Malvinas

La Guerra de Malvinas, durante los poco más de dos meses que duró, invadió todos los estratos de la sociedad argentina. No era de extrañar que hasta el fútbol, pasión popular ya en aquel tiempo, se incorporara como un eslabón más en la cadena de apoyos a la gesta.

Sin embargo, en la década del ´70, la relación de la Argentina con las Malvinas era diferente a la que conocemos hoy en día. Existían vuelos regulares a las islas, servicio del correo argentino e incluso muchos isleños viajaban al continente a pasar sus vacaciones. Se habían registrado ciertas conversaciones diplomáticas que planteaban un período de acercamiento con los isleños antes del retorno de la soberanía argentina, que podría ser en 30 años.

La Junta Militar argentina tenía con el gobierno inglés una relación comercial que incluía la importación de una amplia gama de elementos bélicos, como armas, aviones, helicópteros y barcos. Dentro del cuerpo de dictadores, el almirante Emilio Massera tenía en mente desde su llegada al poder un plan para invadir las Malvinas.

El 28 de marzo de 1982, las tropas argentinas llegaron a Puerto Belgrano. El 2 de abril tomaron posesión de las islas y dejaron atrás cualquier intento de retomar el control por la vía diplomática. A la vez, enviaron a la muerte a cientos de chicos convertidos en soldados. Ese día, Central Norte de Salta derrotó 1-0 a Mariano Moreno, en el inicio de la fecha 9 del Torneo Nacional. Al día siguiente, en Inglaterra se jugaba la semifinal de la FA Cup entre Tottenham y Leicester. En el mismo ejemplar donde se anunciaba el partido, el diario The Sun tituló: “Estamos en guerra”. El argentino Osvaldo Ardiles, estrella del Tottenham, recibió silbidos de sus rivales y la ovación de sus seguidores. Los efectos de la batalla estaban ahí, a miles de kilómetros, en el centro del estadio. En Argentina, la AFA resolvió incorporarse al espíritu nacional y llamó "Malvinas Argentinas" al torneo Metropolitano 1982. Una semana más tarde fue renombrado como "Soberanía Argentina en las Islas Malvinas".

La revista argentina Goles contó en sus páginas el día a día de la guerra. El semanario El Gráfico donó mil ejemplares para los soldados del país. El plantel argentino fue fotografiado con un cartel que decía “Las Malvinas son argentinas”. Jóvenes futbolistas como Luis Escobedo, Osvaldo De Felippe y Gustavo De Luca fueron enviados al campo de batalla.

El 13 de junio, en la inauguración del Mundial de 1982, Argentina perdió 1-0 contra Bélgica. Un día después, los generales argentinos firmaron la rendición. La Guerra duró 74 días y dejó 649 argentinos muertos. Margaret Tatcher, Premier inglesa desde 1979 y en franca decadencia antes de la guerra, pudo continuar en el poder hasta 1990. La Junta Militar argentina iniciaba su retirada definitiva. Enfrentados al sur, los equipos nacionales de Argentina e Inglaterra compartieron en el Mundial de España la eliminación en la segunda ronda. Alemania despachó a los ingleses y los argentinos se fueron derrotados por Italia y Brasil.

Los efectos de la guerra llegaron hasta el Mundial siguiente y el deporte se convirtió en un espacio fértil para dirimir otras disputas. Algunos dirigentes peronistas demandaron el retiro del equipo argentino de la Copa del Mundo de México, en reclamo por la soberanía de las islas.

La nutrida barra brava argentina que viajo a hasta el norte estaba formada por hinchas de Boca, Estudiantes, Chicago, Vélez y Chacarita. Como bien reseña Gustavo Grabia en su libro “La Doce”, los fanáticos locales no tenían buena relación con los argentinos. “Vamos a estar con ustedes cuando recuperen las Malvinas” les dijeron. En el partido ante Paraguay, los hinchas ingleses prepararon el terreno para la batalla al grito de: “Traigan a los argentinos, queremos otra guerra”.

Tras un enfrentamiento con los mexicanos, para los barras argentinos llegó el gran duelo con los hooligans. La batalla tuvo lugar en la esquina de las avenidas Reforma y Revolución, del Distrito Federal. Los argentinos repartieron más de lo que recibieron y se llevaron la victoria, traducida en banderas inglesas que exhibirían luego en los estadios mexicanos y argentinos.

En la cancha, un Maradona inolvidable le dio la victoria a la Argentina sobre Inglaterra en cuartos de final por 2 a 1. Como los barras, algunos medios periodísticos siguieron con la mezcla de la guerra y el deporte. El diario The Sun dijo tras el partido: “¡Afuera! Los argentinos se tomaron revancha”. El argentino Crónica tituló: “Malvinas 2 – Inglaterra 1” y agregó: “El que le roba al ladrón tiene 100 años de perdón”.

A 29 años del inicio de la guerra, nada podrá curar las heridas de las armas. Ni una victoria deportiva, ni un enfrentamiento cuerpo a cuerpo. Bien sotiene una frase de la película “La delgada línea roja”, Terrence Malick: “No hay nada que te haga olvidarla, aunque vuelvas a empezar de cero, la guerra no ennoblece a los hombres, los convierte en bestias. Corrompe su espíritu”.

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