Borobones y esteladas. El último capítulo de Barcelona – Real Madrid, el Superclásico del fútbol mundial

El Camp Nou, cubierto con los colores de la bandera de Cataluña
Fue en minuto 17, en el segundo 14, en referencia al año 1714, cuando Cataluña perdió la Guerra de Sucesión. Aquella vez, Barcelona fue derrotada por las tropas borbónicas y la Casa de Borbón llegó el poder en España. Ayer, antes del minuto 17, los colores de Cataluña ya habían envuelto las tribunas del Camp Nou con miles de pancartas. Pero en el minuto 17, mientras el Barcelona y el Real Madrid disputaban el partido, el estadio se cubrió de miles de banderas, mientras los hinchas gritaban por la independencia. En la segunda bandeja, una gigante estelada (la bandera independentista) cubrió las gradas.

La dialéctica entre españoles y catalanes fue el punto extremo de un clásico que ha cobrado tal potencia, que es capaz de incluir dentro de sí reclamos de soberanía, duelos personales y disputas institucionales, en medio de una atmósfera global que lo pone como centro del deporte moderno.

“Superclásico del fútbol mundial” lo titularon las grandes cadenas de televisión. Lionel Messi, Cristiano Ronaldo, José Mourinho, Mesut Özil, Andrés Iniesta, Xavi, son hoy estrellas del fútbol global. Forman parte de equipos poderosos, que han alcanzado una rivalidad profunda en los últimos años, mientras disputaban geniales partidos con jugadas extraordinarias. Cada cita se presenta como la oportunidad de encontrar en un mismo campo de juego a esos cracks, con la esperanza de que aquello redunde en un gran espectáculo.

Pero pese su aires globales, o a pesar de ellos, Barcelona se ubica en Cataluña, un espacio convulsionado en los últimos días por el reclamo popular por su independencia del estado español. La manifestación de la Diada con 1,5 millones de personas, en septiembre, fue el punto culminante de esta demanda.

El propio Fútbol Club Barcelona, como gran institución de la región, se ve atravesada por las demandas independentistas y la relación con el estado español. Cada presidente del club es quien fija el tono de este vínculo. Joan Laporta, que gobernó entre 2003 y 2010, dejó ver pancartas independentistas en el estadio frecuentemente. Además, estrechó vínculos con la Joventut Nacionalista de Catalunya, una organización que reclama la independencia de la región.

Sandro Rosell, actual presidente, inicialmente bajó la intensidad del catalanismo del club, descolgando las banderas que reclamaban soberanía durante los partidos y pronunciando los discursos en castellano ante las peñas. Pero a medida que el reclamo social fue en aumento, su política actuó en sintonía. Hace pocas semanas, anunció que la segunda camiseta del Barça para la próxima temporada tendrá los colores de la bandera catalana. Ayer alentó la presencia de las banderas y cartulinas que cubrieron el estadio durante el clásico.

Massi y Cristiano Ronaldo, en el encuentro de ayer
Mientras es atravesado por las demandas de soberanía, el Fútbol Club Barcelona navega por la contradicción de identificarse con su propia zona de nacimiento e influencia y recrearse como una marca global, con llegada a millones de fanáticos que desean ver a sus ídolos en directo o por televisión, jugar como ellos y comprar sus camisetas. Miles de fanáticos llegan a Barcelona cada fin de semana en que juega el equipo para ver a Messi y compañía. Las tribunas están pobladas por miles de aficionados que no hablan español pero que invierten su dinero para viajar hasta Cataluña. Miles de niños de todo el mundo tienen la camiseta del Barca e hinchan por el equipo cada vez juega, aunque vivan a miles de kilómetros de allí y nunca lo hayan visto en vivo.

El Fútbol Club Barcelona refleja como pocos la creación de una marca global, con una identidad certera. Construyó una forma de jugar que le permitió alcanzar el éxito, mientras superaba los límites que hasta entonces había marcado el fútbol. Hoy, el Barça y su catalanidad son víctimas de su propio éxito. El club ha trascendido la ciudad, la región y el país que lo envuelve. Está enclavado al norte de la península ibérica, pero el Fútbol Club Barcelona se juega, se piensa y se vive por miles en muchos lugares del mundo. Este fenómeno da lugar a diferentes prácticas, siempre en relación al club, y a negocios multimillonarios.

Pero Messi y Cristiano Ronaldo no pensaban en todo aquello mientras ejecutaban sus geniales artificios ayer en el Camp Nou. Dos cracks, de dos grandes equipos, nos regalaron un hermoso partido, que terminó igualado 2 a 2. La casa de Borbón, la Guerra de Sucesión, la soberanía, la independencia, la estelada, la Diada. Fue el fútbol y su poder lo que puso en juego semejantes valores. Un juego tan poderoso, como contener a Messi y Cristiano Ronaldo en un mismo campo de juego.

Aquí los goles del empate entre Barcelona y Real Madrid:




Aquí el grito de los hinchas catalanes, en favor de la independencia, en el minuto 17 del primer tiempo:

2 comentarios:

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  2. FC Barcelona y Real Madrid son mi equipo favorito, jaja, me alegro de ver a sus juegos.

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