Riquelme y un adiós a su estilo

Juan Román Riquelme le regaló al club de sus amores su medicina más necesaria en estos momentos de dolor: se cargó sobre sus espaldas la derrota en la final de la Copa Libertadores. Un desencanto deportivo que pasó a un segundo plano por el anuncio de partida del club. Fue tanta su trascendencia en su paso por Boca Juniors, que su salida no podía generar menos estruendo. Riquelme y su partida de Boca ocuparon las portadas de los diarios y la mente y el corazón de los fanáticos. Esos mismos que ayer realizaron multitudinarios banderazos para reclamar la permanencia del ídolo, mientras sueñan con cambiar el final de esta historia.

El 20 de octubre de 1997, la salida de Maradona en su último partido como profesional y la entrada de Riquelme en su lugar fue el gesto práctico y simbólico del futuro del futbol argentino. Tras la partida del 10, Riquelme fue el futbolista mas trascenderte que tuvo el futbol local hasta la aparición de Lionel Messi. No porque las características futbolistas de Maradona y Riquelme sean similares, sino porque, en tiempo de escasos ídolos deportivos y amplios discursos mediáticos, Riquelme fue el futbolista argentino que engendró el mayor amor de los fanáticos y las más amplias discusiones a favor y en contra de su juego, sus modales y sus discursos. Contó con seguidores a ultranza y detractores acérrimos, pero fue tal la influencia que ejerció en los equipos donde estuvo que jamás estuvo ajeno a las criticas y los elogios. En esa liturgia se mueve en el fútbol y así se fue de Boca.

Desde joven, Riquelme fue un rebelde al juego moderno de músculo y fricción. Con un fútbol de habilidad, pisada, pelota al pie y pases milimétricos, creó su propio mundo en todos los equipos donde jugó, que lo tuvieron necesariamente como actor central de su andamiaje. Con su fútbol, cuestionó los propios valores de garra y huevos asignados a Boca históricamente. En un club donde Rattin y Giunta son ídolos, Riquelme se acomodó en el olimpo con un sitio de privilegio.

Su rebeldía no se redujo a su performance sobre el césped. En sus años en Boca, Riquelme no jugó por estar disconforme con su contrato y desafió al presidente en el festejo de un gol a River ante la vista de todos. Siempre fue un futbolista cómodo para enfrentar poderes mayores, como entrenadores y dirigentes, de armar su quinta en el vestuario, de disponer sus rutinas.

Mientras construía su carrera, puso en juego el viejo mito del crack, ese futbolista ofensivo, habilidoso, preciso y desequilibrante tan común en otros tiempos del deporte argentino, con el agregado de llevar a adelante su futbol en un contexto donde su nivel de juego y su categoría son bienes tan escasos como el agua en el desierto.

También Riquelme logró revivir al viejo ídolo de club, apegado a los colores, con trayectoria e identificación con el equipo y títulos en su haber. Un personaje tan frecuente en otros tiempos de la historia del futbol argentino como poco común en los últimos años.

El crack aprovechó el despliegue de la final, con la presencia del presidente de su club y de los periodistas para declararse afuera e iniciar sus vacaciones en paz. Impredecible dentro y fuera de la cancha, hábil con la pelota y en los micrófonos, sorprendió con el anuncio de su partida. ¿Será definitiva o un anuncio reversible? ¿Es el final de su carrera o un traspaso a un club con menos presiones antes del final definitivo? Con las características del personaje, la próxima jugada es impredecible.

Aquí, un lindo video con jugadas de Juan Román Riquelme:

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