Brasil 2014, en tiempo y espacio


Ahora que ya se fue, el Mundial yo es un grupo de hinchas en las calles, el sueño de un gol imposible, la ilusión de ver a un ídolo levantando la copa  o la patria con un sueño en conjunto. Brasil 2014 se sonó mucho y se evaporó rápido, como muchas de las cosas que nos apasionan.

Hoy la Copa del Mundo es un trozo de los recuerdos, pero que supo acomodarse bien en las vitrinas de lo que fue. Entre la ilusión y el pasado, el gran acontecimiento deportivo dejó postales para la memoria, dentro y fuera de la cancha.

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El césped. El Mundial trajo un mensaje de aliento para aquellos que soñamos con un fútbol entretenido y vistoso. Pronto, la primera fase entregó las nuevas tendencias. La mayoría de los equipos propusieron partidos abiertos, con prioridad en el arco rival. Este tramo dejó buenos encuentros y récord de goles, como para recordar que el fútbol es un juego de defensa y ataque y que para ganar partidos es necesario mirar el arco de enfrente además del propio. Estrellas como Messi, Robben, Neymar, Benzema, Muller, James Rodríguez mostraron un buen nivel. Y el buen fútbol se hace de buenos jugadores.

El estilo español, que vio la gloria en 2010, y el fútbol del Barcelona, parecen haber hecho efecto y otros equipos parecen haberse contagiado, cada uno con su estilo y sus recursos.

Si bien la segunda parte mostró encuentros más cerrados, se fue un torneo de buenos técnicos, buenos jugadores y buenos partidos. La consagración alemana premió a un gran equipo, que planificó bien en el pasado y en el presente cosecha un campeonato con un estilo definido, capaz de reinventar su tradición deportiva.

La incorporación de la tecnología para determinar la validez de los goles también representa un paso adelante en el desarrollo del fútbol.

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Las tribunas. Este Copa del Mundo ratificó su perfil de evento global, destinado a fanáticos adinerados dispuestos a visitar al país anfitrión, y a millones que deben conformarse con verlo por las cadenas de televisión.

Estadios modernos que costaron millones, que podrían estar ubicados en Brasil, Estados Unidos, Japón o Argelia, lo mismo da. Ceremonias de apertura y clausura enlatadas, con escasos toques autóctonos. Tribunas sin hinchas negros, en país como Brasil donde esa raza junto con los mulatos representan más del 50 % de la población (97 millones de personas en total). Así se configura el no-lugar que alberga la copa, que se recicla cada cuatro años.

La FIFA tiene en sus manos un producto apetecible y redituable, y lo ofrece a su modo. Sus reglas incluyen entradas claras, exclusión de impuestos locales, flexibildad en las leyes penales  y buen trato a sus sponsors, para que por ejemplo cuenten con zonas exclusivas para la venta del merchandising oficial o puedan ofrecer cerveza en los estadios.  Los anfitriones obedecen, aun a riesgo de que el gran negocio siempre es redituable para las cuentas de la FIFA, pero no siempre para el país anfitrión. 

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Las calles. Mucho cambió en Brasil entre junio de 2013 y junio de 2014. Las marchas multitudinarias del año pasado presagiaban un escenario caótico para la Copa del Mundo, pero las profecías no se cumplieron. Cuando el balón se echó a rodar, la pasión y la energía de los brasileños se pusieron detrás del aliento a su selección y en el disfrute de la fiesta. La pelota apareció en primer lugar. Los reclamos por mejoras salariales, por el valor del boleto de colectivo y por gastos excesivos pasaron a otro plano.

Los que poblaron las calles de felicidad fueron fanáticos de Argelia, Costa Rica, Colombia, Argentina y Alemania, que fueron por miles a saludar a sus héroes de regreso a su patria, tras la buena actuación en la copa. 

En Brasil, las protestas aparecieron en cuentagotas, principalmente el primero y el último día, como si nada pudiera empañar el desarrollo del espectáculo fastuoso. En suma,  el Mundial nos recordó el poder mágico de la pelota,  capaz de pasar a un segundo plano buena parte de todo aquello que genera.

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Los escritorios. Desde hace tiempo el mundial se presenta como un acontecimiento político, económico y social, trascendiendo largamente su faceta deportiva. La FIFA no sufrió en carne propia las protestas, pero desde hace rato la asociación perdió la batalla cultural sobre su propia reputación.
Cuando los reclamos parecían contenidos y la organización aparentemente encaminada, la caída de un puente en Mináis Gerais, con dos víctimas fatales, nos recordó el caótico proceso previo a la copa. Estadios terminados contrarreloj, obreros muertos por trabajar allí, obras  de infraestructura que nunca se realizaron y otras a medio hacer. Brasil 2014 fue el Mundial más caro de la historia y estuvo lejos de ser el mejor organizado. El dinero no fue garantía de eficiencia.

La goleada de Alemania a Brasil en semifinales fue el fin de una historia que comenzó en 2007, cuando el país sudamericano recibió oficialmente la sede de la copa. Entonces, era la potencia continental con crecimiento económico a tasas chinas, que veía en el deporte un espacio más donde potenciar su expansión. Luego de 7 años, aquel sueño que esperaba terminar con el trofeo en manos brasileñas culminó con una goleada en contra y muchos de los proyectos de infraestructura inconclusos. En el medio, quedó un pueblo desilusionado que ve como aquella promesas de una vida mejor a través de la Copa del Mundo quedó lejana.

Finalmente,  un escándalo de venta y reventa de entradas que involucró a dirigentes ya personajes cercanos a la propia FIFA, como Raymond Whelan, miembro de una empresa encargada de la venta de entradas, fue el saldo final del proceso de organización y desarrollo de un Mundial que rompió el viejo paradigma de que el gran acontecimiento deportivo es apetecido y de por sí beneficioso para el desarrollo de los países.

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Tras 40 días, el mundo del futbol abandonó las banderas y retoma los escudos de los clubes.   En los escritorios de la FIFA no primarán los escándalos. El plan funcionó, la Copa del Mundo sigue siendo el producto que garantiza su negocio perfecto.  Ayer fue Brasil,  mañana será Rusia. Los últimos informes que llegan desde Moscú aseguran que en 2018 se disputará el Mundial más caro de la historia.

Aquí un video con buenos momentos de Brasil 2014: 


Los sueños de los hinchas del Coventry


Banderas de los hinchas del Coventry en la puerta del estadio de Northampton
El pasado domingo, el Coventry empató 2 a 2 ante el Port Vale, en su partido de la fecha 36 de la League One, la tercera categoría del fútbol inglés. No son buenos tiempos para el equipo, que ganó uno de sus últimos 8 partidos y se ubica a más de 30 puntos del líder Wolverhampton. 

En 2001 empezó la debacle del Coventry. Ese año, el equipo, que conoció sus años de gloria en 1987, cuando se coronó campeón de la FA Cup, descendió a la segunda categoría del fútbol inglés junto al Manchester City. El equipo de Sergio Agüero encontraría pocos años más tarde un jeque árabe dispuesto a invertir millones, que le permitirían regresar poco después a la Premier y codearse con los grandes de Europa. En 2001, el Coventry abandonó la Premier tras 34 temporadas y, lejos de remontar su destino, comenzaría un calvario que perdura hasta hoy.

Tras 10 años en la Football League Championship, la segunda categoría del fútbol inglés, no sólo el equipo no logró el esperado ascenso sino que, en 2012, bajó a tercera división tras 48 años. Los acreedores pusieron al equipo al borde de la quiebra y el Coventry comenzó la temporada siguiente en tercera con un descuento de 10 puntos. Sus deudas sumaban 60 millones de libras. El equipo ya había sufrido un descuento de puntos similar la temporada anterior, lo que le impidió luchar por el ascenso.

Sin embargo, todavía quedaban malas noticias para los hinchas. SISU, la nueva empresa propietaria del club, comunicó entonces que no podría pagar el alquiler del estadio comunal Ricoh Arena, donde disputaba sus encuentros como local, por lo que a partir de entonces jugaría en el estadio Sixfields de Northampton, a 53 kilómetros de la ciudad.

Protestas de los hinchas por las calles de Coventry
Según las encuestas, un 66 % de los fanáticos se oponían al traslado. Incluso organizaron protestas frente al ayuntamiento. Antes del comienzo del torneo, el encuentro ante el Crawley Town, por la Copa Capital One, terminó con la derrota del Coventry por 3 a 2, una invasión de campo y enfrentamientos entre los aficionados y los administradores.

El 10 de agosto de 2013, el Coventry recibió al Bristol City en el estadio Sixfields de Northampton, en su debut en la nueva temporada. Un gol sobre la hora de Daniels le dio la victoria por 5 a 4, ante la mirada de poco más de 1500 fanáticos. El club contrató autobuses para trasladar gratis a los hinchas, pero pocos de ellos los utilizaron. Algunos de ellos se reunieron fuera del estadio para instar a otros a que no ingresen. Otros se ubicaron en una colina cercana para seguir el encuentro desde allí.

Al mismo tiempo, en Coventry, un grupo de hinchas organizó un evento en señal de protesta. En el estadio Ricoh Arena, más de 5000 personas presenciaron el partido entre el Coventry City Legends, un equipo de ex jugadores, y el Midlands All Stars, que culminó 8 a 3. Los fanáticos alentaron a su equipo durante todo el partido y al final celebraron la victoria que el conjunto oficial obtuvo en Northampton.

Actualmente, el Coventry navega por la mitad de la tabla de la League One. El promedio de asistencia a sus encuentros de local apenas sobrepasa los 2000 espectadores, muy lejos de los 11 mil que alentaban al equipo en su ciudad natal la temporada pasada. Mientras tanto, los propietarios del club buscan un nuevo sitio para la construcción de un nuevo estadio. La vuelta a la Premier parece aun un sueño lejano.

Los hinchas del Coventry ven el partido desde una colina cercana:

Política, economía y seguridad en los Juegos Olímpicos de Sochi 2014

Lenin murió hace 90 años, pero su impronta e influencia alcanzan los Juego Olímpicos que se disputan desde el pasado viernes en Rusia. Si bien la ciudad existía como tal desde fines del siglo XIX, fue el líder comunista quien en 1920 creó la Administración Balnearia de Sochi, ubicada entre las montañas del Cáucaso y el Mar Negro, al sudoeste de Rusia. En la zona que recibe en estos días a la la gran cita deportiva, Lenin nacionalizó muchas de las instalaciones privadas e impulsó la construcción de grandes hoteles para albergar al proletariado soviético, junto con enormes palacios de descanso para los líderes de la revolución. Compartía su gusto por Sochi con Stalin, quien también vacacionaba asiduamente en la zona. Su residencia construída en medio de los bosques es hoy un hotel donde se puede dormir por 300 euros por noche.

Como sus predecesores, Vladimir Putín, actual presidente de Rusia, heredó el amor por Sochi. El líder pasa largo tiempo en Bochárov Ruchei, su residencia oficial, y practica deportes en la zona, como la caza y la pesca. Putín, hombre clave en la política Rusa de los últimos años, ha hecho del deporte un asunto de estado, un medio para ubicar a Rusia en el mapa internacional y una profunda fuente de negocios. Los Juegos Olímpicos de Sochi forman parte de ese plan.

Costos

En 2007, Putín encabezó la delegación rusa en Guatamala, donde la asamblea del Comité Olímpico Internacional elegiría la sede de los Juegos Olímpicos de Invierno de 2014. Entre la acciones de promoción, los rusos montaron hasta una pista de patinaje sobre hielo. Cuando Jaques Rogge anunció a Sochi como la ganadora, Putin volaba sobre el océano en el avión presidencial rumbo a Moscú. En ese entonces, el gobierno ruso calculó en 8.700 millones de euros los costos del acontecimiento pero, 7 años más tarde, esa cifra se ha multiplicado.
Putín practicando caza

El principal desafío que enfrentó Sochi fue la falta de infraestructura deportiva y social para albergar el evento, por lo que más del 80 % de las obras comenzaron desde cero. Además de las instalaciones deportivas, se llevaron adelante grandes proyectos como la construcción de un ferrocarril, un nuevo aeropuerto, el puerto de carga, grandes hoteles y la villa olímpica.

La cantidad de emprendimientos suponía un presupuesto abultado, pero los números se dispararon. Recientes informes estiman en más de 40 mil millones de dólares el presupuesto final, donde hasta un 50 por ciento de los fondos podrían contarse en corrupción. Muchas obras fueron adjudicadas a empresarios cercanos al gobierno. El costo total supera con creces la suma de las inversiones hechas en todos los Juegos Olímpicos de Invierno de la historia.

El gasto en las rutas de acceso y el ferrocarril superó en un 90 % el presupuesto original. El estadio olímpico Fisht multiplicó su costo primario más de dos veces. Según la agencia de noticias rusa Sobkor, más de 4.000 personas perdieron sus hogares para la construcción de las instalaciones olímpicas. A cambio recibieron mínimas compensaciones. Greenpeace Internacional denunció que las máquinas constructoras dañaron de forma irreversible la flora de la ribera del río Mzymta y el bosque del Cáucaso occidental, declarado Patrimonio Mundial de la UNESCO en 1999.

La seguridad de los Juegos
Una vista de la ciudad de Sochi
Los Juegos Olímpicos serán uno de los eslabones en la carrera de Rusia por posicionarse como un eje central del deporte mundial. El país recibirá en 2018 el Mundial de fútbol. El año pasado albergó el Mundial de Atletismo. Desde este año, Sochi tendrá su Gran Premio de Formula 1. En 2015, Kazan recibirá el Campeonato Mundial de Natación y en 2016 el país albergará el Mundial de hockey sobre hielo.

Pero los grandes acontecimientos no tienen como horizonte sólo la gloria deportiva. Putín impuso al deporte un condimento político, por lo que los Juegos se encuentran cruzados por los factores que atraviesan la arena política en Rusia. La seguridad es una de ellas.

Los dos acusados por el atentado en la maratón de Boston en abril de 2013 son de origen checheno, una región del Cáucaso, donde se incluye Sochi . En diciembre pasado, dos atentados en la ciudad de Volgogrado le costaron la vida a 34 personas. Detrás de ellos se encontraban grupos islamistas y separatistas del Cáucaso. En diciembre, un coche bomba estalló en la puerta de una comisaría en Pyatigorsk, en el Cáucaso Norte. Murieron tres personas. La ciudad se ubica a 250 kilómetros de Sochi.

Por esto, 40.000 policías y guardias militares protegen la ciudad. Todos los visitantes tendrán que inscribirse en la policía. Por primera vez en la historia, todos los espectadores de los Juegos son registrados con nombre y apellido.

La Política de los Juegos
Protestas contra Putín por la ley contra la homosexualidad

A las tensiones internas se suma el frente externo del estado ruso. Hace pocos días, Barack Obama confirmó telefónicamente a Putín que la Casa Blanca ofrecería asistencia militar ante el temor de atentados terroristas. Dos buques están apostados sobre el Mar Negro para evacuar a los atletas estadounidenses en caso de incidentes.

Pese a la cooperación, la relación entre Rusia y Estados Unidos no pasa su mejor momento, sobre todo después de que el ex consultor de la Agencia de Seguridad (NSA) Edward Snowden recibió asilo en en el país europeo. La cuestión de Siria también afecta la diplomacia, ya que Washington ha intentado intervenir militarmente en el país asiático, mientras que Rusia se mostró más reticente a una ataque. Los conflictos en Siria afectan al estado ruso, ya que el país asiático alberga una buena porción de ciudadanos nacidos en Circasia, una región histórica del Cáucaso ocupada por el estado ruso en el siglo XIX. Hoy, en medio de la guerra civil, muchos circasianos abandonan Damasco para regresar a su tierra original.

Sin embargo, tras prestar su apoyo en materia de seguridad, Obama anunció que entre los integrantes de la delegación norteamericana se incluirían la tenista Billie Jean King y la jugadora de hockey Caitlin Cahow, dos deportistas homosexuales.

Poco importó la reciente ley sancionada en Rusia que impone multas a los individuos acusados de repartir "propaganda a favor de relaciones homosexuales" entre niños, e incluso propone multas para los que expresen esas posturas en la prensa o internet. Las sanciones más duras llegan a la prisión o deportación por lucir, por ejemplo, los colores del arco iris en un prendedor. Anatoly Pakhamov, alcalde de Sochi, declaró recientemente: "(La homosexualidad) no se acepta aquí en el Cáucaso, donde vivimos. No tenemos gays en nuestra ciudad ".

Mientras tanto, ni Obama, ni los presidentes de Francia y Alemania participaron de la ceremonia de apertura. Allí sí estuvo Putín, quien en el afán de incrementar su prestigio político parece haber dañado excesivamente la máxima cita del deporte mundial.

Nadie gana – La violencia del fútbol argentino en 2013

Incidentes en La Plata, el día que murió Javier Gerez

En el césped, Lionel Messi es capaz de dejar atrás a cuanto rival se le interponga en el camino, pero su destreza no es suficiente para acabar con la violencia en el fútbol argentino. En noviembre pasado, el crack participó de un video contra los incidentes en los estadios. Sin embargo, sus lágrimas no pudieron detener la barbarie. En las semanas siguientes, seis fanáticos perdieron la vida en hechos relacionados con el fútbol en la Argentina. Los muertos en los últimos 12 meses sumaron 18, la cifra más alta de los últimos 45 años.

La barbarie

“Nadie gana” decía el video auspiciado por la Fundación Leo Messi y la Municipalidad de Rosario, donde se vio a un al crack entre lágrimas e imágenes de incidentes. En 2013, en el fútbol argentino vencieron la barbarie, la muerte y el negocio de las barras, que gracias a su violencia mercantil continuaron ganando su partido y aumentando el dinero en sus cuentas bancarias. Los hinchas pacíficos fueron los grandes derrotados, ante un estado incapaz de implementar políticas eficaces para garantizar espectáculos deportivos seguros.

En junio pasado, la policía bonaerense mató a Javier Gerez, hincha de Lanús, en La Plata. Pocas semanas más tarde, Marcelo Carnevale y Angel Díaz murieron en un pelea interna de la barra brava de Boca, en la previa de un encuentro amistoso ante San Lorenzo. El estado argentino implementó entonces su medida maestra: todos los encuentros del torneo local se disputarían sin hinchas visitantes.

Tragedia en Rosario, el día de las muertes de Boladian y Palacios
Así fue como San Lorenzo se consagró campeón del Torneo Inicial sin fanáticos que pudieran celebrar el título en el estadio de Vélez. Aquella noche del 16 de diciembre, el torneo argentino combinó la felicidad con la tragedia. Mientras miles de hinchas de San Lorenzo festejaban el título en Buenos Aires, dos fanáticos eran asesinado en Rosario.


Leonardo Boladian y Walter Palacios viajaban hacia Buenos Aires luego de ver el encuentro entre Newells´s, su equipo, y Lanús. Sin ninguna provocación previa, fueron atacados a balazos por fanáticos de Rosario Central, que les causaron la muerte.

Sin embargo, esta modalidad de violencia entre rivales no es la que se impone a la hora de muerte, ya que más de la mitad de los incidentes fatales de 2013 se produjeron por peleas internas en las hinchadas. Fueron 10 los fallecidos de esta forma:

  • Nicolás Pacheco (hincha de Racing, muerto en una de las sedes del club). 
  • Adrián Velázquez (hincha de Tigre) 
  • Diego Bogado (hincha de Velez, encontrado muerto en la herrería del club) 
  • Marcelo Carnevale y Angel Díaz (hinchas de Boca) 
  • Lorena Morini (hincha de Independiente, primera mujer barra muerta en la historia del fútbol argentino) 
  • Fernando Morales (hincha de Colegiales) 
  • Ronaldo Delgado y Hugo Sarmiento (hinchas de Deportivo Aguilares de Tucumán, de la cuarta categoría del fútbol argentino) 
  • Walter Larrea (hincha de Rosario Central)
Del resto de las víctimas fatales, 6 murieron a causa de enfrentamientos o ataques de hinchadas. Son ellos: 

  • Gabriel Aguirre (hincha de Newell´s atacado a balazos por fanáticos de Central, mientras caminaba con una camiseta de su equipo por la calle) 
  • Santiago Godoy (comerciante, se asomó a su negocio de venta de autos mientras hinchas de Ituzaingó se enfrentaban con la policía y murió de un disparo) 
  • Jonathan Villegas (atacado por barras de Talleres de Córdoba en un balneario) 
  • Leonardo Boladian y Walter Palacios (atacados a balazos sin provocación previa luego de un encuentro de Newell´s) 
  • Gustavo Pellegrina Criffoulier (murió de un disparo al quedar en medio de un enfrentamiento entre barras de Independiente Rivadavia y Club Argentino, durante un partido de fútbol infantil). 
Cristian Emiliano Monti

Las víctimas restantes son Javier Gerez, el hincha de Lanús asesinado por la policía, y Cristian Emiliano Monti, un futbolista de 16 años, quien murió durante el partido que jugaban Libertad y su equipo, Juvenil de Barrio Comercial, en Córdoba, por la quinta división de la liga regional. Durante el encuentro, Monti recibió una serie de golpes de tres rivales y debió ser hospitalizado. Permaneció en coma durante más de cuatro meses, hasta que miró en noviembre pasado.

No sólo muertes

Las prácticas de las barras no se manifiestan sólo con la muerte. Sin embargo, lo curioso es que muchas de sus acciones están legitimadas por distintos actores del mundo futbolístico y fuera de él.

La hinchada de Talleres de Córdoba, conocida como “La Fiel”, se nucleó hace un tiempo en una fundación homónima. En mayo de 2013, luego del campeonato obtenido por su equipo en la tercera división, la Legislatura de la Provincia de Córdoba reconoció a este grupo "por su compromiso para erradicar la violencia del fútbol". Un hecho llamativo ya que, en 2006, algunos de sus integrantes habían participado de la muerte de Matías Cuesta, un joven de 18 años asesinado en Buenos Aires cuando viajaba en tren luego de ver un partido de Atlanta.

"La Fiel", reconocida en Córdoba
Luego de la distinción, “La Fiel” incluso fue invitada a la Cámara de Diputados de La Nación para una disertación sobre violencia en el fútbol. En noviembre, sus principales miembros no honraron las menciones obtenidas y mataron a golpes a Jonathan Villegas, de 21 años, tras una discusión en un balneario de Carlos Paz. Pocas horas más tarde, la Legislatura de Córdoba resolvió dar marcha atrás y quitarle a "La Fiel" la distinción otorgada.

Otras hinchadas no recibieron tan buen trato por parte de los organismos públicos. Las barras de Boca y River son investigadas por su estrecha relación con las dirigencias de sus clubes, que contarían con un aceitado sistema para la entrega de entradas de favor para los partidos de cada equipo. Incluso 51 barras de Boca y un dirigente del club fueron detenidos. Las causas judiciales, a cargo de los jueces Manuel de Campos y Fernando Caunedo, aun continúan.

En el expediente xeneize, la justicia detuvo incluso a Pablo Migliore, entonteces arquero de San Lorenzo, por encubrir a Maximiliano Mazzaro, barra de Boca prófugo.

Causas y consecuencias

La connivencia y el apoyo que las barras bravas argentinas reciben de distintos sectores del fútbol y de otros ámbitos como la política y el sindicalismo, junto con la impunidad, son cuestiones pendientes y explican en buena parte el panorama actual. Pero muchas veces obstruyen la posibilidad de avanzar en la resolución del problema con medidas alternativas para garantizar espectáculos futbolísticos seguros. Una solución que llegará con leyes efectivas y políticas estatales eficaces, que no centren la mirada únicamente en los grupos de hinchas organizados.

En el libro “Violencia en el fútbol – Investigaciones sociales y fracasos políticos”, el sociólogo Sebastián Sustas analiza minuciosamente las leyes 23.184, 24.192, el decreto 1466/97 y la ley 26.358, que junto a otras resoluciones, conforman el soporte legal con el cual el estado argentino actúa en los eventos deportivos.

Al analizar las normas, algunas sancionadas hace más de 20 años, Sustas concluye que el propio estado argentino construye un modelo de hincha violento y predispone el escenario deportivo para el conflicto. “Todas las medidas conducen a una mayor militarización del espacio del estadio y control de los espectadores, que a las claras y según permite observar la estadística, denotan el fracaso de este tipo de medidas como forma de control de la violencia en los estadios” agrega el autor.

Como bien se revela en el trabajo, entre 1981 y 1990, el 60 % de los incidentes fatales en el fútbol argentino ocurrieron por enfrentamientos entre hinchadas rivales. Las muertes entre miembros de una hinchada eran entonces menos del 10 %. Desde 2006, esa modalidad es amplia mayoría.

El último año fue una muestra más del diagnóstico erróneo: cuando se impidió al público visitante concurrir a los estadios, las muertes, lejos de disminuir, aumentaron. Desde la prohibición de los hinchas visitantes, en julio pasado, murieron 12 personas.

Sin embargo, las normas nunca se ajustaron al nuevo panorama. Así es como el estado legisla y controla la violencia bajo la idea de que la rivalidad es la causa de la muerte. Y así gobierna en los estadios: controla, revisa, separa, siempre bajo la hipótesis de conflicto latente.

En 2012, fueron 12 las víctimas. En 2013, la cifra se elevó a 18. En toda la historia, son más de 280 los fallecidos. Números de la barbarie y muerte. ¿Nadie gana? ¿O pierden siempre los mismos?

Aquí el video de Lionel Messi contra la violencia en el fútbol:

Brasil, los megaeventos y la paz


Con Dilma Rousseff, Pelé y el cierre musical al ritmo del carnaval, Brasil pareció mostrar su mejor cara en el sorteo del fixture de la Copa del Mundo el viernes pasado. Los ídolos deportivos extrayendo las bolillas ubican al torneo más cerca de su faceta deportiva que de las cuestiones organizativas. El Mundial no se trata ya de cientos de equipos disputando partidos clasificatorios alrededor del mundo. Ya tiene nombres propios, duelos establecidos, fechas y horarios y un solo país como sede.

El sorteo de la Copa del Mundo es el evento elegido por la FIFA para encender la fiebre del máximo torneo del futbol mundial. En Costa do Sauípe, entre bellas modelos, ex futbolistas y longevos directivos, no había lugar para los sobreprecios de los estadios, las obras retrasadas, los reclamos de escuelas con standard FIFA y los desalojos masivos. Los miles de manifestantes que poblaron las calles en junio pasado, durante la Copa de las Confederaciones, no mostraron su cara esta vez.

En la última Conferencia de Play the Game, en noviembre pasado, Walter De Gregorio, director de comunicaciones de la FIFA, reconoció la preocupación del organismo por el Mundial de Brasil. La masividad que adquirieron recientemente los cuestionamientos sociales a los megaeventos y su reflejo en los medios masivos se constituyeron como una de las mayores novedades del deporte moderno. Como pocas veces en su historia moderna, la FIFA debió explicar en el último tiempo por qué un Mundial es bueno para un país, lejos de la visión que presupone que los estados nacionales hacen cola para recibir al máximo torneo del fútbol mundial.

Las últimas informaciones no muestran la mejor cara de los megaeventos. Los Juegos Olímpicos de Sochi, que se disputarán en febrero próximo, fueron catalogados como los más costosos de la historia, con gastos cercanos a los 50 mil millones de dólares, con sobreprecios en las obras, contratos a amigos del poder y pago de coimas. Rusia, que también recibirá el Mundial de 2018, enfrenta denuncias por homofobia. Qatar, sede de la Copa del Mundo de 2022, recibió duros cuestionamientos luego de un informe del periódico inglés The Guardian, que mostraba las extremas condiciones de los trabajadores del emirato, con sueldos bajísimos, derechos cercenados y decenas de muertos recientes.

Hace pocas semanas, los habitantes de Múnich rechazaron por mayoría en un plebiscito la posibilidad de organizar los Juegos Olímpicos de invierno de 2022. La campaña oficial contaba con el apoyo de Franz Beckenbauer, el Bayern Múnich, la multinacional Siemens y al gobierno regional. Quienes sí se pronunciaron a favor de la candidatura de su ciudad fueron los habitantes de Oslo, que en septiembre apoyaron en una votación la postulación de la capital de Noruega.

En Play the Game, Saint-Clair Milesi, el jefe de comunicaciones del Comité Organizador de Brasil 2014, se esforzó por retrucar los distintos cuestionamientos a la organización del Mundial y los excesos en los gastos. Pero recientes informes elevan los costos en construcción o reformas de los 12 estadios mundialistas a 3.400 millones de dólares, más que la suma de los gastos de Alemania y Sudáfrica en los recientes mundiales.

En Costa Do Sauipe, antes del sorteo, Blatter invitó a los fanáticos a rezar para que la organización culmine a tiempo las obras y las manifestaciones permitan el normal desarrollo del Mundial. Resonaban fuerte aun las recientes muertes de dos operarios en el Arena Corinthians de São Paulo, por la caída de una grúa. Antes, se habían registrado dos accidentes fatales relacionados con obras en los estadios de Basilia y Manos, con dos víctimas.

Cuando el sorteo y el fixture intentaban levantar la fiebre mundialista, los violentos incidentes entre los hinchas de Atlético Paranaense y Vasco Da Gama de este fin de semana parecieron volver a la Copa del Mundo a su esfera de conflicto. Los enfrentamientos dejaron al menos cuatro heridos graves. El partido estuvo suspendido durante una hora, pero pese a todo lo sucedido se reanudó.

La violencia en los espectáculos futbolísticos  de Brasil no han sido objeto de cuestionamiento serio para la FIFA. Sin embargo, hasta julio de esta año, Brasil registraba 13 hinchas fallecidos. El año pasado, murieron 23. Faltan poco más de 180 días para que la pelota se eche a rodar. Como afirmó Blatter, será cuestión de rezar para que el Mundial se dispute en paz.

“Los clubes en la ciudad de Buenos Aires (1932 – 1945)” de Rodrigo Daskal

La presentación del libro, con Ariel Scher, Rodrgio Daskal, 
Mariano Gruschetsky y Julio Frydenberg.
“¿Quiénes eran esos tipos que escribían tan bien?” fue la pregunta de Ariel Scher. Esos tipos eran las plumas de la revista “La Cancha”, que oficia de fuente exclusiva para el libro “Los clubes en la ciudad de Buenos Aires (1932 – 1945)”, de Rodrigo Daskal presentado recientemente en el Museo del Libro y de la Lengua de Buenos Aires. El trabajo pone el foco en las instituciones argentinas a partir de los discursos de la publicación, por donde circulan los grandes temas y debates de la época, como la participación de los hinchas, la violencia en el espectáculo deportivo, el rol del estado y el reciente profesionalismo del fútbol argentino.

“El libro revela la relación de los clubes con el estado, que tuvo un rol secundario en su desarrollo, ya que todo lo hicieron los socios de los clubes, con un empuje y un valor impresionante”, dijo el investigador Mariano Gruschetsky en la presentación. El historiador Julio Frydenberg agregó que el libro también resalta la peculiaridad del fenómeno de los clubes argentinos, que se desarrollaron bajo un asociacionismo extremo y buscaron incluir la mayor cantidad de disciplinas para sus socios.

Los años abordados en el libro se presentan como momentos de grandes cambios en el fútbol argentino, como la introducción del profesionalismo en 1931. En este sentido, “La Cancha” se muestra como un rector moral y postula un deber ser del verdadero hincha, con hinchas buenos y malos. A la vez, enaltece el pasado, un fútbol que se fue, un vieja costumbre del discurso periodístico argentino.

Un aspecto central que también aparece en el texto es la relación entre los clubes y el espacio urbano, en un contexto de construcción de los principales estadios del fútbol argentino. “El fútbol condiciono la formación de la ciudad. Los estadios fueron mojones del desarrollo urbano” afirmó Gruschetsky.

El libro de Daskal fue uno de los proyectos seleccionados en el Concurso Oscar Landi, convocado en 2007 por la Biblioteca Nacional y la Universidad Nacional de General Sarmiento. El proyecto premió a aquellas propuestas que pusieran el foco en el análisis de la cultura popular, a partir de publicaciones periódicas editadas en Argentina. “Los clubes en la ciudad de Buenos Aires” cuenta con prólogo del director de la Biblioteca Nacional, Horacio González, y fue publicado por Editorial Teseo.

Como bien afirmó Gruschetsky, el trabajo de Daskal muestra que “en los clubes hay un objeto de la sociología. Se habla de muchas cosas cuando se habla de la historia de los clubes en la Argentina”.

Fútbol e ideologías, a 40 años de Chile - URSS

Francisco Valdes anota el tanto ante la URSS
 “Por consideraciones morales los deportistas soviéticos no pueden en este momento jugar en el estadio de Santiago, salpicado con la sangre de los patriotas chilenos (…) La Unión Soviética hace una resuelta protesta y declara que en las actuales condiciones, cuando la FIFA, obrando contra los dictados del sentido común, permite que los reaccionarios chilenos le lleven de la mano, tiene que negarse a participar en el partido de eliminación en suelo chileno y responsabiliza por el hecho a la administración de la FIFA”.

Pocas veces en su historia la asociación que dirige los destinos del fútbol mundial habrá recibido semejantes consideraciones como las emitidas por la Federación de Fútbol de la Unión Soviética, para justificar la ausencia de su selección en el partido que debía disputarse el 21 de noviembre de 1973, para definir la clasificación al Mundial de Alemania del año siguiente. Pero en tiempos de guerra fría y dictaduras en América del Sur, el fútbol se cruzó con las ideologías, mientras los combinados nacionales dirimían en un mano a mano su clasificación a la Copa del Mundo, hace 40 años. En el primer partido disputado en Moscú, los chilenos habían conseguido un valioso empate en cero. La ausencia de su rival en la revancha le permitió clasificarse para el Mundial.

La serie clasificatoria entre soviéticos y chilenos estuvo cruzada por el golpe de estado ocurrido en el país sudamericano el 11 de septiembre de 1973. Ese día, los futbolistas chilenos debían entrenarse en el complejo Pinto Durán. Mientras se sucedían los enfrentamientos en el centro de Santiago, varios jugadores pasaron por puestos de control de las fuerzas de seguridad mientras se dirigían al entrenamiento. Algunos de ellos se identificaron como futbolistas para evitar problemas. Al llegar al predio, el entrenador Luis Álamos los envió de regreso a sus casas.

Al día siguiente, el plantel debía volar a Moscú, pero el viaje recién pudo realizarse el lunes 17. El avión de Lan Chile que transportó a los futbolistas fue el primero que abandonó Santiago tras el cierre del espacio aéreo decretado por el gobierno militar. Las crónicas afirman que la nave se elevó de inmediato para eludir disparos de posibles francotiradores.

El Estadio Nacional de Chile luego del golpe
El gobierno de facto miraba con recelo al régimen comunista soviético, a quien Salvador Allende, el presidente derrocado, había calificado como el hermano mayor de Chile. Cuando se disputó el encuentro en Moscú, la Unión Soviética ya había roto sus relaciones diplomáticas con el país sudamericano y el gobierno de Estados Unidos había reconocido oficialmente a la Junta Militar. El gobierno soviético no dio trascendencia al partido, a tal punto que, a la misma hora, la televisión emitió un partido de hockey sobre hielo. En Santiago, el encuentro tampoco fue televisado. Los futbolistas fueron silbados por los 75 mil espectadores cuando salieron al campo.

Tras el empate final en cero, Pinochet envió un telegrama de felicitación e invitó al plantel al Palacio de Gobierno. Cuando ingresó el General, todos los futbolistas se pusieron de pie. El único que permaneció sentado fue Carlos Caszely, de conocida militancia socialista, cuya madre fue secuestrada y torturada durante la dictadura. “Pese a los factores en contra, ustedes lograron lo que yo considero un verdadero triunfo” dijo el dictador. Pero restaba aún el encuentro decisivo en Santiago.

Una vez producido el golpe militar en Chile, el Estadio Nacional se convirtió en una gigantesca prisión a cielo abierto, que sería despejada para el duelo eliminatorio ante los soviéticos. Ante la polémica suscitada por el escenario elegido, las autoridades del fútbol chileno ofrecieron al gobierno de Pinochet jugar la revancha en Viña del Mar. Sin embargo, se decidió disputar el duelo en la capital, para mostrarle al mundo que todo era normal en Chile. Los detenidos fueron trasladados por orden del gobierno al norte del país.

Finalmente, poco importaron las acusaciones sobre el estadio y el horror. La noche anterior, cuando se confirmó la deserción soviética, se produjo una gran celebración entre los jugadores chilenos. Al día siguiente, los futbolistas y el árbitro local Rafael Hormazábal salieron al césped a disputar un partido sin rivales. Los Carabineros tocaron el himno chileno mientras se izaba la bandera nacional. Tras el pitazo inicial, los jugadores de la roja combinaron varios pases sin oposición y Francisco Valdez marcó el tanto simbólico. Horas más tarde, la selección de Chile disputó en el mismo estadio un amistoso ante el Santos de Brasil, pero lejos de poder festejar la clasificación, los chilenos perdieron por 5 a 0.



Al año siguiente, antes de viajar al Mundial de Alemania, el General Augusto Pinochet despidió personalmente al equipo. “Chile sabe los problemas que van a tener que afrontar en Europa, porque la calumnia y la mentira ha llagado a tapar la mentalidad de muchos europeos que no saben ni conocen lo que sucede hoy en Chile. Por eso estamos seguros que van a tener algunos problemas”, les dijo. Chile se volvió de la Copa del Mundo en primera ronda, tras dos empates y una derrota. La dictadura de Pinochet se prolongaría durante 17 años y dejaría más de 3200 muertos y cerca de 30.000 torturados.

Augusto Pinochet despide al plantel chileno antes de partir al Mundial de Alemania 1974: