Las luchas de los hinchas tras la revolución en Egipto

Tras su activo papel en la caída del presidente Hosni Mubarak y la tragedia futbolística de Port Said de febrero pasado, donde murieron 74 personas, los grupos de hinchas organizados de Egipto se han constituido como actor considerable de la escena nacional, respetado por algunos y denostado por otros. Jóvenes, activos y rebeldes, los candidatos a la segunda vuelta presidencial los seducen o los denostan, pero en ningún caso los ignoran, como una muestra de la importancia que han adquirido en los últimos meses.


El pasado lunes, la Comisión Electoral de Egipto confirmó el resultado de las últimas elecciones presidenciales, celebradas el 23 y 24 de mayo. El 16 y 17 de junio, el candidato de los Hermanos Musulmanes, Mohamed Mursi, se enfrentará en la segunda vuelta al último primer ministro de Hosni Mubarak, Ahmad Shafiq. En la primera ronda, Mursi obtuvo 24,7% (5.764.952) de los votos mientras que Shafiq 23,6% (5.505.327).

Para el ballotage, Mursi, recibió el apoyo del partido fundamentalista salafista más importante, Al Nur. Por su parte, Shafiq es acusado por sus adversarios de ser el candidato de los militares, que dirigen el país desde que Mubarak dejó el poder en febrero de 2011. Un férreo partidario del islam y un militar participante del régimen derrocado son las opciones que tienen los egipcios para decidir su próximo presidente. Muchos jóvenes que participaron del derrocamiento de Mubarak acusan a los Hermanos Musulmanes de tener un pacto secreto con los militares.

Por su parte, las distintas organizaciones revolucionarias no pudieron unirse en una plataforma común. Para las elecciones presidenciales, muchos confiaban en la candidatura de Mohamed el Baradei, premio Nobel de la Paz, pero se bajó meses antes de los comicios. Sin embargo, aún existen posibilidades de un apoyo del movimiento 6 de abril, el más numerosos conformado luego de la caída del presidente, a los Hermanos Musulmanes, con la idea de formar un gobierno de coalición que respete sus demandas, entre las que se destacan la formación de una Asamblea Constituyente para la redacción de una nueva constitución.

Pese al proceso eleccionario, las manifestaciones continúan en las calles. A comienzos de esta semana, las oficinas donde estaba instalado el equipo de campaña de Shafiq fueron totalmente saqueadas. Días ante de la primera vuelta, distintas manifestaciones terminaron con muertos y heridos.

Los grupos de hinchas de fútbol tuvieron un papel importante en la caída de Mubarak, al punto que el filósofo israelí Avishai Margalit dijo luego de las revueltas: “La revolución egipcia ha nacido en los campos de fútbol del Al Ahly (uno de los más importantes del país)”. Habían combatido durante años en los estadios al régimen de Mubarak. En los alrededor de la plaza Tahrir, mientras miles de personas reclamaban la salida del presidente, los ultras pusieron el cuerpo para luchar contra las fuerzas de Mubarak y se ganaron el respeto de los manifestantes tras la caída del presidente. Pusieron el cuerpo y su destreza aprendida en los estadios para luchar contra la policía y el ejército.
La tragedia de Port Said, ocurrida el 2 de febrero pasado, fue el exponente máximo de la importancia política de estos grupos. Allí, fuerzas paramilitares atacaron a los hinchas en pleno partido y causaron la muerte de 74 personas. La masacre quedó como un testimonio de los conflictos latentes en la sociedad pese al cambio de gobierno y las dificultades de encontrar la paz y la properidad.

Como una muestra de las dificultades de articulación de las distintas fuerzas participantes en la caída de Mubarak, los ultras fueron perdiendo el respaldo ganado tras sus actuaciones en la plaza Tahrir. Fanáticos del Al Ahly y el Zamalek, rivales en la cancha, marcharon solos por El Cairo para exigir justicia por la tragedia de Port Said, mientras se enfrentaron violentamente con las fuerzas de seguridad. Mientras tanto, los medios de comunicación estatales los mostraban como responsables de los conflictos surgidos luego de la revolución y hasta insinuaban sus culpas en el declive económico del país. Mientras tanto, la liga sigue suspendida tras los incidentes de febrero.

A la caza de votos para alcanzar la presidencia, Mursi centró su campaña en la islamización, mientras Shafiq se centra en la seguridad urbana. Ambos buscan los votos revolucionarios. Allí se encuadran los castigados hinchas, deseosos como todos de justicia y bienestar en el futuro.

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