El legado de Verón

Juan Sebastián Verón en su último partido
La camiseta número 11 de Estudiantes de La Plata nunca más volverá presente en un campo de juego. Fue tal la influencia y la impronta que dejó Juan Sebastián Verón en el club platense, que nadie más podrá lucir su dorsal en un partido oficial. Una decisión simbólica pero una clara muestra de la huella imborrable que dejó el crack en el club. No son muchos los equipos argentinos que pueden gozar de verdaderos ídolos en este momento de la historia. Estudiantes fue hasta este fin de semana uno de ellos.

"Yo nací en Estudiantes. Acá crecí y viví todo, los mejores momentos y otros no tanto; en definitiva, lo que hace la carrera de un futbolista", dijo Verón luego del partido. Su despedida es trascendente porque se va un jugador símbolo, apegado a los colores más que a las ansias de dinero, que tras un paso importante por Europa hizo su quinta en Estudiantes y selló para siempre el amor con los hinchas.

"Se retira el jugador. Nace la leyenda", se leía en una de las banderas en el Estadio único de La Plata el pasado sábado, en el partido ante Olimpo. Cuando retornó al equipo en 2006, ya era cierta la posibilidad de ingresar en el olimpo. En ese entonces no figuraba en el plantel que disputaría el Mundial de 2006, pero ya simbolizaba al crack triunfador en Europa que elegía volver a su país con mucho para dar. No se decidió por una jubilación de privilegio en ligas millonarias de medio oriente. Aun podía ser titular en cualquier equipo de primer orden, pero se decidió por el pago chico, por el club que lo había visto nacer.

La idolatría definitiva con los fanáticos se selló cuando de su mano Estudiantes se convirtió en equipo capaz de discutirle los títulos a los grandes del país y del continente. Hizo de un conjunto que en los últimos años estaba poco habituado a ilusionarse con grandes cosas un equipo que celebró la Copa Libertadores en 2009 y los títulos del Apertura 2006 y el de 2010. Estuvo a un minuto de consagrarse campeón del mundo ante el Barcelona. Pero además, siempre participó de la conversación de los títulos domésticos. Verón llevó su estirpe de grandeza a todo el equipo y la declinación del conjunto platense en los últimos tiempos fue la misma caída de su crack, víctima de lesiones recurrentes en los últimos tiempos y con poca continuidad en la cancha.

Sus valores como futbolista quedaron expuestos en el césped. Pegada precisa de media y larga distancia, perfecta comprensión de las necesidades de cada jugada, claridad para recorrer la cancha en cada momento, sutileza para jugar a uno o dos toques, voz de mando para ordenar a su equipo, carácter de líder para llevarlo a la victoria.

Ayer fue polémico por sus salidas nocturnas, por sus excesos, por su ostentación de riqueza, por algún romance mediático. Hoy se despide cargado de prestigio, con la certeza de haber dejado el sudor y su categoría en cada pelota. Con el amor de los hinchas, ansiados de encontrar una figura de su equipo con la cual identificarse a lo largo del tiempo, a la que no tengan que ver por televisión cada fin de semana con la camiseta de otro equipo. Verón eligió Estudiantes, los hinchas de Estudiantes eligieron a Verón. Y el fútbol argentino sumó otra leyenda.

Aquí un video con la canción "El Once tatuado en el alma", de Ivan Sadovsky, en homenaje a Juan Sebastián Verón: 

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