Los hinchas al poder o el remedio contra la violencia del fútbol

Un minuto de silencio en la liga holandesa
en memoria de 
Richard Nieuwenhuizen
El pasado fin de semana no se jugó ningún partido de fútbol de las ligas infantiles de Holanda. La Federación del país suspendió todos los encuentros en señal de duelo por la muerte de Richard Nieuwenhuizen, quien falleció tras recibir una feroz golpiza por parte de tres futbolistas adolescentes. La víctima había sido uno de los jueces de línea en el partido entre Buitenboys y Nieuw Sloten, en la ciudad de Almere, donde su propio hijo había participado defendiendo los colores del Buitenboys. Tras el empate 2 a 2, un grupo de jugadores de 15 y 16 años rodearon a Nieuwenhuizen y, tras insultarlo, comenzaron a golpearlo en la cabeza y el estómago. Una lesión en el cráneo le provocó la muerte al día siguiente.

Holanda es un país poco acostumbrado a la violencia futbolística en los últimos años. Pese a que no se ha develado oficialmente los nombre de los acusados por el crimen, Geert Wilders, dirigentes del Partido para la Libertad, quiso cuidar la reputación de los Países Bajos y explicó a la prensa: “No se trata de un problema exclusivo del fútbol sino de un problema de los marroquíes que se manifiesta en la calle, en la escuela, en los centros comerciales y en el campo de juego. ¿Por qué nadie se anima a decirlo abiertamente?”.

La agresión brutal sobre Nieuwenhuizen es otra muestra de las diferentes violencias que encierre el fútbol dentro de sí. Esta vez, el espíritu lúdico del fútbol juvenil convivió con la violencia y la agresión. Rápidamente, Joseph Blatter envió una carta a la Real Federación de Fútbol Holandés donde aclaró que "el fútbol es un espejo de la sociedad y tristemente las mismas enfermedades que afligen a la sociedad”, una frase que suele repetirse ante situaciones como esta.

La violencia del fútbol ha vuelto a instalarse como gran tema recientemente en Europa. En Alemania, recientes enfrentamientos entre hinchas del Schalke 04 y el Borussia Dortmund profundizaron un debate sobre la organización del espectáculo deportivo, que podría dar luz a nuevas normativas en los próximos días. París fue escenario de una dura batalla entre hinchas del Paris Saint Germain y el Dinamo de Zagreb, tras el encuentro que estos equipos disputaron a comienzos de noviembre por la Champions League. Los enfrentamientos culminaron con el arresto masivo de casi 100 hinchas. Tres de los detenidos fueron condenados a cuatro meses de prisión dos días después.

Pero entre tanta violencia y agresión, algo trascendente sucedió en Europa. Supporters Direct es una organización de hinchas que lucha por el desarrollo sostenible de los clubes basado en la participación de los simpatizantes y la propiedad comunitaria de las instituciones. Este grupo ha avanzado con éxito en la organización de hinchas en diversos clubes, como Swansea City y el Wimbledon, de Inglaterra, y el Hamburgo, de Alemania. La organización estimula la participación activa de los socios e hinchas en la vida de los clubes.

La semana pasada, Supporters Direct presentó en el Parlamento Europeo de Bruselas un documento titulado: “El corazón del juego, ¿por qué los hinchas son vitales para mejorar la gobernanza en el fútbol”.

El extenso documento propone medidas para mejorar la sustentabilidad financiera del deporte, sugiere legislación para limpiar las operaciones de compra y venta de jugadores, recomienda incluir a los fanáticos en la lucha activa contra el amaño de partidos y hace hincapé en la función social del deporte en Europa. Supporters Direct promueve la democracia, la ciudadanía activa y el deporte de base.

Quizás el documento se convierte en papel arrojado al viento. Evidentemente, la prensa masiva registra los incidentes en los estadios, las luchas cuerpo a cuerpo, la violencia extendida, la tragedia y la muerte antes que propuestas de largo plazo.

Así como muchos grupos de hinchas que se ven envueltos en prácticas violentas se organizan para ir al estadio, es imprescindible avanzar y profundizar el empoderamiento de los otros hinchas, los que asisten al espectáculo deportivo para vivirlo pacíficamente. Los que transforman el amor a los colores en prácticas concretas de organización y asistencia a la institución deben tener una voz, para no asistir silenciosamente cuando el deporte deviene en tragedia. El mundo del fútbol muestra muchas caras sucias como para dejarlo al albedrío de dirigentes, empresarios, ultras, los criminales organizados y la policía.

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