Intenciones y Lecciones

El Brasil de Dunga que ayer le ganó a Argentina por 3 a 1 rompe día a día con el histórico mito del jogo bonito. Dos goles de pelota parada y uno de contraataque podrían formar parte del repertorio de cualquier selección de medio pelo, pero fueron las armas que la verde amarela utilizó para imponerse en la noche rosarina. Con eso, más la seguridad de su arquero Julio César, la solidez de su defensa y el buen trato del balón, le alcanzó para llevarse el triunfo del Gigante de Arroyito.

Argentina parece ser un equipo plagado de buenas intenciones que se quedan a mitad de camino. Y eso se refleja en todas sus líneas. Pese a jugar ante un potencia como Brasil, ayer el equipo de Maradona no sufrió mucho en defensa, pero marcó muy mal en las pelotas paradas; controló bien a los volantes de creación rivales como Kaká, pero recibió tres goles; tuvo buena circulación de pelota en tres cuartos de cancha, pero no profundizó su juego; pobló la zona de ataque con muchos hombres, pero le costó mucho tener presencia firme en el área rival. Así se llevó una derrota que complica su clasificación al mundial. Argentina debe sumar seis puntos de los nueve que quedan. No es imposible, pero hay escaso margen de error.

El desarrollo del encuentro derribó por un rato la idea de que los partidos se ganan en el centro del campo. Ayer Argentina no pasó grandes sobresaltos en ese sector de la cancha, pero perdió en las áreas, donde Brasil llegó poco, y marcó mucho, y a donde Argentina se arrimó bastante y sólo pudo anotar una vez. Esta falta de gol ya es un karma para los dirigidos por Maradona. En los últimos cuatro partidos por Eliminatorias, Argentina anotó 3 goles y recibió 11. De esos 3 tantos marcados, dos fueron con remates de afuera del área (Lucho González a Bolivia y Dátolo ayer) y el restante de pelota parada (Cata Díaz a Colombia). Muy baja performance para un equipo que entre sus atacantes cuenta, sin orden de valoración, con Messi, Agüero, Tévez, Milito, Lisandro López, Palermo, Higuaín, Crespo y Lavezzi, entre otros.

Argentina ayer intentó mover a Messi sobre el centro del ataque, cómo a veces lo hace en Barcelona, con la intención de alejarlo de la línea lateral y así quitarle referencias a los defensores brasileños. Lo mejor de Lionel fueron algunos de sus clásicos arrestos individuales, pero siempre poco acompañado. Sin una gran actuación, fue por el lejos el que más inquietó a la defensa brasileña. Ya parece ser el resto del equipo el que no está a su altura. Cuando ayer se lo veía apilar defensores, costaba explicar por qué a la Selección Argentina todo le cuesta tanto en ataque si hay un jugador que hace tanta diferencia. Con Messi ya desdibujado y sin Maxi Rodríguez en cancha, en el segundo tiempo muchos de los ataques locales recayeron sobre un defensor con poca técnica y mucho empeño como Heinze, que con espacios se proyectó continuamente pero no logró generar muchos peligro.

La última lección que dejó el encuentro de ayer es que lo que sucede adentro siempre es más importante que lo de afuera. La cancha de Rosario Central presentó un gran marco para un gran partido y es saludable que la Selección Argentina salga de Buenos Aires, pero los hinchas, al menos por ahora, no juegan los partidos y, si bien pueden dar ánimo a sus jugadores e influir sobre los rivales, el fútbol es un deporte donde gana el que más goles anota. Para eso hay entrenar, formar buenas sociedades dentro del equipo, estudiar a los rivales, planificar los partidos, tocar la pelota, gambetear, marcar y llevar el balón hasta la red del arco contrario. Mientras pensemos que sólo alcanza con los discursos motivadores y con que los hinchas estén más cerca, todo será cuesta arriba. Esas son cuestiones accesorias. Con buenas intenciones pero sin patrón de juego, todo se hace cuesta arriba.

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