Boston, Rusia, la violencia y los megaeventos deportivos

El atentado en la maratón de Boston
"Los individuos sospechosos de haber perpetrado el atentado de la maratón de Boston no tienen ninguna relación con Chechenia", aseguró a la prensa el portavoz del líder checheno, Ramzán Kadírov, poco después de las explosiones del pasado 15 de abril. El conflicto entre Moscú y este territorio del Cáucaso le ha costado la vida a más de 200.000 personas en los últimos 20 años y volvió a cobrarse nuevas víctimas. Pese a que los crímenes ocurrieron en suelo norteamericano, la seguridad en Rusia y su vínculo con los grandes acontecimientos deportivos volvió a convertirse en una cuestión central para un país que ha puesto al deporte como un punto central de su modelo de desarrollo.

La violencia y el deporte en Rusia

El Mundial de fútbol de 1966, disputado en Inglaterra, fue el momento donde los grupos organizados de hinchas ingleses aparecieron ante el gran público. Los periódicos de la época comenzaron a dar cada vez más importancia a las prácticas violentas ligadas al fútbol y hasta dedicaron secciones específicas al fenómeno, que se multiplicaría en suelo británico en la década de 1980. Los juego Olímpicos de Múnich en 1972 sufrieron el atentado de terroristas palestinos, quienes ingresaron en la villa olímpica y secuestraron a atletas israelíes, en una operación que terminó con 11 víctima fatales. En los Juegos de Atlanta ´96, una explosión mató a dos personas.

Rusia recibirá en 2014 a los Juegos Olímpicos de invierno y cuatro años más tarde al Mundial de fútbol. Además, se disputarán en aquel país distintos acontecimientos internacionales como los Juegos Mundiales Estudiantiles (Kazan 2013), la Copa Mundial Seven de Rugby (Moscú 2013), los Campeonatos del Mundo de Atletismo (Moscú 2013), el Gran Premio de Fórmula 1 (Sochi, de 2014 a 2019), el Campeonato Mundial de Natación (Kazan 2015) y el Mundial de hockey sobre hielo (Moscú y San Petersburgo 2016).

Pero Rusia no sólo sufre la violencia de sus conflictos políticos, como el caso checheno, sino que además los espectáculos deportivos, en especial el fútbol, son espacios frecuentes de prácticas violentas. Como consecuencia de ello, hace pocas semanas, el Parlamento del país aprobó una ley para endurecer las penas para aquellos fanáticos que produjeran incidentes en los estadios. Alexander Zhukov, Presidente del Comité Olímpico ruso, dijo entonces que el verdadero objetivo de la ley era la creación de un ambiente familiar en el campo, similar al estilo inglés.

Shunin cae tras recibir petardo en eneucnetro ante el Zenit
El detonante de la cuestión había sido un encuentro entre el Zenit de San Petersburgo y el Dínamo de Moscú, en noviembre pasado, que fue suspendido luego de que un petardo lanzado desde las tribunas causara heridas a Anton Shunin, arquero de Dínamo. Entonces, la viceministro de deportes, Natalia Parshikova, informó a la prensa que, en los últimos tres años, se habían cometido 14 mil delitos en acontecimientos deportivos en Rusia.

Sin embargo, la situación es compleja en relación a los hinchas organizados, como quedó demostrado a fin de 2010, tras la muerte de Egor Sviridov, fanático del Spartak de Moscú, apuñalado por tres jóvenes chechenos. Pocos días después, más de 5.000 fanáticos se reunieron en una plaza de Moscú y en otras ciudades del país para reclamar por justicia. La marcha en la capital rusa terminó con un muerto. Ya entonces, el presidente Dmitri Medvedev y Sergei Fursenko, titular de la Unión de Fútbol de Rusia, echaron por tierra cualquier intento de vincular estos incidentes con el fútbol, justificando los hechos como disturbios generados por jóvenes ultra nacionalistas.

Brasil, por la misma senda

Pero así como en Rusia el estado interviene para endurecer las penas, lo mismo sucede en Brasil. Ya en 2010 el congreso brasileño aprobó una serie de modificaciones a las normas de seguridad en los estadios de fútbol, principalmente para endurecer las sanciones a los hinchas violentos y controlar a las llamadas “hinchadas organizadas”, los grupos de fanáticos más radicales de los distintos clubes.

Pese a las medidas, en tierra brasileña la cuestión de los hinchas parece ser un problema pendiente. En 2012, el fútbol de aquel país vio morir a 23 fanáticos en hechos relacionados con los encuentros de fútbol. El pasado 20 de febrero, Kevin Beltrán, un simpatizante de San José de Oruro, de Bolivia, murió en el partido entre su equipo y el Corinthians por la Copa Libertadores, luego de recibir una bengala en la cabeza arrojada por fanáticos brasileños.

Los hermanos Dzhokhar y Ruslán Tsarnáev, presuntos autores del atentado ocurrido la semana pasada en la maratón de Boston, demostraron una vez más cómo los grandes acontecimientos deportivos son espacios muchas veces propicios para la aparición planificada de la violencia y la muerte. En su tiempo libre, Dzhokhar practicaba boxeo y Ruslán se dedicaba a la lucha. Creyentes musulmanes, nacieron en Chechenia y se habrían trasladado a EEUU. Ruslán murió en un tiroteo con la policía y Dzhokhar fue herido y capturado.

Muchos gobiernos se encuentran con la dificultad de adecuar su dinámica interna, con sus conflictos y disputas, a la disciplina y las exigencias globales, con el objetivo de recibir a los acontecimientos deportivos y con ellos a los turistas, a los inversores y los millones que de allí se desprenden.

La violencia planificada, brutal y extrema, aparece en el momento menos pensado. Sucedió en Boston hace pocos días, como antes en Múnich y en Atlanta. Contra ella deberán luchar Brasil y Rusia, para que el gran acontecimiento no se adquiera un nuevo perfil.

Aquí las marchas de protesta tras la muerte de  Egor Sviridov:

1 comentario:

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