en las peñas. Probablemente, por eso el goleador les haya dedicado el gol 219 al núcleo duro de la hinchada.

Como se ve, las internas xeneizes no se dan sólo dentro del plantel profesional. Y llegan a tal nivel, que uno de los ídolos de la historia del club como es Riquelme no celebra los goles de cara a la tribuna donde se ubica el núcleo duro de la hinchada porque está cansado de soportar la violencia de esos grupos, que invaden el club como si fuera propio y dan órdenes a los jugadores como si fueran los técnicos. Al menos, alguien alguna vez dijo no.

Quizás sea repetido hablar de violencia y aprietes y sea más rendidor entrar en la polémica entre las dos estrellas futbolísticas para tomar partido. El final de la historia entre Palermo y Riquelme está cerca. El final de los violentos del fútbol argentino parece que no.

Minucias

La 14° fecha del Torneo Clausura finalizó con novedades importantes en el campeonato. Godoy Cruz y Argentinos ganaron y llegaron a la punta, Independiente perdió y bajó al cuarto puesto, Estudiantes goleó a Racing, Boca volvió al triunfo con su nuevo entrenador y River despidió al suyo tras otro partido sin victoria. Seguramente, la presencia en la punta del torneo de dos equipos que en la previa no figuraban en las lista de candidatos sea la principal novedad de un campeonato que, salvo el Rojo de Gallego, ve deambular a los equipos grandes del puesto 14 para abajo.

La goleada de Godoy Cruz por 6 a 2 ante Tigre reafirmó lo que ya mostraba en los partidos anteriores el equipo del técnico debutante Omar Asad. Los mendocinos son un conjunto que piensa primero en el arco de enfrente, contrariamente a la mayoría de los equipos que lucha por evitar el descenso, y eso se refleja en los 21 goles que lleva anotados en el torneo. La mano del entrenador se nota en el rendimiento de los que ingresan desde el banco, como fue el caso el lunes de Rodrigo Salinas, que nunca había jugado como titular y marcó tres goles. Un juego similar mostró el lunes Boca, que con un Riquelme superlativo e individualidades en buen nivel goleó a Arsenal por 4 a 0. Siempre es reconfortante hablar de equipos que apuestan por el buen fútbol, aunque muchas veces esas noticias no aparecen entre los titulares.

El profesor Carlos Mangone incluyó dentro de las minucias del mundo del fútbol la pseudoprofundización de aspectos referidos al deporte y el seguimiento pormenorizado de la cotidianeidad lúdica y profesional de los protagonistas. A esto agregó: “La minucia cotidiana del espacio deportivo sería un aspecto sin importancia si tuviera un lugar social y cultural acotado. Sin embargo, el periodismo deportivo formaliza un discurso que no se aleja bastante de una retórica congelada que está directamente relacionada con lo cotidiano, como el seguimiento de entrenamientos”. El problema del periodismo deportivo argentino para Mangone es aquello que da titulo a su texto: “La minucia cotidiana como determinación del campo”. Se habla y escribe mucho sobre detalles accesorios, que se han vuelto un elemento central de las noticias deportivas.

Los casos de Boca y Godoy Cruz en los partidos del lunes fueron buenos ejemplos de como las minucias se expanden sobre el campo y ocupan la mayor parte del espacio. Se repitió más por televisión la famosa pelea entre los técnicos Asad y Caruso Lombardi que los goles de los mendocinos. Se vio muchas más veces el festejo distante entre Palermo y Riquelme que la hermosa pared que rompió la defensa de Arsenal y se transformó en el primer gol de Boca. Porque poco hay para debatir sobre el buen juego de Godoy Cruz en el torneo y el dominio arrollador de Boca el lunes. Entonces se recurre a hechos menores para desatar la polémica y el debate.

Umberto Eco escribió: “El deporte cumple su papel de alta conciencia al permitir que los ciudadanos participen del espacio público sin verse obligados a comprometerse con los demás mediante el diálogo o la acción en la esfera de lo social”. Más que repetir hasta el hartazgo los gritos de Asad y Caruso, valdría la pena al menos reflexionar porque estar excedido en peso y ser adicto a las drogas son frases agravantes en el mundo en que vivimos y no adicciones que muchas veces no se pueden controlar. O porque el fútbol y sus discursos nos sitúan permanentemente en situaciones de conflicto que se abordan desde lugares superficiales.

Guardiola & Alves

“Estamos contentos, satisfechos, pero restan veintiún puntos por jugar, un mundo" dijo Josep Guardiola, el entrenador del Barcelona, tras la victoria de su equipo ayer ante el Real Madrid. Guardiola tenía motivos para celebrar: se llevó el cuarto triunfo consecutivo ante el clásico rival y su equipo se encamina a ganar la Liga. Pero pensante como es, prefirió la cautela.

En distintas épocas y en diferentes lugares, el catalán Guardiola y el argentino Abel Alves tienen algunos puntos en común. Como futbolistas, ambos se desempeñaban en el centro del campo. Probablemente, Alves tuviera más llegada al gol, aunque Guardiola entregaba el balón con una precisión distintiva. Aún con matices, ambos se convirtieron en jugadores – símbolo de Boca y Barcelona. Tal era el vínculo que tenían con los clubes que los habían formado como futbolistas, que ambos llevaron a dirigirlos sin ninguna experiencia previa en el máximo nivel.

La historia es conocida. Guardiola llegó al banquillo culé en 2008, luego de pasar por el Barcelona B, al que logró un ascenso a la tercera categoría del fútbol español. En su primera temporada, se llevó los 6 títulos que disputó (Liga, Champions League y Mundial de Clubes entre otros) y puso a su equipo en la cima del mundo con un juego de altísimo nivel. Alves pasó unos años en las divisiones inferiores de Boca hasta que, en 2005, dirigió a la primera en tres partidos tras la marcha del “Chino” Benítez. En 2009, realizó otro breve interinato luego de la salida de Carlos Ischia. Cuando renunció Alfio Basile, a comienzos de 2010, fue ratificado como DT para el Torneo Clausura. Sin embargo, a la hora de conducir a sus equipos, hacia adentro y hacia afuera, Guardiola y Alves mostraron estilos diferentes. Y seguramente eso influyó en los resultados que consiguieron.

"Estos que me aplauden hoy me echarán mañana" decía Guardiola cuando era futbolista. Si lo tenía claro cuando entraba a la cancha, más convencido estaría una vez que estuviera afuera. El periodista Juan Cruz lo definió esta semana en El País: “Como es un tipo muy serio, ha disfrazado su sentido común con la ironía o con el silencio. Él sabe que por la boca muere el pez, y se ha acostumbrado a tenerla en su sitio. Es parco, pero no es de pocas palabras. Se ha acostumbrado tanto al acoso periodístico que ya da titulares de tres palabras, algunas de ellas tacos. Una palabra define su modo de hacer el equipo: armonía, a base de autoridad”. El 16 de junio de 2008, cuando fue presentado como entrenador del Barcelona, Guardiola declaró: “No estoy aquí para pedir tiempo ni cien días de gracia. Creo mucho en el talento y el esfuerzo”.

La relación de Alves con la prensa fue un capítulo importante desde su llegada a la primera de Boca. En 2009, cuando transitaba su segundo interinato, dijo: “Al que le haga falta y no tenga ganas de jugar, o necesite descanso, que se tome vacaciones. Hay un lema que me enseñaron en este club: cuando no se puede más, hay que meter la patita y jugar con eso, con lo que tenés ahí abajo”. La idea de llegarle a sus dirigidos a partir del orgullo fue una constante en sus discursos mediáticos, aunque no el único ingrediente.

Las conductas de ambos técnico tras los triunfos importantes también mostraron las diferencias entre ambos. “Me gustaría felicitar al Madrid. Hace un mes y medio teníamos que haber sido campeones tal y como estábamos jugando, pero el Madrid nos ha plantado cara… Hoy hemos dado un paso grandioso, inmenso, pero hemos tenido que venir a ganar aquí para sentenciar” afirmó el catalán tras la histórica victoria ante el Real Madrid por 6 a 2, que definió la Liga pasada a favor del Barcelona. Luego de la victoria en el clásico ante River por 2 a 0, Alves disparó ante los medios: “Me sobran son huevos y no me va a parar nadie. De acá me van a sacar con los pies para adelante. Me voy a ir de Boca ganador, pero eso les aseguro que nunca pensé en renunciar”. 15 días más tarde, abandonó el equipo, que marcha anteúltimo con 11 puntos en 13 fechas.

Los mensajes que Alves les lanzó a sus dirigidos a través de los medios también fueron parte de su sentencia puertas adentro. “Hoy con nombre no se puede ganar. Yo respeto a todos, pero no me va temblar la mano y va a jugar el que mejor esté. Si tengo que hacer cambios y darles descanso a esos jugadores que le dieron mucho al club, lo haré” dijo tras la derrota con Newell´s en la tercera fecha. Primero salieron dos jugadores históricos, como Abbondanzieri e Ibarra, y luego se sucedieron cambios constantes, con futbolistas que desfilaban por el primer equipo y luego desaparecían de toda convocatoria. La salida del joven arquero Javier García en el último partido ante Colón, con escándalo incluido, fue el punto final para semejante caos.

Antes de la final del Mundial de Clubes ante Estudiantes, Guardiola les dijo a los jugadores una frase que ya es leyenda: “Señores, si hoy pierden, seguirán siendo los mejores del mundo. Pero si hoy ganan, serán eternos”. En la cancha, sus dirigidos le respondieron con un triunfo, que ubicó al Barcelona como el mejor equipo del mundo. Mientras el equipo no le respondía, Alves les escupió a comienzos de marzo a sus jugadores: "De acá me van a tener que sacar muerto". No encontró respuestas adentro de la cancha.

Un entrenador pueda hablarles a sus jugadores puede hablar con los libros o con el corazón, pero si no existe una línea de juego no se logran resultados. Guardiola es amante de la poesía y la música. Sus declaraciones reflexivas expresan ese futbolista fino que era dentro del campo. Pero ante todo, el Barcelona más que un equipo es una escuela, nacida hace más de 20 años con la llegada al banquillo del holandés Johan Cruyff. Esa escuela es la que formó a Guardiola como jugador, a Messi y muchos de los que hoy forman el primer equipo. Esa propuesta de juego definida que muestra este histórico Barcelona expresa lo que propone la conducción. Porque se podrá apelar al orgullo, pero al fútbol se juega con los pies y con la cabeza a partir de una idea madre. Eso es lo muestran día a día los catalanes. Y últimamente en Boca, se ven pocas ideas y muchas contradicciones.

Boca fue más y ganó con justicia

El abrazo entre el técnico Abel Alves y su estratega, Juan Román Riquelme, mostró la alegría y el desahogo de Boca luego de victoria ante River. Con esa fuerza de voluntad y con esa garra Boca encaró el partido de principio a fin, fue más que su rival y ganó el partido con justicia. Sustentó su rendimiento en un buen nivel de sus mediocampistas, especialmente de Méndez, y encontró en el chileno Gary Medel un héroe impensado, que con dos goles le dio la victoria. No le alcanza al xeneize para prenderse en la tabla, pero sí para encarar el futuro con mayor optimismo y tranquilidad.

Tras el retiro de lo miles de papelitos, que demoraron el comienzo del encuentro por 10 minutos, Boca fue más en la primera etapa y encontró el gol tras una falta infantil de Ahumada, un tiro libre de Riquelme y la punta del botín de Medel, que empujó la pelota al fondo de red. Pocas llegadas y mucha fricción era lo que mostraba el clásico, como un espejo del bajo nivel con el que llegaban los equipos. Boca al menos dominó la pelota y el terreno, pero River intentó sin suerte aprovechar los espacios que dejaba el xeneize. La única chance que tuvo en los pies de Funes Mori terminó con un tiro suave a las manos del arquero García.

En la segunda mitad, el partido ganó en espacios y mostró más llegadas. A los 3 minutos, Boca aumentó la diferencia tras un desborde de Monzón, un pase sin tocar la pelota de Gaitán y un remate de Medel, que llegó desde atrás para superar a Vega. River se adelantó en el campo y dispuso de algunas chances, con Canales, Gallardo y nuevamente Funes Mori, pero no tuvo precisión. Este equipo de Astrada luce oxidado, con poco juego en el centro del campo y poca frescura para desequilibrar en el área rival. Tan poco pesaron sus atacantes que ni siquiera lograron molestar a una zaga central que invitaba a encararla, como la que formaban Bonilla y Luiz Alberto. Con un hombre más tras la expulsión de Medel, River tampoco logró generar peligro real contra el arco de Boca. Los xeneizes tuvieron sus chances con Palermo y Chávez, pero tampoco pudieron anotar.

Boca encontró buenos rendimientos en la mitad de la cancha, con un Méndez que por primera vez jugó de volante central y fue una de las figuras. Con Matías Jiménez que debutó y cumplió por la izquierda y con Riquelme, que se comprometió con el partido y también se destacó. Medel aportó los goles, la defensa no pasó sobresaltos y poco más fue necesario para llevarse la victoria. Poco cambiará en la tabla de posiciones con el triunfo, pero mucho afectará el ánimo del plantel y del técnico de Boca, que vieron pasar los días con un rumor atrás de otro y conflictos latentes al por mayor. Como estaba el panorama en la previa, bien valen los festejos por la victoria.

Agua en el Superclásico

La pasión, el canto de la hinchada y el colorido son algunos de los valores principales de la fiesta futbolística que constituye un clásico entre Boca y River. Con pocos jugadores de alto nivel dentro del campo y un bajo rendimiento colectivo de ambos equipos en los partidos precedentes, la fiesta es aquello que probablemente hayan ido a buscar los cientos de turistas que compraron paquetes por varios cientos de dólares para ver el partido. Seguramente, el nivel futbolístico no sea de esos que llenan los ojos, pero qué importa eso, si la fiesta está garantizada.

La intensa lluvia que cayó desde la mañana del domingo sobre Buenos Aires (26 mm.) conspiró contra el calor y el color del clásico de ayer. En el fútbol, la presencia del agua se asocia a valores casi opuestos a la fiesta popular y así todo queda un poco deslucido. Ni que hablar de lo que se ve sobre el césped, con una pelota que apenas puede rodar Pero pese a la lluvia y el campo anegado, el clásico se jugó igual. La dificultad que tenían los jugadores para dominar la pelota en el medio de los charcos de La Bombonera mostraba lo difícil que era jugar allí. El balón que se frenaba en el agua y la fricción continua fueron las imágenes de los 9 minutos que se jugaron ayer antes de la suspensión. Un débil tiro de Gatián y una dura patada de Juan Manuel Díaz fueron lo único para destacar de un partido que ni siquiera debió haber comenzado.

Baldassi había inspeccionado el estado del césped dos horas antes de las 15. "Todo ok", le dijo a los periodistas, pese a la intensa lluvia y las líneas que ni siquiera se veían. A los 9 minutos, luego de que Riquelme se fastidiara por una pelota que se detuvo en un charco de agua, el árbitro movió los brazos sobre su cabeza anunciando el “no va más”. Por primera vez en 79 de fútbol profesional en la Argentina, un clásico entre Boca y River no finaliza por mal tiempo.

El hecho repetido (por tercera vez se suspendió un partido en el presente torneo) no debe dejar de llamar la atención sobre la pobre organización del fútbol argentino. Poco se debe haber pensado en los miles de hinchas que caminaron por las calles inundadas de La Boca para llegar al estadio. Poco se deben haber tenido en cuenta los informes del servicio meteorológico que desde horas antes anunciaban que llovería en continuado durante todo el día. Pero el show debía empezar para chequear sobre la marcha si era posible jugar al fútbol. No era cuestión de suspender el partido un tiempo antes del comienzo para no molestar a los hinchas. Es la paradoja del fútbol argentino: la pasión de las tribunas se convirtió en su rasgo característico, pero desde la organización se hace todo lo posible para conspirar contra ella. Para seguir demostrando que poco importan los hinchas que van a la cancha, el partido se jugará el jueves por la tarde.

El que sí pudo jugar fue Independiente, que con goles de Mareque y Nuñez se impuso a Rosario Central por 2 a 0 y quedó en la punta del torneo con 23 puntos. Lo sigue a dos puntos Godoy Cruz, quien con la victoria de ayer por 2 a 0 sobre Banfield se mantiene en el segundo lugar. Relegados, la discusión sobre el campeonato pasa muy lejos de los problemas que tienen Boca y River.

Boca, Independiente y los extremos

Caruso lo hizo de nuevo. Con la victoria ante Boca, el ex DT de Argentinos, Newell´s y Racing guarda en su currículum al menos una victoria ante el xeneize con cada equipo que dirigió. Ayer, Tigre aprovechó los tres goles de Luna y expuso a un Boca que, ante la mínima adversidad que le presentó el partido, se entregó a un destino inexorable. Esta vez pareció llegar al fondo del mar.

Desde su llegada al banco de Boca, el técnico Abel Alves intentó imponerse ante sus jugadores con grandes declaraciones. “Hoy con nombres no se puede ganar. Si tengo que hacer cambios no me va a temblar la mano. Algo tengo que hacer para revertir esto, para recuperar la mentalidad ganadora” dijo a la prensa post derrota ante Newell´s por 4 a 2. Siguiendo el clamor popular, sacó del equipo a Abbondanzieri y a Ibarra. El diagnóstico general no era erróneo: los problemas más graves de Boca se sitúan del medio hacia atrás. El equipo recibió 18 goles en 9 partidos y es el más goleado del Clausura. Entraron García (de buen rendimiento) y Villafañe para reemplazar a los históricos, pero los problemas defensivos van más allá de los multicampeones salientes. Es en esa zona donde se exponen los mayores volantazos del entrenador, que ya utilizó 10 jugadores distintos en los 4 puestos de la defensa a lo largo del torneo. Con escasas respuestas individuales (la actuación de ayer de Luiz Alberto hace difícil de justificar su presencia en la primera de Boca), el técnico mueve las piezas constantemente pero no encuentra rendimientos convincentes. Ayer, tras la derrota, volvió a la carga públicamente: "Ellos nos superaron con actitud y ganas, y si un jugador de Boca no tiene actitud y ganas no puede estar en el equipo. Me responsabilizo de todo esto, no voy a dar un paso al costado, porque este resultado no me va a voltear” afirmó a la prensa. Pero no se quedó ahí: “De acá no me sacan ni muerto" agregó. El último que había dicho algo semejante había sido el arquero Sandro Guzman, que poco duro bajo los tres palos.

Con nula experiencia como DT, Alves eligió apoyarse en los hinchas para lograr legitimidad en su puesto. Palabras altisonantes y la salida constante de los juegan en bajo nivel fueron algunas de las estrategias populistas que el entrenador dispuso para ganarse el respeto de la tribuna, aunque muchas de sus frases y decisiones conspiren contra su legitimidad puertas adentro. Ayer era un día para retirarse en silencio, con la cabeza gacha y pensar en el futuro. Poco había explicar luego de tamaña derrota. El técnico eligió apuntar públicamente a los jugadores, que muestran pocas respuestas anímicas y futbolísticas. Pero los desacoples defensivos y los goles en cantidad en pelotas paradas demuestran que hay mucho por trabajar.

Caso contrario es el puntero Independiente. El técnico Gallego también sabe hacer declaraciones explosivas, pero supo encontrar el eje central de su equipo. Gabbarini, Galeano, Acevedo y Silvera, más los aportes de Gandín y Piatti, pusieron a Independiente como sólido puntero del Clausura y con una luz de ventaja sobre el resto. Al Rojo le cuesta encontrar un fútbol vistoso (ante Chacarita tuvo poco de eso), pero tiene una defensa sólida (no recibió goles en los últimos 4 partidos) y dispone de jugadores de buen pie del medio hacia arriba, capaces de desequilibrar en cualquier momento. Si logra mantener el nivel en el tramo final, el será el campeón.

Como juego de extremos, Independiente y Boca transitan, o padecen, un torneo donde uno pudo encontrar un once titular con respuestas futbolísticas y el otro es una pasarela donde desfilan jugadores que entran, juegan mal y luego vuelven a mirar la escena de afuera. Cuestiones de tiempos, de procesos, de buenas decisiones, de ideas futbolísticas y, principalmente, de trabajo.

Kirchner, Abbondanzieri, Ibarra y el banco de suplentes

"Kirchner no se fue de la cancha, está en el banco de suplentes" dijo en uno de sus discursos de esta semana la Presidente Argentina Cristina Fernández. Operado por un problema en la carótida derecha, el ex presidente y esposo de la actual titular del Poder Ejecutivo permaneció internado en el sanatorio Los Arcos de Buenos Aires por cuarto días. El miércoles fue dado de alta y retomó su actividad política. Encerrado en un cuarto de un sanatorio, Kirchner apenas si dio algunas instrucciones a sus asesores, pero no pudo continuar su trabajo diario en la arena política. La figura del banco de suplentes hecha por su mujer representa esa imposibilidad de participar, de influir, la sensación de estar quieto por obligación viendo pasar los sucesos.

“En Liverpool hay dos grandes equipos: el Liverpool y los suplentes del Liverpool” dijo alguna vez Bill Shankly, ex técnico de los Reds. Probablemente, Shankly intentaba motivar a sus dirigidos para que todos estén en su mejor nivel. Pero el banco de suplentes de un equipo representa más un castigo que un premio al trabajo. Eso deben sentir por estos días Roberto Abbondanzieri y Hugo Ibarra, históricos del Boca súper campeón entre 1998 y 2008, que este domingo no estarán en el equipo titular ante Atlético Tucumán. Ya pasados largamente los 30 años, emblemas de su equipo, con 29 títulos acumulados entre ambos, su salida es el punto de partida para la retirada del club de algunos jugadores que desde hace varios años vienen formando parte del primer equipo.

En la salida de Abbondanzieri e Ibarra se combinan aspectos futbolísticos e institucionales. El Pato regresó a Boca en 2009 tras su paso por el Getafe español y desde el inicio le costó transmitir la seguridad que daba en su paso anterior por el club. Poco ayudado por su defensa, no cometió gruesos errores, pero si vio entrar en su arco muchas pelotas sobre las que podría haber hecho algún esfuerzo superior, como el gol de Bernardi, de Newell´s, en la última fecha. Similar es el caso de Ibarra, que estuvo a punto de irse en julio pasado y finalmente se quedó por expreso pedido del entonces técnico Alfio Basile. Desde el torneo anterior, su nivel fue en general bajo, dando ventajas por su sector, lo que quedó claro por ejemplo en el gol de Castillejos, de Lanús, en la segunda fecha. El técnico Alves intenta legitimar su poder ante los jugadores con la salida de los históricos y parece estar en sintonía con los planes dirigenciales, que apuntan a un recambio en el plantel para dar mayor lugar a los jóvenes.

Los reemplazantes serán Javier García, en el caos del arquero, y Santiago Villafañe, en el lugar del lateral. Su escaso recorrido en primera revela que Abbondanzieri e Ibarra salieron más por sus propias deficiencias en el campo que por el buen nivel de sus reemplazantes. Esto se potencia aún en el caso del arquero, que cuando tuvo que actuar en la primera, en el tramo final del Apertura 2008, tuvo algunos errores importantes (recordar los partidos del triangular final ante San Lorenzo y Tigre) que a Boca casi le cuestan el título. Desde aquel fin de 2008 nunca más volvió jugar oficialmente. Su actuación de mañana estará especialmente bajo la lupa.

“En algún momento va a haber una reestructuración con respecto a los históricos, pero hay que ver en qué tiempo y cómo” dijo ayer Abbondanzieri por radio tras conocer que estará en el banco de suplentes. El paso del tiempo y el bajo nivel de los más grandes dan lugar a los cambios que se dieron y que vendrán. En Boca, parece ser el tiempo donde los jóvenes (Viatri, Mouche, Erbes, Muñoz, Gaitán, Chávez, Villafañe y García, entre otros) sean mayoría y los que estén adelante en la conformación del equipo. El técnico Alves, ídolo del club y proveniente de la divisiones inferiores, potencia el proceso ya que parece lógico que se recueste sobre aquellos futbolistas que formó tiempo atrás.

“Hay muchos problemas más graves, salen dos jugadores de fútbol, no dos militares que mataron gente” finalizó Abbondanzieri, en sabias palabras para desdramatizar la situación. En la cancha se verá si la decisión de Alves fue la correcta, si los que entraron muestran un mejor nivel que los salieron. Mientras tanto, será necesario comprender que los procesos tienen su tiempo y que los juveniles, y el equipo en general, necesitan el suyo para alcanzar su nivel. Porque probablemente los problemas de Boca, los deportivos y los dirigenciales, excedan largamente a Abbondanzieri e Ibarra.

River - Boca y el final del verano

“Hoy estoy bien, vamos a ver dentro de quince días” dijo el Coco Basile a comienzos de Enero, a las pocas horas de llegar a Tandil para dirigir la pretemporada de Boca. Profecía o causalidad, 15 días después, tras una derrota ante River en Mar del Plata por 3 a 1, Basile renunciaba a su cargo. Ayer, Boca y River volvieron a enfrentarse, esta vez en Mendoza, en el último partido del fútbol de verano en Argentina. Fue el punto final para una pretemporada donde los millonarios encontraron una cuota de buen fútbol y donde los xeneizes vivieron una serie de tormentas internas, dentro y fuera de la cancha, que se cargaron a su entrenador y que en pocas horas también harán lo propio con el manager Carlos Bianchi. Probablemente sean costos demasiados caros para un período donde se supone que el equipo debe prepararse para afrontar sus compromisos oficiales. Evidentemente, el calvario de Boca había empezado mucho antes.

El encuentro de ayer presentaba alineaciones mixtas de ambos lados, con una combinación de habituales titulares y suplentes. En Boca fueron de la partida jugadores como el colombiano Bonilla (ninguneado por Basile), además de juveniles como Erbes y Colazo. El técnico interino Alves apostó por los jóvenes que conoce de su paso por las inferiores, dando lugar a chicos que en general no cuentan con oportunidades en la primera. En River, el joven Affranchino y Ahumada, hoy suplente, se sumaron a Ortega y al juvenil Funes Mori, a esta altura un delantero importante para los millonarios. En el primer tiempo, el Boca de Alves aguantó los avances de River bien agrupado en la mitad de la cancha y no sufrió los desacoples defensivos que lo llevaron a recibir 11 goles en los 4 partidos que jugó en el verano. A los 31 minutos, un desborde de Mouche bien conectado por Viatri puso a los xeneizes en ventaja. Hasta entonces, River sólo había inquietado con un remate de Ortega tras un centro y un tiro cruzado de Funes Mori.

En la segunda parte, River alcanzó el empate con remate fuerte de Bou, en un resultado que se ajustaba más al trámite del partido. El resto fueron algunos tiros de media distancia de ambos equipos, que sufrieron a la hora de elaborar jugadas colectivas para crear peligro en el arco rival. Tras el empate 1 a 1, llegaron los penales, donde el arquero de River Vega se lució atjando los remates de Rosada y Colazo. Así, los millonarios se llevaron la Copa Revancha.

“Hay que cambiar, eso está claro. Este año fue un desastre en el tema de las lesiones, nunca pasé una mala racha así” afirmó Basile en la conferencia de prensa que dio en Tandil hace poco más de dos semanas, en el primer contacto que tenia con los periodistas en tres meses. Su salida del banco de Boca expuso públicamente los conflictos existentes entre los propios dirigentes, entre éstos y el manager Bianchi y entre el cuerpo técnico y los directivos. A ello se suma un plantel con internas entre sus integrantes (con Palermo y Riquelme a la cabeza) y hasta peleas en la propia hinchada. Demasiado para que algo pueda salir bien. Evidentemente, los problemas internos tenían tanto peso que una derrota en un amistoso (1- 3 ante River el miércoles pasado) sirvió para todo explotara. Sin respuestas de sus jugadores en la cancha, con poco respaldo de los dirigentes, sin los refuerzos pedidos, Basile se fue de su cargo y Bianchi en pocas horas lo seguirá.

Probablemente, tanto River como Boca estén conformes con el final de los torneos de verano. Los millonarios porque, tras un año para el olvido, encontraron un nivel de juego interesante (sobre todo ante Boca en Mar del Plata), y los xeneizes porque finalizan una pretemporada demasiado traumática por tratarse justamente de eso, de una pretemporada. Al fin y al cabo, los que valen son los partidos por los puntos que, por suerte, vuelven en cuatro días.

Tiempos difíciles

Resulta llamativo verlos navegar por el fondo de la tabla. Boca y River están en el 13° y 15° puesto respectivamente, a 8 y 9 puntos de los punteros, y ya fueron eliminados de la Copa Sudamericana en primera fase. El presente difícil los volvió a emparentar en la noche del domingo ya que, al menos mediáticamente, sus técnicos estuvieron apunto de dejar sus cargos. Aunque ayer no consumó ninguna salida, eso no quiere decir que no vaya a producirse algún cambio próximamente. La novedad no es que un DT deje su cargo antes de tiempo, sino que los dos equipos más poderosos, los que más presupuesto tienen, los que más campeonatos acumulan, los que más hinchas registran, estén navegando en estos momentos de zozobra simultáneamente.

El 1 de julio pasado, en la conferencia en la que anunció su vuelta a Boca, Alfio Basile dijo sonriente: “Vuelve la alegría”. Como si con su sola presencia podría domesticar un panorama interno que presentaba choques internos en casi todos los ámbitos del club. Entre la cúpula dirigencial, el manager Carlos Bianchi debe gestionar enfrentado con directivos reacios a su presencia en la institución, como Juan Carlos Crespi y José Beraldi, desplazados del manejo futbolístico con la llegada del ex DT. En el vestuario, Riquelme y Palermo, los pesos pesados, tampoco pasan por una buena relación desde hace tiempo. Las internas llegan hasta la barra brava, que se peleó a los tiros en Parque Lezama en marzo de este año, para definir quien estaría al frente del grupo. Cuando Basile dirigió su primera práctica, el 15 de julio, dos de los violentos se tomaron a golpes de puño en el entrenamiento.

En esta temporada, el Boca del Coco disputó 7 partidos, ganó 1, empató 3 y perdió otros tantos. A lo largo de la semana pasada, con distintas charlas individuales y grupales, el técnico intentó lograr un mayor compromiso de los jugadores para mejorar el rendimiento colectivo. Consumada la eliminación de la Copa Sudamericana el último miércoles ante Vélez, Basile repitió los mismos titulares y suplentes ayer domingo ante Godoy Cruz. Pero los jugadores en los que volvió a confiar le devolvieron una derrota por 3 a 2, de local, en un partido que a falta de 14 minutos los xeneizes ganaban por 2 a 1.

El presente futbolístico de Boca puede tener muchas explicaciones: la mala conformación del plantel, con pocos volantes por las bandas y muchos enganches; los jugadores de más de 30 años que hace ya tiempo mostraron su mejor nivel, como Abbondanzieri, Ibarra y Morel; el bajo nivel de algunos futbolistas, como Mouche, Noir y Cáceres; y los problemas físicos de Riquelme, que es quien marca el pulso del equipo. Pero en medio de este panorama, resulta sorprendente que un técnico de la trayectoria de Basile, que dirige con continuidad desde hace casi 35 años y que hasta participó en mundiales, confíe tan poco en sus virtudes y en sus posibilidades de revertir el panorama como para dejar su cargo a cinco fechas de haber asumido.

Un técnico no es empleado común y corriente. Sus decisiones abarcan la conformación de un plantel, la forma de jugar de su equipo y las pautas de trabajo diarias, entre otras cosas. Semejantes responsabilidades no pueden desecharse luego de dos meses. Quizás sea la mala experiencia reciente en la Selección Argentina, quizás la edad que lo hace soportar con menos paciencia las situaciones adversas (tiene 65 años) o el darse cuenta de que el frente interno, que como vemos trasciende lo futbolístico, es más difícil de lo esperado. Lo cierto es que con las reuniones de ayer, con los móviles televisivos en la puerta del hotel Emperador, fue el propio Basile quien forzó a poner en duda su continuidad, cuando quizás se hubiesen escuchado algunos comentarios críticos tras la derrota ante Godoy Cruz pero no en la cantidad en que aparecieron en la noche del domingo.

Distinta fue la reacción del técnico de River, Néstor Gorosito, quien pese a la derrota ante Arsenal por 1 a 0 y el mal juego de su equipo, pareció no hacerse cargo, al menos públicamente, del momento difícil de su equipo. Eliminado entre semana por Lanús de la Copa Sudamericana, lejos en el campeonato, casi tan cerca de los puestos de promoción como de la próxima Copa Libertadores, el DT lleva un desgaste de 9 meses, lo que se suma a una situación institucional crítica que ya lleva 8 años, desde el comienzo de la gestión del presidente Aguilar. Con un plantel con escasas figuras, con refuerzos de la talla de los paraguayos Paniagua y Cohene Mereles, más el retornado Almeyda (que llevaba casi 4 años inactivo), con cambios constantes en el once inicial y jugadores en bajo nivel, el presente de River se convirtió desde hace un tiempo en una caída libre, donde cada fin de semana las cosas están peor que el anterior. Las elecciones en diciembre, con una decena de candidatos, se presentan como la única manera de transformar la situación actual. Como si toda la institución estuviese sentada esperando a las nuevas autoridades, que con su sola presencia podrían modificar el panorama. No parece sencillo.

Para ser más optimistas en un día difícil como el lunes, sería conveniente observar a instituciones como Vélez y Lanús, con dirigencias que apuestan a procesos de largo alcance, con cuentas ordenadas, jugadores jóvenes e instalaciones donde el fútbol es sólo un espacio más de las múltiples actividades de las que disponen los socios. Aunque esas no sean noticias que se vean a menudo en los grandes medios.