Ucrania, Polonia y el contexto de la Euro 2012

“Creo que, por primera vez en mucho tiempo, una competición de selecciones nacionales va a ser libre y claramente aceptada como un oasis, una tregua, un paliativo, una evasión de la realidad, un mundo falso y paralelo, un bienvenido opio”
Javier Marías, escritor español

La Euro 2012, el torneo que agrupa a las selecciones europeas que comenzó el pasado viernes, se disputa en medio de la crisis política, económica y social que envuelve al Viejo Continente desde 2008 y que se ha profundizado en los últimos meses. El exterior ha penetrado con fuerza en el césped. Mientras la Unión Europa vive momentos de fuertes disputas internas, las selecciones de fútbol de sus países miembros de encuentran en el césped para medir fuerzas en el fútbol.

El campeonato que se disputa en Polonia y Ucrania carga además con las dificultades propias de un gran acontecimiento trasladado a lugares exóticos para este tipo de competencias. El crack financiero afectó los presupuestos originales y la marcha de las obras, al punto que en abril de 2010 el presidente de la UEFA, Michel Platini, dio un ultimátum de dos meses al gobierno de Ucrania para que ofreciera garantías de que terminaría a tiempo los estadios.

Como si eso fuera poco, hasta hace pocos días, los grandes titulares referentes al torneo daban cuenta de las frecuentes prácticas racistas presentes en ambos países, de los precios exorbitantes de los hoteles, de la escasa demanda de entradas y de un posible boicot político liderado por Alemania ante la falta de libertades políticas existentes en Ucrania. Incluso existieron protestas nudistas para denunciar que el torneo fomentaría el turismo sexual en ambos países.

La corrupción y el gasto
Ocho son los estadios que albergan al torneo, de los cuales seis se construyeron a nuevo y dos fueron remodelados. El costo global sólo para la infraestructura deportiva alcanzó los 3 mil millones de euros, con amplia mayoría de dinero aportado por las arcas estatales. Según cálculos extraoficiales, en total Ucrania invirtió cerca de 14 mil millones de euros para la competencia, mientras que Polonia habría desembolsado cerca de 26 mil millones. Las cifras asustan en un continente con más de 24 millones de desocupados.

En el reparto de las dificultades organizativas, la peor parte correspondió a los ucranianos, que cargaron con múltiples problemas para afrontar la competencia. Pero más que los problemas para conseguir recursos y los atrasos en las obras, los escándalos quedaron registrados en las más de 120 denuncias judiciales relacionadas con irregularidades en las obras de infraestructura, según reconocieron fuentes del propio gobierno.

El Poder Ejecutivo ucraniano otorgó muchas de las obras proyectadas a empresarios amigos, sin licitación previa. El gobierno justificó estas acciones por la escasez del tiempo y la necesidad de ejecutar los proyectos con rapidez. Pero legisladores opositores denunciaron el pago de comisiones para la adjudicación de los contratos. Incluso mencionaron que el presupuesto original de Ucrania para la competencia se multiplicó por 10.

Entre otros ejemplos de gastos exorbitantes, el periodista Marcos Rachkevych reseña que, en la ciudad de Kharkiv, 10 bancos de madera para una estación de metro costaron 80 mil euros. Más de 18 millones de euros se destinaron para construir un helipuerto a 150 kilómetros Kiev. Además, el gobierno inició la construcción de tres pistas de patinaje sobre hielo a un valor de 11,5 millones. Semejante nivel de gasto se da en un país con un 26 % de la población por debajo de la línea pobreza.

El gobierno polaco mantuvo un plan de mayor austeridad, que terminó por afectar a algunas de las empresas contratadas para realizar las obras. Recientemente, PBG, la tercera mayor empresa constructora de Polonia, y una importante contratistas de la Euro 2012, se declaró en bancarrota debido a problemas de liquidez derivados de los contratos de infraestructura vial. La constructora Covec, que ganó la licitación para proyectar dos rutas importantes del país, perdió su acuerdo el año pasado después de no poder pagar a sus subcontratistas. La empresa que se hizo cargo de la obra se declaró en bancarrota a principios de este año.

El boicot
A los problemas económicos propios de la organización del torneo, se agregaron en los últimos meses disputas políticas. Yulia Tymoshenko es una ex primera ministra ucraniana, quien actualmente cumple una condena en prisión por malversación de fondos. Opositora al gobierno actual, encabezado por Viktor Yanukovych, Tymoshenko denunció una persecución política del gobierno nacional y maltratos en la cárcel. Como medida de protesta, inició una huelga de hambre.

La canciller alemana, Angela Merkel, denunció públicamente el caso y amenazó con un boicot al torneo. “La situación de Ucrania no refleja mi visión de la democracia, los derechos humanos, la libertad individual o la de prensa. Cómo trata el régimen a Yulia Timoshenko no tiene nada que ver con mi concepción de la democracia. Es un Estado joven que no cumple los estándares de libertad y derechos humanos”, analizó Philip Lahm, capitán de la selección alemana.

El futuro
Para la Euro 2004, organizada en Portugal, el estado luso gastó cerca de 1000 millones de euros en la construcción y reforma de 10 estadios. La inversión fue de casi el doble de lo estimado en los presupuestos originales. Menos de la mitad de los estadios que recibieron los millones se utilizan hoy frecuencia y rara vez lucen llenos, como un informe reciente de la organización “Play the game”.

Semejante desembolso de dinero pesa hoy en las frágiles cuentas del estado. Portugal, una de los países europeos más golpeados por la crisis, tiene un 15 % de desempleo, 25% de su población está bajo la línea de pobreza y vive una fuerte recesión económica. En los últimos 7 meses ya se produjeron dos huelgas generales.

Polonia y Ucrania invirtieron casi tres veces más que Portugal. A veces por intentar cumplir los requisitos de la UEFA para poder recibir un gran torneo, se invierten miles de millones que después pierden todo sentido. Se van las multitudes, queda el cemento silencioso, el vacío, la pasión ausente. Pero hoy no hay tiempo para eso. Hoy es tiempo de los cánticos fuertes, de los goles, de las ilusiones. Porque, como escribió Javier Marías, “un campeonato como el que va a comenzar no nos engaña, nos alivia tan sólo, y eso ya es mucho en los tiempos oscuros”.

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