angustia, dramatismo y sospechas.

Otro partido para la historia se jugó en la Copa del Mundo de 1978. Argentina debía vencer a Perú al menos cuatro goles para llegar a la final del torneo. En el Grupo 1, que integraban Italia, Holanda, Alemania y Austria, los partidos de la última fecha se habían disputado a la misma hora, para que ningún equipo tuviera la ventaja deportiva de conocer de antemano el resultado de sus rivales. No sucedió eso en el grupo de la Argentina, donde brasileños y polacos se enfrentaron dos horas antes que argentinos y peruanos, quienes ya sabían el resultado del otro partido antes de jugar. Los rumores dijeron que algunos jugadores peruanos se repartieron 50 mil dólares por salir derrotados de la cancha ante Argentina. Otros deslizaron que Brasil, el otro equipo del grupo que se disputaba el pase a la final, ofertó 6 mil dólares por cabeza para que los peruanos salieran a ganar.
Sin embargo, el operativo que los argentinos diseñaron para ganar el partido no incluyó sólo dinero. Los guardias militares abandonaron sus puestos y dejaron al hotel peruano sin seguridad la noche previa. Miles de hinchas argentinos pasaron por la zona tocando bocina y molestando a los futbolistas rivales, que intentaban descansar antes del partido. Horas más tarde, el micro que trasladaba a los jugadores tardó dos horas en llegar desde el hotel hasta el estadio. Dio numerosas vueltas simulando que no sabía dónde estaba la entrada correcta y atravesó la zona por donde ingresaban a la popular miles de hinchas argentinos. El micro casi se viene abajo. Ya en el vestuario, el dictador argentino Jorge Rafael Videla ingresó y dijo en voz alta a los peruanos: “Vengo a manifestarles mi deseo de que las cosas se desarrollen bien”. La formación inicial de Perú presentaba algunas curiosidades. El técnico Calderón mandó a la cancha Manzo y Velásquez, que no estaban en su mejor forma física, y dejó en el banco Sotil y La Rosa, jugadores de experiencia. En la cancha, Argentina se impuso por 6 a 0 con dos goles de Kempes, otros dos de Luque, uno de Tarantini y otro de Houseman.
El periodista inglés David Yallop afirma en su libro “Cómo se robaron la copa” que, tras el Mundial, la dictadura militar argentina descongeló créditos por 50 millones de dólares y le donó 4 mil toneladas de trigo a la dictadura del peruano Francisco Morales Bermúdez. Además, la Armada Argentina habría pagado sobornos a funcionarios menores peruanos y tres jugadores habrían recibido 20 mil dólares cada uno.

Argentina juegará el sábado bajo la presión de conseguir un resultado favorable, como en 1969 y 1985. En zona de repechaje, el equipo de Maradona debe ganar y esperar los resultados de Ecuador – Uruguay, Colombia – Chile y Venezuela - Paraguay. Argentina no depende sólo de sí misma para ir al Mundial directamente.
Como en 1978, también sobrevuelan las denuncias de pagos para los jugadores. “Se dice que ‘charrúas’ y colombianos hicieron una ‘chancha’ de 200 mil dólares para que ‘incaicos’ derroten al equipo de Maradona” escribió el diario peruano El Bocón. Agrega que “es un secreto a voces que los argentinos le entregaron 120 mil dólares a la selección peruana por ganarle a los uruguayos”, partido que se disputó en Lima el 5 de septiembre pasado y que terminó con victoria de Perú por 1 a 0. El programa uruguayo Intrusos en el Fútbol deslizó que Carlos Amarilla (árbitro del partido entre Argentina y Uruguay del próximo miércoles) alquilaría un departamento en Buenos Aires con garantías de dirigentes de la Asociación del Fútbol Argentino.
Como visitante en estas Eliminatorias, Perú perdió todos los partidos que jugó. Marcó sólo 2 goles y le anotaron 24. Las grandes individualidades argentinas deberán mostrar su mejor cara para llevarse una victoria e ir a jugar el último partido ante Uruguay en el Estadio Centenario con chances de conseguir el boleto directo hacia Sudáfrica. Ojalá que sean días de festejo y no de angustia y dramatismo.
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