El modelo de la Superliga de China versión 2013

El Guangzhou celebra su último título de liga en 2012
La Superliga de fútbol de China nació en 1994, cercana en el tiempo a las competencias nacionales de Estados Unidos (1994) y la India (1996). Fueron tiempos donde el fútbol profesional expandió sus fronteras y ganó nuevos marcados, hasta transformarse en un deporte global al 100 %. Hoy, casi 20 años después, la liga china vive el tiempo de los magnates multimillonarios que invierten en los equipos de fútbol, alentados por el poder político. Los millones se tradujeron en la llegada de estrellas mundiales en los últimos años, aunque en esta temporada algunos de ellos se marcharon y la apuesta pasa por futbolistas locales.

Millones y ajustes

El Shanghai Shenhua, dirigido por el argentino Sergio Batista, es un buen termómetro de la realidad de la liga. En la temporada pasada, el presidente Zhu Jun, millonario dueño de una empresa de video juegos, apostó a estrellas como Nikolas Anelka y Didier Drogba, pero el plan no dio sus frutos y el equipo terminó en la novena posición. A comienzos de año, los cracks se marcharon y llegaron los argentinos Rolando Schiavi y Patricio Toranzo. Como el Shanghai, la mayoría de los equipos también se inclinó esta temporada por un modelo más austero, sustentado por jugadores locales.

Aun así, la liga conserva buenos valores como los ex Barcelona Keita y Fabio Rochemback, el ex Sevilla Frédéric Kanouté, el ecuatoriano Guerrón y el paraguayo Lucas Barrios. Entre los entrenadores, destacan el italiano Marcello Lippi, en el Guangzhou, y el serbio Radomir Antic, recientemente llegado al Shandong Luneng.

Drogba y Anelka en el Shanghai
El Guangzhou Evergrande es quien escapa al modelo de austeridad y mantiene sus ansias de grandeza. El equipo de Cantón es propiedad del grupo Evergrande Real Estate, dueño multimillonarios negocios inmobiliarios. En los últimos tres años, el Guangzhou compró futbolistas por más de 70 millones de dólares, entre los que se destacan el argentino Darío Conca, Barrios y el brasileño Elkeson.

En una liga donde aún permanece el cupo de extranjeros para los equipos (se pueden alinear hasta tres por partido), de los 80 futbolistas foráneos, 33 son latinoamericanos y, de ellos, 23 son brasileños. La convivencia entre extranjeros y locales muestra muchas veces un nivel desparejo, donde grandes jugadas y goles extraordinarios conviven con errores infantiles. Actualmente, los equipos parecen más preocupados en revalorizar sus canteras y dar lugar a nuevos valores.

La pata política

El presidente de China, Xi Jinping, y su amor por el fútbol
Xi Jinping, recientemente elegido como como presidente de China, es un fuerte impulsor de la liga. En marzo de 2008, Jinping se convirtió en el máximo responsable de los Juegos Olímpicos de Pekín. Luego llegó a la vicepresidencia del país y, como buen fanático del fútbol, estimuló a los empresarios a aportar dinero fresco a los equipos. Sin embargo, los millones rara vez retornan en buenos dividendos, ya que muchos de los partidos son presenciados por cerca de 10 mil fanáticos y el fútbol está lejos de ser un gran negocio.

Pero Xi Jinping apuesta por el deporte. Cuando era vicepresidente, trabajó para limpiar al fútbol chino de su máximo enemigo: las apuestas y los partidos arreglados. Un primer escándalo estalló en 2001 y la secuencia se repitió en 2010.

En febrero pasado, 33 futbolistas, técnicos y dirigentes fueron suspendidos de por vida. Entre ellos se encontraban dos expresidentes de la Federación China de Fútbol, el antiguo capitán de la selección nacional y el mejor árbitro del país. El Shanghai Shenhua perdió su título de 2003. El Guangzhou Evergrande, hoy bicampeón de liga, fue condenado al descenso en 2010.

La desconfianza y las sospechas permanecen. Mientras tanto, Xi Jinping tiene tres sueños para el fútbol de China: "Clasificar al Mundial, organizar el Mundial y ganar el Mundial".

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