24 de marzo

El aniversario del Golpe de Estado que hoy se conmemora es útil para recordar una época negra de la historia argentina que nunca debería repetirse. La dictadura militar que gobernó el país entre 1976 y 1983 no sólo desató una feroz represión interna e hizo desaparecer a 30 mil personas. También puso en marcha un plan económico desindustrializador, que puso al sector financiero como eje de la economía. Además, la dictadura hizo especial hincapié en perseguir a personajes de la cultura y las artes, de modo que la ideología no se viera empañada por ningún tipo de oposición. En este plan siniestro, el fútbol tuvo una activa participación, con un pico en la Copa del Mundo de 1978, que ganó la Selección Nacional. Mientras Kempes marcaba los goles en el Estadio Monumental, miles de secuestrados eran torturados a pocas cuadras de allí, en la Escuela de Mecánica de la Armada. La fiesta popular convivió durante un mes con las desapariciones y el horror más profundo.

Pero el Mundial no fue el único momento en que el gobierno militar puso sus ojos en la pelota. Más bien fue un momento entre tantos otros. Los militares aprovecharon la pasión y el arraigo popular que el fútbol tiene en la Argentina para llegar a lo más profundo de la sociedad y generar fervor en el pueblo. Un buen ejemplo de esta situación es el caso del club Talleres de Córdoba. La institución de Barrio Jardín, comandada en ese entonces por el presidente Amadeo Nuccetelli, tuvo estrechos lazos con Luciano Benjamín Menéndez, jefe del III Cuerpo de Ejército, quien era hincha de la T. Menéndez desempeñó diversos altos cargos entre 1975 y 1979. Fue el encargado de dirigir las acciones de las Fuerzas Armadas contra la guerrilla en 10 provincias del país y responsable de todos los campos de concentración que funcionaron en las provincias que abarcaba el III Cuerpo. Entre ellos estaba "La Perla", ubicado a 15 km. de Córdoba, por donde pasaron más de 2.200 personas. Menéndez supervisó y dirigió personalmente las torturas y los fusilamientos.

El 23 de junio de 1976, los diarios cordobeses daban cuenta de un partido amistoso entre Talleres, en ese entonces puntero de la Liga Cordobesa y participante del Torneo Nacional, y el Comando III Cuerpo del Ejército, cuyo equipo estaba formado por oficiales, suboficiales y soldados. El encuentro terminó con victoria de Talleres y fue presenciado por los generales Menéndez, Vaquero, Sasiaiñ, quienes entregaron a Nuccetelli un presente como recordatorio del partido, que transcurrió en absoluta camaradería.

Pero el jefe del III Cuerpo no era el único uniformado interesado en que el equipo cordobés tuviera una buena performance en los campeonatos de fútbol. El brigadier Adolfo Sigwald, interventor federal de Córdoba, convocó una noche de urgencia a las autoridades de la liga local a la Casa de Gobierno: “No es una presión, pero es una obligación para con el interés de la gente que Talleres vaya al Metropolitano” les dijo a los dirigentes, que en esas horas discutían si la T debía incorporarse al Campeonato Metropolotano de 1980, que jugaban los equipos de Capital y Gran Buenos Aires. Sigwald logró torcer la voluntad de los directivos, que no querían autorizar la participación del club cordobés en el torneo. La Liga local sería intervenida poco después.

Pero el momento de gloria para Talleres llegó en enero de 1978, cuando disputó ante Independiente la final del Campeonato Nacional. Las finales no sólo definirían el campeón argentino, sino que Amadeo Nuccetelli y Julio Grondona, los presidentes de las instituciones, se jugaban sus chances de acceder a la presidencia de la AFA que dejaría Alfredo Cantilo.

El partido de ida se jugó el 21 de enero de 1978 en Avellaneda y terminó 1 a 1. El resultado favorecía a los cordobeses, ya que en caso de empate en puntos y diferencia de gol, el tanto de visitante valdría doble. La revancha se disputó en Córdoba cuatro días más tarde. Toda la ciudad estaba preparada para la fiesta. Los diarios cordobeses tenían casi listas las ediciones especiales con el triunfo de Talleres para salir a la calle una vez finalizado el partido.

Independiente empezó ganando 1 a 0 con gol de Outes. A los 15 minutos del segundo tiempo, el árbitro Barreiro cobró un dudoso penal para Talleres tras una mano de Pagnanini. Cherini lo cambió por gol. Casi en la media hora, Bocanelli marcó un gol con la mano que el árbitro convalidó, lo que generó grandes protestas de los jugadores de Independiente. Trossero, Larrosa y Galván fueron expulsados. Con tres jugadores más en el campo, Talleres tenía todo servido para festejar. En las tribunas, Menéndez y compañía ya palpitaban la victoria. Pero a los 38 minutos, Pagnanini le dio la pelota a Bochini en el medio del campo. Eludió a un rival y se la tocó a Bertoni, que se la entregó a Biondi. Éste eludió al arquero rival y tiró el centro para que Bochini marcara el empate y el diera el campeonato a Independiente. "Yo supe que el general Luciano Benjamín Menéndez, que entonces era el gobernador de Córdoba, estaba muy interesado en que Talleres saliera campeón. Y ese partido fue muy raro, muy raro…" recordaba tiempo después el Bocha.

Pese a que Menéndez no pudo festejar, Talleres no fue el único equipo argentino que recibió la influencia del poder militar. Jorge Rafael Videla, Emilio Massera y Orlando Agosti fueron nombrados socios honorarios de River por el presidente Rafael Aragón Cabrera en Mayo de 1978. También se hicieron con el mismo privilegio ese año Osvaldo Cacciatore (intendente de la Ciudad de Buenos Aires), Antonio Merlo (gobernador de Tucumán) y Carlos Lacoste (integrante del Ente Autárquico Mundial ´78). Roberto Viola también fue nombrado socio honorario de River en 1981, cuando era presidente. Esos honores recién fueron retirados 14 años después de la vuelta de la democracia. Carlos Guillermo Suárez Mason, comandante del I Cuerpo de Ejército entre 1976 y 1979, tuvo una influencia importante en Argentinos Juniors, especialmente acercando fondos para que el entonces joven Diego Maradona permaneciera en la institución hasta 1980, pese a que era codiciado por clubes poderosos.

Seguramente estas son historias mínimas entre tanto horror y tanta muerte que vivió la Argentina. Pero sirven para ver la impunidad con que los militares actuaron en los distintos ámbitos de la sociedad civil, decidiendo sobre el destino de sus individuos. En esa parte de la historia, el fútbol ocupa un lugar bien pequeño.

5 comentarios:

  1. Que bueno el dato. Ese partido lo tenía como histórico, por el hecho de revertir la situación como visitante, con tres menos y en una final. Ahora, un complemento. Uno mucho más trascendente, que no sólo sirve para pensar, sino también para sentir, para sentir un insuficiente alivio porque haya ganado Independiente.

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  4. Época penosa del país. Pensar que un resabio de esa época aún continua presidiendo el fútbol de este país.
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