Los legados de los Juegos Olímpicos de Londres 2012

“Los Juegos Olímpicos no son unos simples campeonatos mundiales, sino la auténtica fiesta cuadrienal de la "primavera humana", la fiesta de los esfuerzos apasionados, de las ambiciones múltiples y de todas las formas de actividad juvenil de cada generación cuando aparece en el umbral de la vida”

Barón Pierre de Coubertin, creador de los Juegos Olímpicos 


¿Será Michael Phelps y sus 22 medallas? ¿Usain Bolt y su increíble velocidad? ¿La magia de los basquetbolistas de la NBA? ¿La perfección de los gimnastas chinos? ¿La increíble superioridad de Gran Bretaña en el ciclismo de pista? ¿El oro de Andy Murray en Wimbledon? ¿O la dignidad de Roger Federer en la derrota? ¿La participación de Oscar Pistorius, el primer doble amputado que participa en una prueba de atletismo? ¿O las lágrimas de Félix Sánchez, ganador a los 34 años en 400 metros?

Los Juego Olímpicos de Londres encendieron muchos reflectores en poco tiempo. Sorpresa, emoción, adrenalina, incertidumbre y admiración fueron algunas de las sensaciones que despertó todo el universo del deporte concentrado en poco más de dos semanas. Todo un símbolo de una práctica creada y desarrollada por el hombre capaz de maravillar a la propia especie.

“La cultura se funda en el juego noble” dice el historiador holandés Johan Huizinga, impulsor del juego como fuente y forma de cultura en la sociedad. El juego puesto al alto rendimiento implica nobleza pero también compromisos y obligaciones. Detrás de cada medalla entregada en Londres existen historias de esfuerzo y superación para lograr el objetivo ansiado. 

Michael Phelps, el máximo ganador de la historia de los Juegos.
Michael Phleps alcanzó en Londres el título de máximo ganador de la historia de los Juegos. El norteamericano es ya una leyenda y una atleta de aquellos que trasciende su deporte y lo hace mejor, más competitivo, atrapante y llamativo. Pero además, es un símbolo de esfuerzo y competitividad, del afán de ser mejor cada vez y no conformarse con los logros conseguidos. 

Su contrato con la marca Speedo, rubricado en 2003, le permitió a Phelps convertirse en deportista profesional y concentrarse exclusivamente en la natación. Según contó a la prensa su entrenador Bob Bowman, entre Sidney 2000 y Beijing 2008, Phelps completó 5.000 sesiones de entrenamiento donde nadó más de 30.000 kilómetros, casi la totalidad de la circunferencia de la Tierra. Se despidió del alto rendimiento en Londres 2012, con 18 medallas de oro, dos de plata y dos de bronce, más que nadie en la historia.

“Me rompo el culo entrenando cada día, vomito, tengo migrañas ¿Por qué debería dejar que alguien me gane si trabajo tan duro?" dijo el año pasado Usain Bolt, para desmentir escaso apego a los entrenamientos para las competencias. El jamaicano volvió a asombrar al mundo con sus victorias en 100 y 200 metros y en la posta 400X100. Se consagró como el símbolo del atleta 2.0, alegre, carismático, divertido y veloz como nadie, capaz de dispararse al futuro en cada zancada que da en la pista. Como Phelps, es otro deportista que trasciende su disciplina y hace mejor a los Juegos.

Usain Blot, festeja una de sus tres medallas doradas. 
Phleps y Bolt son los mayores símbolos de estos de estos Juegos Olímpicos modernos, universales, gigantescos, majestuosos, multitudinarios, profesionales. Según los números oficiales, Londres 2012 contó con 4800 millones de telespectadores. Se alcanzaron 100.000 horas de programación, más que las 61.000 de Beijing 2008. Por primera vez en la historia, la audiencia de internet y teléfonos celulares superó a la televisión. Tras algunos problemas con las entradas en los primeros días, con asientos vacíos, luego los estadios lucieron llenos. La organización fue muy buena, a la altura del acontecimiento. Pese a las tensiones previas, no hubo incidentes.

En el libro “El deporte en Occidente”, el historiador español José Luis Salvador escribe: “En los Juegos Olímpicos Modernos, el contenido lúdico del deporte fue copado por la industrialización y la mercantilización, en el marco del libre mercado. El deporte hoy es universal por eso y ése es su mayor rasgo, más que otros valores que proponía Coubertin como la religión, la tregua universal, la nobleza, la selección, el mejoramiento ontogenético y filogenético, la caballerosidad y la belleza espiritual”. Además de Bolt, Phelps, Pisorius, Murray, Federer y Félix Sánchez, Londres 2012 también escondió otras historias lejanas a la nobleza que rescataba Huizinga y soñaba Coubertin.

Dos parejas de Corea del Sur y fueron eliminadas en Bádminton por intentar perder deliberadamente sus partidos para evitar cruces difíciles en la siguiente fase. El ciclista británico Philip Hindes, admitió haberse tirado a propósito para poder repetir la salida tras un inicio fallido. La remera alemana Nadja Dyrgalla renunció a su participación en los Juegos tras una fuerte polémica a raíz de su relación de pareja con Michael Fischer, ex candidato oficial del Partido Nacional Demócrata de Alemania (NPD), que representa a la ultraderecha germana. Voula Papachristou, atleta griega que competiría en salto triple, fue expulsada por su federación luego de escribir en su cuenta de Twitter: "Con tantos africanos, al menos los mosquitos del Nilo Occidental comerán comida casera". Betty Heidler, lanzadora de martillo de Alemania, fue perjudicada por una falla inédita en el software de medición y debió conformarse con la medalla de bronce.

Sin embargo, en la balanza de Londres 2012, brillarán con más fuerza las grandes hazañas deportivas y el espíritu de esfuerzo y superación, reflejado en los 44 récords mundiales que se batieron. “La verdadera cultura exige siempre y en todos los aspectos el Fair Play” escribe Huizinga, para mostrar cómo los diferentes sectores de una sociedad pueden aprender de los juegos. El deporte tampoco debe perder esos valores ni sus raíces profundas, como escribe Huizinga: “Para poder desarrollar su cualidad máxima de estilo y de dignidad, la cultura no puede perder este contenido lúdico”. Londres 2012 nos deja buenos motivos para conectarnos con ese espíritu.

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