Uruguay, el frente y la pelota

A propósito de las elecciones del próximo domingo en Uruguay, posteamos un texto de fin de 2009 aparecido en la revista digital La Tercera. El artículo fue publicado originalmente poco tiempo antes de la asunción de Pepe Mujica como presidente. 


El 14 de octubre de 2009, un gol de Mario Bolatti le dio a la Selección Argentina el triunfo frente a Uruguay en Montevideo y la clasificación para el Mundial de Sudáfrica. Aquel día, el Estadio Centenario contó en las tribunas con los tres candidatos que en ese entonces aspiraban a la presidencia uruguaya: Pepe Mujica (Frente Amplio), Luis Lacalle (Partido Nacional) y Pedro Bordaberry (Partido Colorado). Pocos días más tarde, Mujica se quedaría con el triunfo en la primera vuelta de las elecciones presidenciales con el 46,6 % de los votos, que completaría con un 52,6 % en el ballotage. Así, este ex guerrillero tupamaro, que pasó 13 años en prisión, se convertirá el 1º de marzo de 2010 en el nuevo presidente uruguayo.

Los comicios orientales tuvieron su toque futbolístico. Luego del “que la chupen” maradoniano lanzado en el Centenario tras la clasificación argentina, Mujica cerró su campaña presidencial en plena avenida 18 de Julio al grito de “¡Mascatelá y que viva el Frente Amplio!”. Pero el deporte no fue sólo retórica, sino que puso el cuerpo en la carrera electoral. Hugo De León, ex defensor central, ídolo de Nacional y antigua figura de la Selección charrúa, fue candidato a vicepresidente por el Partido Colorado.

Retirado en 1993, De León fue técnico en Uruguay, Brasil y México. Empresario y productor agropecuario, el ex futbolista dejó lado sus obligaciones personales y a comienzos de año se lanzó a recorrer el país en busca de adhesiones para el Partido Colorado, que lo tenía en sus filas desde hace tiempo. Su trabajo tuvo su recompensa en julio pasado, cuando la agrupación decidió nominarlo como candidato a vicepresidente de Pedro Bordaberry. El aspirante presidencial es hijo del ex dictador Juan María Bordaberry, quien fuera presidente de facto entre 1973 y 1976 y hoy permanece en prisión en la casa de uno de sus hijos acusado de crímenes de lesa humanidad. De León confesó que la candidatura le generó una ansiedad similar a la que sentía antes de jugar con Nacional un clásico del fútbol uruguayo frente a Peñarol “porque no me saco de adentro la presión que me puso Pedro (Bordaberry)”. Finalmente, la fórmula colorada alcanzó el 16 % de los votos, quedando en tercer lugar detrás del Frente Amplio y el Partido Nacional.

En su texto “Fútbol, mística e identidad en el Uruguay moderno”, Adriana Marrero y Ricardo Piñeyrúa analizan la influencia del fútbol en la historia uruguaya: “Dejando de lado los oficios religiosos, no había habido hasta la aparición del fútbol ningún espacio o evento social que lograra convocar adeptos pertenecientes a todos los estratos sociales, y en particular, a las amplias clases populares” se lee allí. Impulsado por los inmigrantes ingleses que trabajaban en el ferrocarril, el fútbol en Uruguay contó con el apoyo de las empresas de transporte que, con el objetivo de aumentar la venta de boletos en los días no laborables, vendían pasajes a bajos costos los domingos. Esta situación se inscribió dentro de un cambio social que vivía la sociedad uruguaya afines del siglo XIX y principios del XX, que también favorecieron la expansión del fútbol como deporte de masas. Uruguay vivía un momento de desarrollo económico, con buenas condiciones laborales, salarios medianamente importantes, con una alta población masculina compuesta por una porción importante de inmigrantes, que disfrutaban de dedicar sus ratos libres al ocio y al espectáculo. Así, el fútbol se expandió socialmente y Uruguay se convirtió en campeón olímpico de este deporte en 1924 y en 1928, lo que en ese momento se consideraba como un campeonato mundial, ya que no existía aún la Copa del Mundo de fútbol. Un pequeño país de Latinoamérica lograba mediante el deporte imponerse a las grandes potencias.

Con esos antecedentes, Uruguay se hizo cargo de la organización del primer Campeonato Mundial de Fútbol en 1930. Mientras Estados Unidos y gran parte de los países centrales sufrían los efectos de la crisis económica de 1929, el gobierno oriental invertía 740.000 pesos de la época en la construcción del principal escenario donde se desarrollaría el evento, el Estadio Centenario. El trabajo se hizo en ocho meses, un tiempo récord para la época. Los charrúas se quedarían con aquel torneo al vencer en la final a la Argentina por 4 a 2.

El surgimiento de los principales clubes uruguayos se daría a hacia fines del siglo XIX. En 1891, en los talleres de Villa Peñarol, cercanos al ferrocarril The Central Uruguay Railway, se construyó un importante centro deportivo. Dirigentes, ejecutivos y obreros encontraban en el deporte una forma de sentirse todos juntos bajo los colores del ferrocarril. Con un crecimiento importante bajo la figura del caudillo presidencial colorado José Battle y Ordoñez, que gobernó el país en dos períodos entre 1903 y 1915, el club Peñarol siempre estuvo ligado al Partido Colorado, a tal punto el periodista Franklin Morales revela que desde 1914 hasta hoy, todos los presidentes del club fueron hombres del PC.

Nacional, el otro grande uruguayo, surgió en 1899 entre la aristocrática elite universitaria de la época. Diferente a Peñarol, este club no estuvo ligado históricamente a un sólo partido político, ya que en sus altos mandos se han alternado miembros del Partido Nacional, del PC y hasta algunos que no militaban en ninguna agrupación. Contradicciones de la historia, Hugo De León, el candidato a vicepresidente colorado de las últimas elecciones no llegó desde Peñarol, sino desde la otra vereda.

Pero lo cierto es que el próximo presidente uruguayo no es del Partido Nacional ni del Colorado, ni pasó por las filas de ninguna institución futbolística. Pepe Mujica pertenece al Frente Amplio, fue diputado, senador y Ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca del actual presidente Tabaré Vázquez. Solía llegar al Senado en motoneta con su andar campechano, ese que acompaña cada uno de sus gestos y sus palabras. Quien sí estuvo ligado directamente al fútbol es el actual presidente Vázquez, quien además de ser oncólogo presidió por 10 años el Club Atlético Progreso. Durante su gestión, el equipo se consagró campeón de la liga uruguaya por primera y única vez en 1989.

El Frente Amplio de Vázquez y Mujica nació en 1971 y vino a romper con el histórico bipartidismo uruguayo de nacionales y colorados. Esa brisa de aire fresco logró imponerse por primera vez en 2004 y el pasado domingo 29 de noviembre logró un nuevo triunfo presidencial en las urnas. En el fútbol, dos de los últimos tres últimos campeones uruguayos fueron Danubio y Defensor Sporting. Hoy, el vigente campeón Nacional pelea la punta del torneo con Defensor y Liverpool. Así como la política uruguaya ya no es sólo cosa de nacionales y colorados, el fútbol charrúa no es propiedad exclusiva de los poderosos Peñarol y Nacional. Será que el fútbol y la política a veces no son tan diferentes.

A 90 años de la muerte de Pedro Demby, la primera víctima de la violencia del fútbol del Río de la Plata

Los equipos de Argentina y Uruguay saludan al público 
antes del comienzo de la final de la Copa América. 
El final del encuentro mostró una imagen curiosa para aquellos tiempos de fuerte rivalidad entre las selecciones de fútbol de Uruguay y Argentina: Romano y Zibechi, dos jugadores orientales, llevaron en andas a Américo Tesorieri, el arquero rival, que fue aplaudido por el público por su destacada actuación. Aquella muestra de fair play fue el broche de oro de la disputada final de la Copa América de 1924, que terminaría en empate en cero y consagraría a los uruguayos como campeones. Sin embargo, las muestras de paz y caballerosidad del estadio Parque Central de Montevideo cederían paso a la barbarie pocas horas después. A la noche, un enfrentamiento en las calles entre fanáticos argentinos y uruguayos terminaría con la muerte del joven Pedro Demby, quien el 3 de noviembre de 1924 se trasformaba en primer hincha fallecido por la violencia del fútbol del Río de la Plata. Una historia que desde hace 90 años permanece impune.

El gran duelo

El equipo uruguayo se había consagrado campeón olímpico en julio de 1924 en París. Argentina no había participado de aquel torneo, por lo que los futbolistas y los fanáticos albicelestes veían los encuentros por la Copa América como la posibilidad de imponerse al equipo más poderoso de la época.

El primer partido de la Copa América entre ambos equipos se disputó el 29 de septiembre en el estadio de Sportivo Barracas, en Buenos Aires. El público presente superaba con creces la capacidad del lugar, por lo que una invasión del campo de juego obligó a suspender el encuentro.

Imágenes de la final de la Copa América de 1924
Tres días más tarde, para prevenir incidentes, las autoridades implementaron por primera vez en la historia del fútbol un alambrado perimetral para proteger el campo de juego. Sin incidentes, el partido finalizó con victoria argentina por 2 a 1. El segundo tanto fue anotado por Cesáreo Onzari, quien marcó luego de ejecutar un tiro de esquina sin que la pelota fuese tocada por algún jugador. Había nacido el gol olímpico.

La revancha se jugaría un mes más tarde en el estadio Parque Central de Montevideo. La violencia que se había manifestado en el primer encuentro era un tema candente, a tal punto que, poco tiempo antes, un grupo de diputados uruguayos había propuesto una ley para prohibir nuevos encuentros entre la celeste y otras selecciones nacionales, para evitar nuevos enfrentamientos. "Yo confío también en que los orientales, que para siempre ostentan el título de campeones, demuestren que el espíritu olímpico reina en el pueblo”, afirmó entonces el presidente José Serrato, quien vetaría el proyecto. Para evitar incidentes en el duelo ante Argentina, más de 400 policías custodiaron el estadio y sus alrededores. Serrato y su par argentino, Marcelo Torcuato de Alvear, siguieron el partido en el palco oficial. El fútbol parecía ser un asunto de estado en el Río de la Plata.

El encuentro terminó 0 a 0 y el resultado le permitió a Uruguay consagrarse campeón de la Copa América por segundo año consecutivo. Los celestes habían vencido en la previa a Chile y Paraguay. El buen comportamiento de los espectadores ocupó un lugar destacado en las crónicas de los diarios de la época. Pocas horas más tarde, la fiesta del fútbol cedería paso a la tragedia.


La noche de Montevideo

La noticia de la muerte de Demby en el diario Crítica
Eran las 21.30 cuando un grupo de hinchas argentinos se juntaron en la puerta del hotel Colón, donde se alojaba la delegación albiceleste. En plena Ciudad Vieja de Montevideo, los fanáticos comenzaron a cantar a favor de su equipo y los futbolistas salieron a los balcones a saludar. A unos metros, un hombre uruguayo comenzó a gritar por su selección. Jugadores e hinchas argentinos pronto comenzaron a retrucar con cantos e insultos. Ya entonces, el fanático oriental estaba acompañado por un grupo de compatriotas, que cantaban contra sus rivales. Pronto comenzaron a volar objetos. Siguió una violenta pelea cuerpo a cuerpo, donde también participaron los futbolistas argentinos.

De pronto se oyó un disparo. Los uruguayos huyeron corriendo. Los argentinos se refugiaron en el hotel. En plena calle, en medio de charco de sangre, yacía el cuerpo de Pedro Demby. Este empleado bancario de 26 años se había sumado a sus compatriotas al ver los insultos que recibían de sus rivales. En la pelea, castigó duramente a varios argentinos. El balazo le atravesó la garganta. Además, otros dos hombres resultaron heridos.

Pese al crimen, jugadores e hinchas argentinos partieron rápidamente al puerto de Montevideo para tomar el barco de regreso a Buenos Aires. Cerca de allí, grupos de fanáticos volvieron a enfrentarse a los golpes. Pero aun así, el buque General Artigas partió con el agresor a bordo, incluso antes de la hora prevista. Poco después de las tres de la madrugada, Pedro Demby moría en una sala del sanatorio Navarro, convirtiéndose en la primera víctima por la violencia del fútbol del Río de la Plata.


El plan maestro

La investigación del crimen comenzó por un sombrero negro y una caja que había abandonado el asesino en la calle, que mostraban una inscripción de una casa de modas del barrio de La Boca. Los testigos identificaban al autor material como un hombre petiso. Otros lo vinculaban estrechamente con futbolistas como Tesorieri y Onzari, de la Selección Argentina y Boca Juniors.

Los futbolistas argentinos celebran en el bar "El Trapo". 
Juan Carlos Gómez Folle, jefe de la policía uruguaya, comenzó rápidamente a enviar radiogramas a Buenos Aires a partir de los datos que recogía. Allí informaba que el jugador Vaccaro había cobijado en su pieza del hotel Colón al autor del disparo y que otro testigo había declarado que el asesino paraba habitualmente en un bar del barrio de La Boca, en Buenos Aires, denominado “El Trapo”. Pasaban las horas y Gómez Folle veía que la policía argentina prestaba poca colaboración. Pero mientras la prensa uruguaya lo castigaba por su accionar, el jefe contaba con un plan maestro.

El 4 de noviembre, la Federación de Football de Argentina organizó un almuerzo en el restaurante de “El Trapo”, que era propiedad del arquero Tesorieri. Entre los concurrentes estaban los futbolistas de la selección, fanáticos del fútbol y periodistas del diario Crítica. Gómez Folle intuyó que allí debería estar el asesino de Demby. Al día siguiente, con el ejemplar del diario en mano, el policía se encontró con varios testigos, quienes reconocieron al agresor en una fotografía, detrás de Tesorieri. Entonces Gómez Folle decidió enviar al segundo Jefe de Investigaciones, Lorenzo López, a Buenos Aires.

López se presentó en la redacción del diario Crítica como un hombre desahuciado, en una situación económica desesperada. Allí pidió el negativo de la foto de los futbolistas y los fanáticos en el restaurant. Así, podría reproducir el ejemplar en varias copias y venderlas a los que allí aparecían, para poder ganar algo de dinero. Con astucia, López logró su cometido.

En el centro de la imagen, José Luis Lázaro Rodríguez,
alias "El Petiso", el supuesto asesino de Pedro Demby. 
Se dirigió entonces a “El Trapo”. En su mismo rol de pobre y necesitado, preguntó a los presentes la identidad y las direcciones de los hinchas que aparecían en la fotografía. Luego de vender varios ejemplares, López se marchó con los datos necesarios. El 24 de noviembre, el policía uruguayo llamó a la puerta de la casa de la calle Ministro Brin 1137. Del otro lado, lo recibió José Lázaro Rodríguez, alias "El Petiso", el supuesto asesino de Pedro Demby.

López rápidamente se contactó con el comisario Eduardo Santiago, de la Policía Federal Argentina, para solicitar la detención del agresor. La policía argentina protestó formalmente ante Uruguay por lo que consideraba una intromisión de sus fuerzas de seguridad en su territorio. Pero aún así, el 26 de noviembre, “El Petiso” fue enviado a la cárcel de Villa Devoto.

“El pueblo uruguayo quiere vengar la muerte de Demby y necesita un matador", escribió el diario Crítica para descalificar las pruebas que se presentaban contra Rodríguez. En su afán de defender al agresor, el periódico llegó a acusar al ex presidente uruguayo José Batlle y Ordóñez de dirigir la operación contra el presunto asesino. El acusado declaró ante el juez que nunca había abandonado Buenos Aires y que el día del partido había concurrido junto a unos amigos al hipódromo. Mientras tanto, la prensa oriental celebraba la detención.

Pese a las polémicas, Rodríguez permaneció un año y medio en prisión. Finalmente, su extradición a Uruguay nunca se concretó, por lo que nunca llegó a sentarse ante un tribunal. Demby se convirtió en el primer caso de una historia de violencia e impunidad que desde entonces vive el fútbol sudamericano.

Brasil 2014, en tiempo y espacio


Ahora que ya se fue, el Mundial yo es un grupo de hinchas en las calles, el sueño de un gol imposible, la ilusión de ver a un ídolo levantando la copa  o la patria con un sueño en conjunto. Brasil 2014 se sonó mucho y se evaporó rápido, como muchas de las cosas que nos apasionan.

Hoy la Copa del Mundo es un trozo de los recuerdos, pero que supo acomodarse bien en las vitrinas de lo que fue. Entre la ilusión y el pasado, el gran acontecimiento deportivo dejó postales para la memoria, dentro y fuera de la cancha.

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El césped. El Mundial trajo un mensaje de aliento para aquellos que soñamos con un fútbol entretenido y vistoso. Pronto, la primera fase entregó las nuevas tendencias. La mayoría de los equipos propusieron partidos abiertos, con prioridad en el arco rival. Este tramo dejó buenos encuentros y récord de goles, como para recordar que el fútbol es un juego de defensa y ataque y que para ganar partidos es necesario mirar el arco de enfrente además del propio. Estrellas como Messi, Robben, Neymar, Benzema, Muller, James Rodríguez mostraron un buen nivel. Y el buen fútbol se hace de buenos jugadores.

El estilo español, que vio la gloria en 2010, y el fútbol del Barcelona, parecen haber hecho efecto y otros equipos parecen haberse contagiado, cada uno con su estilo y sus recursos.

Si bien la segunda parte mostró encuentros más cerrados, se fue un torneo de buenos técnicos, buenos jugadores y buenos partidos. La consagración alemana premió a un gran equipo, que planificó bien en el pasado y en el presente cosecha un campeonato con un estilo definido, capaz de reinventar su tradición deportiva.

La incorporación de la tecnología para determinar la validez de los goles también representa un paso adelante en el desarrollo del fútbol.

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Las tribunas. Este Copa del Mundo ratificó su perfil de evento global, destinado a fanáticos adinerados dispuestos a visitar al país anfitrión, y a millones que deben conformarse con verlo por las cadenas de televisión.

Estadios modernos que costaron millones, que podrían estar ubicados en Brasil, Estados Unidos, Japón o Argelia, lo mismo da. Ceremonias de apertura y clausura enlatadas, con escasos toques autóctonos. Tribunas sin hinchas negros, en país como Brasil donde esa raza junto con los mulatos representan más del 50 % de la población (97 millones de personas en total). Así se configura el no-lugar que alberga la copa, que se recicla cada cuatro años.

La FIFA tiene en sus manos un producto apetecible y redituable, y lo ofrece a su modo. Sus reglas incluyen entradas claras, exclusión de impuestos locales, flexibildad en las leyes penales  y buen trato a sus sponsors, para que por ejemplo cuenten con zonas exclusivas para la venta del merchandising oficial o puedan ofrecer cerveza en los estadios.  Los anfitriones obedecen, aun a riesgo de que el gran negocio siempre es redituable para las cuentas de la FIFA, pero no siempre para el país anfitrión. 

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Las calles. Mucho cambió en Brasil entre junio de 2013 y junio de 2014. Las marchas multitudinarias del año pasado presagiaban un escenario caótico para la Copa del Mundo, pero las profecías no se cumplieron. Cuando el balón se echó a rodar, la pasión y la energía de los brasileños se pusieron detrás del aliento a su selección y en el disfrute de la fiesta. La pelota apareció en primer lugar. Los reclamos por mejoras salariales, por el valor del boleto de colectivo y por gastos excesivos pasaron a otro plano.

Los que poblaron las calles de felicidad fueron fanáticos de Argelia, Costa Rica, Colombia, Argentina y Alemania, que fueron por miles a saludar a sus héroes de regreso a su patria, tras la buena actuación en la copa. 

En Brasil, las protestas aparecieron en cuentagotas, principalmente el primero y el último día, como si nada pudiera empañar el desarrollo del espectáculo fastuoso. En suma,  el Mundial nos recordó el poder mágico de la pelota,  capaz de pasar a un segundo plano buena parte de todo aquello que genera.

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Los escritorios. Desde hace tiempo el mundial se presenta como un acontecimiento político, económico y social, trascendiendo largamente su faceta deportiva. La FIFA no sufrió en carne propia las protestas, pero desde hace rato la asociación perdió la batalla cultural sobre su propia reputación.
Cuando los reclamos parecían contenidos y la organización aparentemente encaminada, la caída de un puente en Mináis Gerais, con dos víctimas fatales, nos recordó el caótico proceso previo a la copa. Estadios terminados contrarreloj, obreros muertos por trabajar allí, obras  de infraestructura que nunca se realizaron y otras a medio hacer. Brasil 2014 fue el Mundial más caro de la historia y estuvo lejos de ser el mejor organizado. El dinero no fue garantía de eficiencia.

La goleada de Alemania a Brasil en semifinales fue el fin de una historia que comenzó en 2007, cuando el país sudamericano recibió oficialmente la sede de la copa. Entonces, era la potencia continental con crecimiento económico a tasas chinas, que veía en el deporte un espacio más donde potenciar su expansión. Luego de 7 años, aquel sueño que esperaba terminar con el trofeo en manos brasileñas culminó con una goleada en contra y muchos de los proyectos de infraestructura inconclusos. En el medio, quedó un pueblo desilusionado que ve como aquella promesas de una vida mejor a través de la Copa del Mundo quedó lejana.

Finalmente,  un escándalo de venta y reventa de entradas que involucró a dirigentes ya personajes cercanos a la propia FIFA, como Raymond Whelan, miembro de una empresa encargada de la venta de entradas, fue el saldo final del proceso de organización y desarrollo de un Mundial que rompió el viejo paradigma de que el gran acontecimiento deportivo es apetecido y de por sí beneficioso para el desarrollo de los países.

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Tras 40 días, el mundo del futbol abandonó las banderas y retoma los escudos de los clubes.   En los escritorios de la FIFA no primarán los escándalos. El plan funcionó, la Copa del Mundo sigue siendo el producto que garantiza su negocio perfecto.  Ayer fue Brasil,  mañana será Rusia. Los últimos informes que llegan desde Moscú aseguran que en 2018 se disputará el Mundial más caro de la historia.

Aquí un video con buenos momentos de Brasil 2014: 


Los sueños de los hinchas del Coventry


Banderas de los hinchas del Coventry en la puerta del estadio de Northampton
El pasado domingo, el Coventry empató 2 a 2 ante el Port Vale, en su partido de la fecha 36 de la League One, la tercera categoría del fútbol inglés. No son buenos tiempos para el equipo, que ganó uno de sus últimos 8 partidos y se ubica a más de 30 puntos del líder Wolverhampton. 

En 2001 empezó la debacle del Coventry. Ese año, el equipo, que conoció sus años de gloria en 1987, cuando se coronó campeón de la FA Cup, descendió a la segunda categoría del fútbol inglés junto al Manchester City. El equipo de Sergio Agüero encontraría pocos años más tarde un jeque árabe dispuesto a invertir millones, que le permitirían regresar poco después a la Premier y codearse con los grandes de Europa. En 2001, el Coventry abandonó la Premier tras 34 temporadas y, lejos de remontar su destino, comenzaría un calvario que perdura hasta hoy.

Tras 10 años en la Football League Championship, la segunda categoría del fútbol inglés, no sólo el equipo no logró el esperado ascenso sino que, en 2012, bajó a tercera división tras 48 años. Los acreedores pusieron al equipo al borde de la quiebra y el Coventry comenzó la temporada siguiente en tercera con un descuento de 10 puntos. Sus deudas sumaban 60 millones de libras. El equipo ya había sufrido un descuento de puntos similar la temporada anterior, lo que le impidió luchar por el ascenso.

Sin embargo, todavía quedaban malas noticias para los hinchas. SISU, la nueva empresa propietaria del club, comunicó entonces que no podría pagar el alquiler del estadio comunal Ricoh Arena, donde disputaba sus encuentros como local, por lo que a partir de entonces jugaría en el estadio Sixfields de Northampton, a 53 kilómetros de la ciudad.

Protestas de los hinchas por las calles de Coventry
Según las encuestas, un 66 % de los fanáticos se oponían al traslado. Incluso organizaron protestas frente al ayuntamiento. Antes del comienzo del torneo, el encuentro ante el Crawley Town, por la Copa Capital One, terminó con la derrota del Coventry por 3 a 2, una invasión de campo y enfrentamientos entre los aficionados y los administradores.

El 10 de agosto de 2013, el Coventry recibió al Bristol City en el estadio Sixfields de Northampton, en su debut en la nueva temporada. Un gol sobre la hora de Daniels le dio la victoria por 5 a 4, ante la mirada de poco más de 1500 fanáticos. El club contrató autobuses para trasladar gratis a los hinchas, pero pocos de ellos los utilizaron. Algunos de ellos se reunieron fuera del estadio para instar a otros a que no ingresen. Otros se ubicaron en una colina cercana para seguir el encuentro desde allí.

Al mismo tiempo, en Coventry, un grupo de hinchas organizó un evento en señal de protesta. En el estadio Ricoh Arena, más de 5000 personas presenciaron el partido entre el Coventry City Legends, un equipo de ex jugadores, y el Midlands All Stars, que culminó 8 a 3. Los fanáticos alentaron a su equipo durante todo el partido y al final celebraron la victoria que el conjunto oficial obtuvo en Northampton.

Actualmente, el Coventry navega por la mitad de la tabla de la League One. El promedio de asistencia a sus encuentros de local apenas sobrepasa los 2000 espectadores, muy lejos de los 11 mil que alentaban al equipo en su ciudad natal la temporada pasada. Mientras tanto, los propietarios del club buscan un nuevo sitio para la construcción de un nuevo estadio. La vuelta a la Premier parece aun un sueño lejano.

Los hinchas del Coventry ven el partido desde una colina cercana:

Política, economía y seguridad en los Juegos Olímpicos de Sochi 2014

Lenin murió hace 90 años, pero su impronta e influencia alcanzan los Juego Olímpicos que se disputan desde el pasado viernes en Rusia. Si bien la ciudad existía como tal desde fines del siglo XIX, fue el líder comunista quien en 1920 creó la Administración Balnearia de Sochi, ubicada entre las montañas del Cáucaso y el Mar Negro, al sudoeste de Rusia. En la zona que recibe en estos días a la la gran cita deportiva, Lenin nacionalizó muchas de las instalaciones privadas e impulsó la construcción de grandes hoteles para albergar al proletariado soviético, junto con enormes palacios de descanso para los líderes de la revolución. Compartía su gusto por Sochi con Stalin, quien también vacacionaba asiduamente en la zona. Su residencia construída en medio de los bosques es hoy un hotel donde se puede dormir por 300 euros por noche.

Como sus predecesores, Vladimir Putín, actual presidente de Rusia, heredó el amor por Sochi. El líder pasa largo tiempo en Bochárov Ruchei, su residencia oficial, y practica deportes en la zona, como la caza y la pesca. Putín, hombre clave en la política Rusa de los últimos años, ha hecho del deporte un asunto de estado, un medio para ubicar a Rusia en el mapa internacional y una profunda fuente de negocios. Los Juegos Olímpicos de Sochi forman parte de ese plan.

Costos

En 2007, Putín encabezó la delegación rusa en Guatamala, donde la asamblea del Comité Olímpico Internacional elegiría la sede de los Juegos Olímpicos de Invierno de 2014. Entre la acciones de promoción, los rusos montaron hasta una pista de patinaje sobre hielo. Cuando Jaques Rogge anunció a Sochi como la ganadora, Putin volaba sobre el océano en el avión presidencial rumbo a Moscú. En ese entonces, el gobierno ruso calculó en 8.700 millones de euros los costos del acontecimiento pero, 7 años más tarde, esa cifra se ha multiplicado.
Putín practicando caza

El principal desafío que enfrentó Sochi fue la falta de infraestructura deportiva y social para albergar el evento, por lo que más del 80 % de las obras comenzaron desde cero. Además de las instalaciones deportivas, se llevaron adelante grandes proyectos como la construcción de un ferrocarril, un nuevo aeropuerto, el puerto de carga, grandes hoteles y la villa olímpica.

La cantidad de emprendimientos suponía un presupuesto abultado, pero los números se dispararon. Recientes informes estiman en más de 40 mil millones de dólares el presupuesto final, donde hasta un 50 por ciento de los fondos podrían contarse en corrupción. Muchas obras fueron adjudicadas a empresarios cercanos al gobierno. El costo total supera con creces la suma de las inversiones hechas en todos los Juegos Olímpicos de Invierno de la historia.

El gasto en las rutas de acceso y el ferrocarril superó en un 90 % el presupuesto original. El estadio olímpico Fisht multiplicó su costo primario más de dos veces. Según la agencia de noticias rusa Sobkor, más de 4.000 personas perdieron sus hogares para la construcción de las instalaciones olímpicas. A cambio recibieron mínimas compensaciones. Greenpeace Internacional denunció que las máquinas constructoras dañaron de forma irreversible la flora de la ribera del río Mzymta y el bosque del Cáucaso occidental, declarado Patrimonio Mundial de la UNESCO en 1999.

La seguridad de los Juegos
Una vista de la ciudad de Sochi
Los Juegos Olímpicos serán uno de los eslabones en la carrera de Rusia por posicionarse como un eje central del deporte mundial. El país recibirá en 2018 el Mundial de fútbol. El año pasado albergó el Mundial de Atletismo. Desde este año, Sochi tendrá su Gran Premio de Formula 1. En 2015, Kazan recibirá el Campeonato Mundial de Natación y en 2016 el país albergará el Mundial de hockey sobre hielo.

Pero los grandes acontecimientos no tienen como horizonte sólo la gloria deportiva. Putín impuso al deporte un condimento político, por lo que los Juegos se encuentran cruzados por los factores que atraviesan la arena política en Rusia. La seguridad es una de ellas.

Los dos acusados por el atentado en la maratón de Boston en abril de 2013 son de origen checheno, una región del Cáucaso, donde se incluye Sochi . En diciembre pasado, dos atentados en la ciudad de Volgogrado le costaron la vida a 34 personas. Detrás de ellos se encontraban grupos islamistas y separatistas del Cáucaso. En diciembre, un coche bomba estalló en la puerta de una comisaría en Pyatigorsk, en el Cáucaso Norte. Murieron tres personas. La ciudad se ubica a 250 kilómetros de Sochi.

Por esto, 40.000 policías y guardias militares protegen la ciudad. Todos los visitantes tendrán que inscribirse en la policía. Por primera vez en la historia, todos los espectadores de los Juegos son registrados con nombre y apellido.

La Política de los Juegos
Protestas contra Putín por la ley contra la homosexualidad

A las tensiones internas se suma el frente externo del estado ruso. Hace pocos días, Barack Obama confirmó telefónicamente a Putín que la Casa Blanca ofrecería asistencia militar ante el temor de atentados terroristas. Dos buques están apostados sobre el Mar Negro para evacuar a los atletas estadounidenses en caso de incidentes.

Pese a la cooperación, la relación entre Rusia y Estados Unidos no pasa su mejor momento, sobre todo después de que el ex consultor de la Agencia de Seguridad (NSA) Edward Snowden recibió asilo en en el país europeo. La cuestión de Siria también afecta la diplomacia, ya que Washington ha intentado intervenir militarmente en el país asiático, mientras que Rusia se mostró más reticente a una ataque. Los conflictos en Siria afectan al estado ruso, ya que el país asiático alberga una buena porción de ciudadanos nacidos en Circasia, una región histórica del Cáucaso ocupada por el estado ruso en el siglo XIX. Hoy, en medio de la guerra civil, muchos circasianos abandonan Damasco para regresar a su tierra original.

Sin embargo, tras prestar su apoyo en materia de seguridad, Obama anunció que entre los integrantes de la delegación norteamericana se incluirían la tenista Billie Jean King y la jugadora de hockey Caitlin Cahow, dos deportistas homosexuales.

Poco importó la reciente ley sancionada en Rusia que impone multas a los individuos acusados de repartir "propaganda a favor de relaciones homosexuales" entre niños, e incluso propone multas para los que expresen esas posturas en la prensa o internet. Las sanciones más duras llegan a la prisión o deportación por lucir, por ejemplo, los colores del arco iris en un prendedor. Anatoly Pakhamov, alcalde de Sochi, declaró recientemente: "(La homosexualidad) no se acepta aquí en el Cáucaso, donde vivimos. No tenemos gays en nuestra ciudad ".

Mientras tanto, ni Obama, ni los presidentes de Francia y Alemania participaron de la ceremonia de apertura. Allí sí estuvo Putín, quien en el afán de incrementar su prestigio político parece haber dañado excesivamente la máxima cita del deporte mundial.

Nadie gana – La violencia del fútbol argentino en 2013

Incidentes en La Plata, el día que murió Javier Gerez

En el césped, Lionel Messi es capaz de dejar atrás a cuanto rival se le interponga en el camino, pero su destreza no es suficiente para acabar con la violencia en el fútbol argentino. En noviembre pasado, el crack participó de un video contra los incidentes en los estadios. Sin embargo, sus lágrimas no pudieron detener la barbarie. En las semanas siguientes, seis fanáticos perdieron la vida en hechos relacionados con el fútbol en la Argentina. Los muertos en los últimos 12 meses sumaron 18, la cifra más alta de los últimos 45 años.

La barbarie

“Nadie gana” decía el video auspiciado por la Fundación Leo Messi y la Municipalidad de Rosario, donde se vio a un al crack entre lágrimas e imágenes de incidentes. En 2013, en el fútbol argentino vencieron la barbarie, la muerte y el negocio de las barras, que gracias a su violencia mercantil continuaron ganando su partido y aumentando el dinero en sus cuentas bancarias. Los hinchas pacíficos fueron los grandes derrotados, ante un estado incapaz de implementar políticas eficaces para garantizar espectáculos deportivos seguros.

En junio pasado, la policía bonaerense mató a Javier Gerez, hincha de Lanús, en La Plata. Pocas semanas más tarde, Marcelo Carnevale y Angel Díaz murieron en un pelea interna de la barra brava de Boca, en la previa de un encuentro amistoso ante San Lorenzo. El estado argentino implementó entonces su medida maestra: todos los encuentros del torneo local se disputarían sin hinchas visitantes.

Tragedia en Rosario, el día de las muertes de Boladian y Palacios
Así fue como San Lorenzo se consagró campeón del Torneo Inicial sin fanáticos que pudieran celebrar el título en el estadio de Vélez. Aquella noche del 16 de diciembre, el torneo argentino combinó la felicidad con la tragedia. Mientras miles de hinchas de San Lorenzo festejaban el título en Buenos Aires, dos fanáticos eran asesinado en Rosario.


Leonardo Boladian y Walter Palacios viajaban hacia Buenos Aires luego de ver el encuentro entre Newells´s, su equipo, y Lanús. Sin ninguna provocación previa, fueron atacados a balazos por fanáticos de Rosario Central, que les causaron la muerte.

Sin embargo, esta modalidad de violencia entre rivales no es la que se impone a la hora de muerte, ya que más de la mitad de los incidentes fatales de 2013 se produjeron por peleas internas en las hinchadas. Fueron 10 los fallecidos de esta forma:

  • Nicolás Pacheco (hincha de Racing, muerto en una de las sedes del club). 
  • Adrián Velázquez (hincha de Tigre) 
  • Diego Bogado (hincha de Velez, encontrado muerto en la herrería del club) 
  • Marcelo Carnevale y Angel Díaz (hinchas de Boca) 
  • Lorena Morini (hincha de Independiente, primera mujer barra muerta en la historia del fútbol argentino) 
  • Fernando Morales (hincha de Colegiales) 
  • Ronaldo Delgado y Hugo Sarmiento (hinchas de Deportivo Aguilares de Tucumán, de la cuarta categoría del fútbol argentino) 
  • Walter Larrea (hincha de Rosario Central)
Del resto de las víctimas fatales, 6 murieron a causa de enfrentamientos o ataques de hinchadas. Son ellos: 

  • Gabriel Aguirre (hincha de Newell´s atacado a balazos por fanáticos de Central, mientras caminaba con una camiseta de su equipo por la calle) 
  • Santiago Godoy (comerciante, se asomó a su negocio de venta de autos mientras hinchas de Ituzaingó se enfrentaban con la policía y murió de un disparo) 
  • Jonathan Villegas (atacado por barras de Talleres de Córdoba en un balneario) 
  • Leonardo Boladian y Walter Palacios (atacados a balazos sin provocación previa luego de un encuentro de Newell´s) 
  • Gustavo Pellegrina Criffoulier (murió de un disparo al quedar en medio de un enfrentamiento entre barras de Independiente Rivadavia y Club Argentino, durante un partido de fútbol infantil). 
Cristian Emiliano Monti

Las víctimas restantes son Javier Gerez, el hincha de Lanús asesinado por la policía, y Cristian Emiliano Monti, un futbolista de 16 años, quien murió durante el partido que jugaban Libertad y su equipo, Juvenil de Barrio Comercial, en Córdoba, por la quinta división de la liga regional. Durante el encuentro, Monti recibió una serie de golpes de tres rivales y debió ser hospitalizado. Permaneció en coma durante más de cuatro meses, hasta que miró en noviembre pasado.

No sólo muertes

Las prácticas de las barras no se manifiestan sólo con la muerte. Sin embargo, lo curioso es que muchas de sus acciones están legitimadas por distintos actores del mundo futbolístico y fuera de él.

La hinchada de Talleres de Córdoba, conocida como “La Fiel”, se nucleó hace un tiempo en una fundación homónima. En mayo de 2013, luego del campeonato obtenido por su equipo en la tercera división, la Legislatura de la Provincia de Córdoba reconoció a este grupo "por su compromiso para erradicar la violencia del fútbol". Un hecho llamativo ya que, en 2006, algunos de sus integrantes habían participado de la muerte de Matías Cuesta, un joven de 18 años asesinado en Buenos Aires cuando viajaba en tren luego de ver un partido de Atlanta.

"La Fiel", reconocida en Córdoba
Luego de la distinción, “La Fiel” incluso fue invitada a la Cámara de Diputados de La Nación para una disertación sobre violencia en el fútbol. En noviembre, sus principales miembros no honraron las menciones obtenidas y mataron a golpes a Jonathan Villegas, de 21 años, tras una discusión en un balneario de Carlos Paz. Pocas horas más tarde, la Legislatura de Córdoba resolvió dar marcha atrás y quitarle a "La Fiel" la distinción otorgada.

Otras hinchadas no recibieron tan buen trato por parte de los organismos públicos. Las barras de Boca y River son investigadas por su estrecha relación con las dirigencias de sus clubes, que contarían con un aceitado sistema para la entrega de entradas de favor para los partidos de cada equipo. Incluso 51 barras de Boca y un dirigente del club fueron detenidos. Las causas judiciales, a cargo de los jueces Manuel de Campos y Fernando Caunedo, aun continúan.

En el expediente xeneize, la justicia detuvo incluso a Pablo Migliore, entonteces arquero de San Lorenzo, por encubrir a Maximiliano Mazzaro, barra de Boca prófugo.

Causas y consecuencias

La connivencia y el apoyo que las barras bravas argentinas reciben de distintos sectores del fútbol y de otros ámbitos como la política y el sindicalismo, junto con la impunidad, son cuestiones pendientes y explican en buena parte el panorama actual. Pero muchas veces obstruyen la posibilidad de avanzar en la resolución del problema con medidas alternativas para garantizar espectáculos futbolísticos seguros. Una solución que llegará con leyes efectivas y políticas estatales eficaces, que no centren la mirada únicamente en los grupos de hinchas organizados.

En el libro “Violencia en el fútbol – Investigaciones sociales y fracasos políticos”, el sociólogo Sebastián Sustas analiza minuciosamente las leyes 23.184, 24.192, el decreto 1466/97 y la ley 26.358, que junto a otras resoluciones, conforman el soporte legal con el cual el estado argentino actúa en los eventos deportivos.

Al analizar las normas, algunas sancionadas hace más de 20 años, Sustas concluye que el propio estado argentino construye un modelo de hincha violento y predispone el escenario deportivo para el conflicto. “Todas las medidas conducen a una mayor militarización del espacio del estadio y control de los espectadores, que a las claras y según permite observar la estadística, denotan el fracaso de este tipo de medidas como forma de control de la violencia en los estadios” agrega el autor.

Como bien se revela en el trabajo, entre 1981 y 1990, el 60 % de los incidentes fatales en el fútbol argentino ocurrieron por enfrentamientos entre hinchadas rivales. Las muertes entre miembros de una hinchada eran entonces menos del 10 %. Desde 2006, esa modalidad es amplia mayoría.

El último año fue una muestra más del diagnóstico erróneo: cuando se impidió al público visitante concurrir a los estadios, las muertes, lejos de disminuir, aumentaron. Desde la prohibición de los hinchas visitantes, en julio pasado, murieron 12 personas.

Sin embargo, las normas nunca se ajustaron al nuevo panorama. Así es como el estado legisla y controla la violencia bajo la idea de que la rivalidad es la causa de la muerte. Y así gobierna en los estadios: controla, revisa, separa, siempre bajo la hipótesis de conflicto latente.

En 2012, fueron 12 las víctimas. En 2013, la cifra se elevó a 18. En toda la historia, son más de 280 los fallecidos. Números de la barbarie y muerte. ¿Nadie gana? ¿O pierden siempre los mismos?

Aquí el video de Lionel Messi contra la violencia en el fútbol:

Brasil, los megaeventos y la paz


Con Dilma Rousseff, Pelé y el cierre musical al ritmo del carnaval, Brasil pareció mostrar su mejor cara en el sorteo del fixture de la Copa del Mundo el viernes pasado. Los ídolos deportivos extrayendo las bolillas ubican al torneo más cerca de su faceta deportiva que de las cuestiones organizativas. El Mundial no se trata ya de cientos de equipos disputando partidos clasificatorios alrededor del mundo. Ya tiene nombres propios, duelos establecidos, fechas y horarios y un solo país como sede.

El sorteo de la Copa del Mundo es el evento elegido por la FIFA para encender la fiebre del máximo torneo del futbol mundial. En Costa do Sauípe, entre bellas modelos, ex futbolistas y longevos directivos, no había lugar para los sobreprecios de los estadios, las obras retrasadas, los reclamos de escuelas con standard FIFA y los desalojos masivos. Los miles de manifestantes que poblaron las calles en junio pasado, durante la Copa de las Confederaciones, no mostraron su cara esta vez.

En la última Conferencia de Play the Game, en noviembre pasado, Walter De Gregorio, director de comunicaciones de la FIFA, reconoció la preocupación del organismo por el Mundial de Brasil. La masividad que adquirieron recientemente los cuestionamientos sociales a los megaeventos y su reflejo en los medios masivos se constituyeron como una de las mayores novedades del deporte moderno. Como pocas veces en su historia moderna, la FIFA debió explicar en el último tiempo por qué un Mundial es bueno para un país, lejos de la visión que presupone que los estados nacionales hacen cola para recibir al máximo torneo del fútbol mundial.

Las últimas informaciones no muestran la mejor cara de los megaeventos. Los Juegos Olímpicos de Sochi, que se disputarán en febrero próximo, fueron catalogados como los más costosos de la historia, con gastos cercanos a los 50 mil millones de dólares, con sobreprecios en las obras, contratos a amigos del poder y pago de coimas. Rusia, que también recibirá el Mundial de 2018, enfrenta denuncias por homofobia. Qatar, sede de la Copa del Mundo de 2022, recibió duros cuestionamientos luego de un informe del periódico inglés The Guardian, que mostraba las extremas condiciones de los trabajadores del emirato, con sueldos bajísimos, derechos cercenados y decenas de muertos recientes.

Hace pocas semanas, los habitantes de Múnich rechazaron por mayoría en un plebiscito la posibilidad de organizar los Juegos Olímpicos de invierno de 2022. La campaña oficial contaba con el apoyo de Franz Beckenbauer, el Bayern Múnich, la multinacional Siemens y al gobierno regional. Quienes sí se pronunciaron a favor de la candidatura de su ciudad fueron los habitantes de Oslo, que en septiembre apoyaron en una votación la postulación de la capital de Noruega.

En Play the Game, Saint-Clair Milesi, el jefe de comunicaciones del Comité Organizador de Brasil 2014, se esforzó por retrucar los distintos cuestionamientos a la organización del Mundial y los excesos en los gastos. Pero recientes informes elevan los costos en construcción o reformas de los 12 estadios mundialistas a 3.400 millones de dólares, más que la suma de los gastos de Alemania y Sudáfrica en los recientes mundiales.

En Costa Do Sauipe, antes del sorteo, Blatter invitó a los fanáticos a rezar para que la organización culmine a tiempo las obras y las manifestaciones permitan el normal desarrollo del Mundial. Resonaban fuerte aun las recientes muertes de dos operarios en el Arena Corinthians de São Paulo, por la caída de una grúa. Antes, se habían registrado dos accidentes fatales relacionados con obras en los estadios de Basilia y Manos, con dos víctimas.

Cuando el sorteo y el fixture intentaban levantar la fiebre mundialista, los violentos incidentes entre los hinchas de Atlético Paranaense y Vasco Da Gama de este fin de semana parecieron volver a la Copa del Mundo a su esfera de conflicto. Los enfrentamientos dejaron al menos cuatro heridos graves. El partido estuvo suspendido durante una hora, pero pese a todo lo sucedido se reanudó.

La violencia en los espectáculos futbolísticos  de Brasil no han sido objeto de cuestionamiento serio para la FIFA. Sin embargo, hasta julio de esta año, Brasil registraba 13 hinchas fallecidos. El año pasado, murieron 23. Faltan poco más de 180 días para que la pelota se eche a rodar. Como afirmó Blatter, será cuestión de rezar para que el Mundial se dispute en paz.