Las Elecciones y el Deporte


Muchas veces utilizado como herramienta de legitimación, los vínculos entre estado y deporte no se presentan tan claros a simple vista. Así como el deporte excede largamente a los organismos estatales, es el estado un organismo capaz de generar políticas deportivas que no solamente incluyan el deporte de alto rendimiento. Pero no sólo desde los despachos oficiales pueden partir este tipo de propuestas. Muchas veces el camino es inverso.

El filósofo y ensayista español José Ortega y Gasset afirmó que el origen del Estado podía buscarse en el deporte. Esta idea podría explicar en parte el nacimiento de la organización social de los pueblos primitivos, que vivían en aldeas a partir de la caza y la recolección en la etapa paleolítica.

Ortega clasificó a las actividades humanas como espontáneas (aquellas que los hombres realizan por gusto) y utilitarias (las que hacen por necesidad).El autor coloca en un nivel superior a las actividades espontáneas, donde aparece el deporte, por encima de las tareas utilitarias, donde se ubicaría el trabajo. Lo deportivo en este caso se refiere a la recreación, al juego, a la competición y a la lucha.

El filósofo español centra su análisis en los hombres jóvenes de las aldeas, cuyas actividades son en general lúdicas, divertidas, donde juega un papel primordial la búsqueda de mujeres jóvenes ajenas a su entorno. Para lograr este objetivo, llevan un régimen de vida que incluye el entrenamiento para los combates, el perfeccionamiento en la destreza de la caza, los ejercicios físicos y las competiciones rituales. Aquí es donde aparece lo deportivo.

A partir de este proceso surgen los consejos y autoridades que regulan y promueven este tipo de actividades. “La primera sociedad es esta asociación de jóvenes para robar mujeres extrañas al grupo consanguíneo y dar cima a toda suerte de bárbaras hazañas. Más que a un Parlamento o Gobierno, se parece a un Athletic Club”. La juventud y sus actividades deportivas constituyen un punto de partida del gran proceso político.

Ya en la Grecia Antigua, Aristóteles hablaba de los efectos restauradores del gozo recreativo. La recreación provoca emociones diversas, muchas veces emparentadas con otras que nos suceden en la vida (alegría, miedo, compasión, odio, celos) pero de un modo menos perturbador. El deporte muchas veces nos genera un tipo de tensión-emoción agradable, propias de la actividad realizada.

La imágenes que tenemos del Estado Argentino en relación al deporte se vinculan en general con sus intentos fallidos de combatir la violencia en el fútbol y con las medallas que se consiguen (o no) en los Juegos Olímpicos. Pero ya vimos que desde tiempos lejanos la práctica deportiva organiza la vida de los hombres, nos conecta con otras personas, nos cambia cómo individuos. Por eso en estas épocas de elecciones legislativas, donde la política nos recuerda que puede ser una herramienta de transformación de la sociedad, sería interesante pensar que las actividades deportivas (y las políticas deportivas) pueden ser una manera de generar cambios sociales, de conectar entre sí a los chicos, de cambiar la vida de los grandes.

Una vez el político y poeta portugués Manuel Alegre se preguntó qué cambiaba con el fútbol. La respuesta que encontró fue ésta: “El fútbol cambia el espíritu, y si el espíritu cambia, cambia todo”.

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