Extracto de la columna del periodista John Carlin aparecida este domingo en el diario español El País:"Tiger Woods tomó la decisión a comienzos de su brillante carrera deportiva de que presentaría una imagen pública de impecable normalidad norteamericana. De descendencia camboyana y afroamericana su comportamiento fue tal, hasta hace muy poco, que hubiera sido recibido con los brazos abiertos por los párrocos de aquellas primeras iglesitas fundadas a comienzos del siglo XVII en el noreste del continente americano. Tieso, solemne, medido, fiel como pocos a la ética del trabajo protestante, también poseía - y posee - un enorme talento, lo que le convirtió en la imagen soñada para las grandes empresas (Nike, American Express, General Motors) que hacían cola a las puertas de sus agentes y le ofrecían cheques en blanco para que patrocinara sus productos.
Y así fue que se convirtió en el deportista más rico de la historia. Pero como se ha visto en las últimas dos semanas, todo fue mentira. Casado con una bella mujer que le ha dado dos preciosos hijos, Woods ha resultado ser un fornicador en serie. Los antiguos puritanos llegados en el barco Mayflower a las costas de lo que hoy es Massachussets en 1620, escandalizados por la dimensión de su hipocresía, le hubieran quemado en la hoguera. Metafóricamente, algo parecido es lo que le están haciendo sus compatriotas hoy.
El error, obviamente, fue dar rienda suelta a sus impulsos sultanescos. Pero el pecado original fue aquella decisión "contra natura", tomada cuando comenzó su carrera hace unos 13 años, de someterse plenamente a la tiranía de la normalidad. Si hubiera sido más honesto, si hubiera tomado como ejemplos a grandes figuras del deporte como George Best o Ronaldinho, su cuenta bancaria no sería tan grande, pero se hubiera evitado la colosal vergüenza que sufre hoy, ridiculizado cada día por los medios de su país y del resto del mundo, estigmatizado como la gran figura fraudulenta de nuestros tiempos".
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