El avión y la ilusión

"Estamos seguros que vos y el 'Barba' (Dios) traen la Copa, fuerza Diego", decía una de las banderas apostadas al costado del camino por donde pasó el micro de la Selección Argentina. Centenares de personas esperaron desde temprano la salida de los jugadores desde el predio de Ezeiza hasta el aeropuerto. Cantaron, tiraron papelitos, saludaron. “Un Diego son dos Pelé” se leía en otro trapo. Los dos autobuses que llevaban a la delegación fueron escoltados por policías hasta la pista. 64 personas en total, entre dirigentes, cuerpo técnico, sparrings y demás, ya están en el aire y llegarán a suelo sudafricano mañana por la mañana.

Por repetido el hecho no deja de ser trascendente y hasta conmovedor. Gente congregada solo para ver pasar a sus ídolos, intentando retener en la mente alguna rápida imagen y buscando trasladar la ilusión propia hacia los verdaderos protagonistas de la historia: los jugadores. Porque en el avión que despegó viaja un poco de cada uno de los argentinos amantes del fútbol, que ante cada Copa del Mundo renuevan la esperanza de llegar a lo más alto.

País de Tercer Mundo, Argentina ve en el fútbol un espacio donde su lugar simbólico se ubica entre la elite y va al Mundial a intentar ganarlo, de la mano de estrellas que brillan en los principales clubes del mundo. Quizás por eso sea hasta emocionante ver la partida de los jugadores, pasando entre la gente antes de dejar el país. Porque allí se van los representantes del fútbol argentino, ése que es pasión de multitudes. Pasiones que devienen aliento uniforme detrás de un sólo equipo, durante un mes cada cuatro años.

Los futbolistas ya pasaron por la Puerta B de la Terminal A del aeropuerto de Ezeiza y abordaron el vuelo SAA 227 con destino Johannesburgo. Una nueva historia mundialista empieza a escribirse. “Ultima parada, la gloria” dirá el micro que los reciba en Sudáfrica. Esperemos que se cumpla el deseo.

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