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Barcelona campeón: un nuevo título para un maravilloso equipo

Un festejo ante el Levante
Consagrarse sin jugar parece un falta de respecto para este Barcelona que hay hecho del juego propio su sello de identificación. Los futbolistas celebraron una nueva liga en los cuartos de hotel, gracias al empate del Real Madrid ante el Espanyol. Este nuevo trofeo se muestra más como un consuelo, en medio de un equipo que se ha despedido de la Champions League con una contundente derrota ante al Bayern Múnich y tampoco estará presente en la próxima definición de la Copa del Rey. Pero lejos de aquello, es un nuevo premio para un equipo vigente, que con su estilo propio sigue escribiendo la historia del fútbol.

Quizás lo mejor de este título de liga de Barcelona haya pasado hace ya casi 6 meses, en un partido casi olvidado. Sucedió el pasado 25 noviembre, en el estadio Ciutat de València, en el encuentro ante el Levante. Aquel día, el Barcelona ganó como siempre: 4 a 0. Pero aquel día pasó a la historia porque, por primera vez en su historia, el Barcelona alineó a 11 jugadores de La Masia. El hecho ocurrio durante el segundo tiempo del partido, con el ingreso de Martín Montoya.

Tito Vilanova fue el entrenador que logró la gesta de  formar un equipo con 11 jugadores canteranos, pero aquellos pocos minutos fueron la síntesis de un proceso que comenzó con Johan Cruyff, a fin de la década de 1980, y tuvo 20 años después, con Pep Guardiola, un virtuoso capaz de continuar el trabajo, profundizar el modelo y convertir la clase de su fútbol en trofeos gloriosos.

Este fin de semana, el Barcelona festejó su 22º título de su historia. Paradójicamente, la consagración del Barcelona aparece más como un consuelo que como el máximo premio que otorga el fútbol español. Como el fin de un ciclo más que un augurioso provenir. Como si la falta de dinámica, la menor velocidad y las menores respuestas que mostró el equipo en la semifinal de la Champions League ante el Bayern ocuparan el centro de la escena.

Bajo el prisma de las versiones anteriores, el Barcelona versión 2012/13 luce cansado y menos preciso. Le cuesta más penetrar a las defensas, llegar franco sobre el arco rival, marcar goles. En esta temporada, fue eliminado claramente por el Madrid en la Copa del Rey y por el equipo alemán en la Champions. Y aun así, se lleva un nuevo título a falta de 4 jornadas. Era tanto lo que este equipo tenía para dar, tanto fútbol tiene en su mochila, tan arraigado tiene a su estilo que así y todo pudo festejar otra vez.

Porque este Barcelona de Cruyff, Guardiola y Vilanova es la síntesis de lo antiguo y lo moderno. Hizo un culto de la pelota al piso, del pase al compañero, pero también de la dinámica y la velocidad combinadas con la precisión, de los movimientos sincronizados, de la práctica y de la improvisación. Sus triunfos y su vigencia son más triunfos porque surgieron desde una idea contracultural, que amó la pelota cuando muchos la despreciaban, que abrazó la belleza cuando los que colocaban al músculo y el rigor físico en la base del juego eran mayoría.

Además, los del Barcleona no son triunfos sencillos. Son victorias trabajadas, movimientos ejercitados, formas aprendidas a lo largo de los años, ejecutadas por futbolistas estelares que tomaron lo mejor de La Masía y lo expusieron en el máximo nivel. El Barcelona se integró al modelo del fútbol espectacularizado pero desde los valores más puros del deporte, con la voluntad de devolverle su costado lúdico combinado con la ambición de belleza. Eso se transformó en un cóctel que atrapó a millones, que los hizo fanáticos de un equipo que en muchos casos estaba kilómetros de distancia.

El Barcelona probablemente sufrirá cambios de nombres. Como ya ha cambiado desde que comenzó este ciclo en 2009. Cambió jugadores, posiciones, estrategias, pero siempre dejó en el césped su propuesta. Y quedará ahí, en la memoria de los amantes del buen juego, que encontraron en este Barcelona la mejor razón para amar este maravilloso deporte. 

Borobones y esteladas. El último capítulo de Barcelona – Real Madrid, el Superclásico del fútbol mundial

El Camp Nou, cubierto con los colores de la bandera de Cataluña
Fue en minuto 17, en el segundo 14, en referencia al año 1714, cuando Cataluña perdió la Guerra de Sucesión. Aquella vez, Barcelona fue derrotada por las tropas borbónicas y la Casa de Borbón llegó el poder en España. Ayer, antes del minuto 17, los colores de Cataluña ya habían envuelto las tribunas del Camp Nou con miles de pancartas. Pero en el minuto 17, mientras el Barcelona y el Real Madrid disputaban el partido, el estadio se cubrió de miles de banderas, mientras los hinchas gritaban por la independencia. En la segunda bandeja, una gigante estelada (la bandera independentista) cubrió las gradas.

La dialéctica entre españoles y catalanes fue el punto extremo de un clásico que ha cobrado tal potencia, que es capaz de incluir dentro de sí reclamos de soberanía, duelos personales y disputas institucionales, en medio de una atmósfera global que lo pone como centro del deporte moderno.

“Superclásico del fútbol mundial” lo titularon las grandes cadenas de televisión. Lionel Messi, Cristiano Ronaldo, José Mourinho, Mesut Özil, Andrés Iniesta, Xavi, son hoy estrellas del fútbol global. Forman parte de equipos poderosos, que han alcanzado una rivalidad profunda en los últimos años, mientras disputaban geniales partidos con jugadas extraordinarias. Cada cita se presenta como la oportunidad de encontrar en un mismo campo de juego a esos cracks, con la esperanza de que aquello redunde en un gran espectáculo.

Pero pese su aires globales, o a pesar de ellos, Barcelona se ubica en Cataluña, un espacio convulsionado en los últimos días por el reclamo popular por su independencia del estado español. La manifestación de la Diada con 1,5 millones de personas, en septiembre, fue el punto culminante de esta demanda.

El propio Fútbol Club Barcelona, como gran institución de la región, se ve atravesada por las demandas independentistas y la relación con el estado español. Cada presidente del club es quien fija el tono de este vínculo. Joan Laporta, que gobernó entre 2003 y 2010, dejó ver pancartas independentistas en el estadio frecuentemente. Además, estrechó vínculos con la Joventut Nacionalista de Catalunya, una organización que reclama la independencia de la región.

Sandro Rosell, actual presidente, inicialmente bajó la intensidad del catalanismo del club, descolgando las banderas que reclamaban soberanía durante los partidos y pronunciando los discursos en castellano ante las peñas. Pero a medida que el reclamo social fue en aumento, su política actuó en sintonía. Hace pocas semanas, anunció que la segunda camiseta del Barça para la próxima temporada tendrá los colores de la bandera catalana. Ayer alentó la presencia de las banderas y cartulinas que cubrieron el estadio durante el clásico.

Massi y Cristiano Ronaldo, en el encuentro de ayer
Mientras es atravesado por las demandas de soberanía, el Fútbol Club Barcelona navega por la contradicción de identificarse con su propia zona de nacimiento e influencia y recrearse como una marca global, con llegada a millones de fanáticos que desean ver a sus ídolos en directo o por televisión, jugar como ellos y comprar sus camisetas. Miles de fanáticos llegan a Barcelona cada fin de semana en que juega el equipo para ver a Messi y compañía. Las tribunas están pobladas por miles de aficionados que no hablan español pero que invierten su dinero para viajar hasta Cataluña. Miles de niños de todo el mundo tienen la camiseta del Barca e hinchan por el equipo cada vez juega, aunque vivan a miles de kilómetros de allí y nunca lo hayan visto en vivo.

El Fútbol Club Barcelona refleja como pocos la creación de una marca global, con una identidad certera. Construyó una forma de jugar que le permitió alcanzar el éxito, mientras superaba los límites que hasta entonces había marcado el fútbol. Hoy, el Barça y su catalanidad son víctimas de su propio éxito. El club ha trascendido la ciudad, la región y el país que lo envuelve. Está enclavado al norte de la península ibérica, pero el Fútbol Club Barcelona se juega, se piensa y se vive por miles en muchos lugares del mundo. Este fenómeno da lugar a diferentes prácticas, siempre en relación al club, y a negocios multimillonarios.

Pero Messi y Cristiano Ronaldo no pensaban en todo aquello mientras ejecutaban sus geniales artificios ayer en el Camp Nou. Dos cracks, de dos grandes equipos, nos regalaron un hermoso partido, que terminó igualado 2 a 2. La casa de Borbón, la Guerra de Sucesión, la soberanía, la independencia, la estelada, la Diada. Fue el fútbol y su poder lo que puso en juego semejantes valores. Un juego tan poderoso, como contener a Messi y Cristiano Ronaldo en un mismo campo de juego.

Aquí los goles del empate entre Barcelona y Real Madrid:




Aquí el grito de los hinchas catalanes, en favor de la independencia, en el minuto 17 del primer tiempo:

La Selección Argentina, Ecuador y el espejo

En los últimos años, la contradicción entre las individualidades y el funcionamiento colectivo hizo de cada partido de la Selección Argentina una incógnita que sólo se devela en el césped. El combinado albiceleste se volvió un equipo poco confiable, con un abanico de posibilidades que iban del empate olvidable a la exhibición para el deleite. Ayer la moneda cayó del lado de la suerte. Por la quinta fecha de las Eliminatorias para el Mundial de Brasil 2014, Argentina selló un 4 a 0 contundente sobre Ecuador, con un primer tiempo de alto vuelo, donde brillaron sus individualidades.

La clasificación mostraba en la previa la opaca realidad de la Selección Argentina. El equipo dirigido por Alejandro Sabella llegaba con 7 puntos conseguidos en 4 partidos, con resultados frustrantes como la derrota en su visita a Venezuela y el empate en Buenos Aires ante Bolivia. La última victoria ante Colombia en Barranquilla, en noviembre pasado, había calmado las aguas. Sin embargo, el triunfo ante Ecuador aparecía como una necesidad imperiosa para acomodarse en la tabla y ganar tranquilidad.

Los entrenadores que pasaron por la Selección Argentina desde 1998 hasta hoy son una buena muestra de las dudas y contradicciones que envuelven al fútbol criollo en los últimos años. Los magros resultados deportivos, la necesidad de encontrar éxitos urgentes y la escasa planificación de las necesidades dieron lugar en el banco a técnicos disímiles en sus métodos e ideales. Poco se parecen Bielsa y Pekerman, Basile y Maradona, Batista y Sabella.

Pero el ex entrenador de Estudiantes de La Plata es quien hoy está a cargo y quien ayer presentó una formación netamente ofensiva, con el tridente de ataque conformado por Messi, Agüero e Higuaín como mejor carta para encontrar el triunfo. El poder del ataque se correspondió con al actitud en el campo, con un equipo que salió a atacar desde el primer minuto.

Sin embargo, hasta el gol de Sergio Agüero, a los 19 minutos, el dominio del campo y el balón no se había correspondido con situaciones claras de peligro, salvo por un tiro de Messi de volea tras una buena combinación con el delantero del Manchester City. La buena habilitación de Di María y la precisa definición del ex Independiente abrieron el camino.

A partir de entonces, los amplios espacios y la categoría de los futbolistas argentinos de ataque dieron a la Argentina el fútbol de alto vuelo que en los últimos tiempos apareció en escasa ocasiones. Messi e Hiaguín combinaron bien para el segundo y el tercer gol y Di María marcó el cuarto tras una gran apilada del crack del Barcelona.

Todo parece sencillo y placentero cuando los galácticos de arriba se encienden, encuentran buenos espacios y contundencia en la definición. Argentina se vuelve un equipo ofensivo, atractivo y de alto nivel, con motivos suficientes para aspirar a grandes cosas.

Pero como sucede en otros ámbitos de la vida, Argentina encuentra sus problemas cuando el reival le exige trabajo, coordinación y bueno acoples, sobre todo en defensa. Cuando se trata de la inspiración individual o de la combinación entre dos o tres talentosos, la cuestión puede fluir más fácilmente. El talento ofensivo es lo que permite soñar. Falta trabajo o nombres confiables en defensa para alcanzar un buen equipo.

El problema mayor de la Selección Argentina en los últimos años es esa imagen deformada que le devuelve su espejo. Esa contradicción entre las posibilidades que ofrecen sus individualidades, con Messi a la cabeza, y ese rendimiento muchas veces opaco que devuelve el equipo en la cancha. Ayer, ante Ecuador, las posibilidades y las realidades se parecieron bastante. Pero para que el equipo sea confiable aun falta mucho.

Aquí los goles de la victoria  de la Selección Argentina sobre Ecuador por 4 a 0:


Argentina y su pequeña gesta en Barranquilla

El festejo argentino tras el primer gol en Barranquilla
Barranquilla es un lugar propicio para las grandes gestas. Caloruso, húmedo, de público fervoroso, no es el mejor sitio para el lujo y la gambeta, sobre todo para el visitante. Es más común allí familiarizarse con la lucha, el choque y los pelotazos. Eso pareció pensar el técnico argentino, Alejandro Sabella, a la hora de armar su equipo que enfrentaría a Colombia por las Eliminatorias. Prescindió de bueno pies como Ricardo Álvarez y Javier Pastore, titulares en el encuentro previo ante Bolivia, para dar lugar a guerreros como Rodrigo Braña y Pablo Guiñazú. Paradójicamente, cuando abandonó su planteo cauteloso, adelantó a su equipo en el campo y crecieron los jugadores con mayor talento que puso en cancha, Argentina encontró una buena victoria de visitante.

La Selección Argentina de hoy no es un equipo que hoy pueda aspirar a las grandes gestas, pero al menos la categoría de sus individualidades le permitió evitar un nuevo traspié, tan común en los últimos tiempos. Tras un primera parte anodina, en la segunda mitad Messi creció en el partido, Colombia se derrumbó física y futbolísticamente y Argentina pudo remontar un partido adverso para encontrarse con un resultado aliviador.

El equipo de Sabella fue eficaz en contener un eventual vendaval colombiano en los primeros minutos, pero sufrió cuando tuvo que avanzar sobre el arco rival. Como si eligiera refugiarse en la lucha del mediocampo por sobre el golpe en la ofensiva para no sufrir sobresaltos. La buena imagen de Guiñazú y la soledad de Messi cada vez que tomó contacto con el balón en la primera mitad fueron buenos signos del trámite del juego.

Pese a la cautela argentina, desde el comienzo Colombia eligió la misma propuesta: esperar en campo propio, sin desesperación, intentando aprovechar algún descuido en la defensa rival. Eso pasó los 26 minutos, tras un balón perdido por Sosa que terminó en un remate de Ramos, y en el tiro libre que culminó en el gol de Colombia, llegado tras un foul de Zabaleta en un pelota que la Argentina tenía dominada. Argentina terminó el primer tiempo sin generar una sola situación de gol.

La Selección Argentina es un equipo que desde un buen tiempo a esta parte se ha acostumbrado a verse derrotado y muchas veces a sufrir más que a jugar. Desde 2008, la albiceleste perdió ante rivales como Noruega (1-2), Bolivia (1-6), Alemania (0-4), Japón (0-1), Nigeria (1-4), Polonia (1-2) y Venezuela (0-1). En este contexto, no llama la atención la ausencia de títulos recientes.

Quizás en Barranquilla haya aflorado la rebeldía o la vergüenza propia de los futbolistas, pero el trámite tras 45 minutos parecía mostrar la continuidad del nivel reciente de la Selección. El equipo argentino tiene en su haber cuatro técnicos en la misma cantidad de años. Desde 2008, pasaron Basile, Maradona, Batista y ahora Sabella. Cada uno llegó a su cargo con la necesidad de encontrar resultados inmediatos, como si cada nuevo responsable trajera sobre los hombros una revolución escondida capaz de ponerse en juego al primer partido. En la previa del encuentro ante Colombia, tras sólo tres partidos oficiales, Sabella ya cargaba con la desconfianza de muchos. Pero cuando todo parecía encaminarse a una nueva frustración para Argentina, el trámite del partido cambió por completo.

El equipo albiceleste, sin llegadas en la primera parte, al menos pudo adelantarse en el campo al comienzo de la segunda mitad, principalmente por la influencia de Messi, quien al revés del encuentro ante Bolivia, creció en su desempeño a medida que se acercaba el final del partido. A los 15 minutos, el crack del Barcelona habilitó a Sosa, el arquero Ospina dio rebote y el rosarino mandó la pelota al fondo de la red. Con escasa movilidad y poco fútbol, igual Argentina pudo sostener su dominio. Los colombiano sólo inquietaron con una jugada Zúñiga que tapó muy bien el arquero Romero. Pocos minutos más tarde, el ingresado Kun Agüero anotó el segundo gol argentino tras un buen contraataque en combinación con Messi e Higuaín.

Argentina logró tres puntos importantes, aunque tampoco la remontada final le permita dejar de lado sus fantasmas. El equipo aun carga con el pecado de tener con qué pero no encontrar el cómo. Sus individualidades muchas veces no se potencian y sus virtudes particulares se reducen en la impotencia del conjunto. Al menos ayer dejó de lado la involución de los últimos juegos y apreció dar un pequeño paso adelante, al menos en la parte anímica.

El equipo aun debe luchar contra indiferencia y la desconfianza general. Cuenta con cracks capaces de brindar una gran fiesta de fútbol y muchas veces termina sumido en la mayor decepción. El viernes jugó en Buenos Aires ante Bolivia con un estadio semivacío. Ayer, una derrota hubiera sonado previsible para muchos.

El clima y el físico jugaron su partido en Barranquilla. El gol colombiano sobre el final de la primera mitad desniveló el resultado y Argentina parecía contar ni con fútbol ni con resto físico para equilibrarlo. Pero encontró las virtudes de sus cracks más talentosos, que olvidaron la lucha, el choque y los pelotazos que fueron moneda corriente en el partido para jugar por abajo y encontrar la victoria. No será obra de un gran funcionamiento colectivo, pero el triunfo en el calor de Barranquilla es una pequeña gesta que nadie en la Selección Argentina puede despreciar.

Aquí el compacto del partido:

Argentina eliminada de la Copa América

Era un una fecha propicia para la epopeya. Un 16 de julio de 1950, Uruguay le había ganado a Brasil en el Maracaná ante 200 mil personas y se había quedado con su segunda Copa del Mundo. Otro 16 de julio, pero de 1987, la Celeste se había llevado una victoria ante el local Argentina por las semifinales de la Copa América de aquél año. El 16 de julio de 2011, en Santa Fe, Uruguay lo hizo de nuevo: eliminó por penales a la Selección Argentina tras empatar 1 a 1 y se clasificó para los cuartos de final de la Copa América.

Uruguay mostró sus fichas desde el inicio del partido. Las faltas argentinas en tres cuartos de cancha fueron el arma que encontró la Celeste para llegar al arco rival. A los 5 minutos, Burdisso le cometió un foul innecesario a Forlán (como en todo el partido), el del Atlético Madrid la metió en el área, Cáceres la bajó de cabeza, Romero no pudo contener y Diego Pérez anotó el gol. La ventaja legitimó aún más la estrategia uruguaya de esperar abroquelado atrás, muchas veces con sus once jugadores en su propio campo. Desde el gol hasta los 45 minutos, Uruguay tuvo cuatro tiros libres y un córner a favor, todos determinantes, con aroma a gol. Despejes extremos, pelotas al travesaño, goles anulados, todas las acciones de peligro de los visitantes llegaron desde los pies de Forlán y desde la cabeza de sus compañeros. La expulsión de Diego Pérez a los 38 minutos acentuó el planteo cauteloso.

Pero en ataque Argentina mostró una cara más fresca, al menos en la primera mitad. Desde el inicio, el equipo supo acorralar a Uruguay, aun con las ventajas de campo que otorgaron los visitantes, parados cerca de su arco. Agüero pareció prendido en el juego, con un slalom a los 14 minutos que tapó bien Muslera, y colaborando en defensa cuando fue necesario. Sin embargo, los honores en la primera parte se los llevó Messi, comprometido con el partido, volviendo locos a Cáceres, Scotti y todo aquel que osara recostarse sobre la derecha para marcarlo. A los 17 minutos, el rosarino aprovechó espacios en la defensa uruguaya, puso un pase brillante para Higuaín, quien de cabeza anotó el empate. Si bien Argentina bajó su nivel en los últimos minutos de la primera mitad, todo hacía presagiar que llegaría la victoria en segunda parte.

Pero el fútbol tiene esos vaivenes inesperados. En el segundo tiempo, el equipo de Batista no pudo aprovechar su hombre de más, careció de carácter para ir a ganar el partido y sus jugadores muchas veces mostraron un toque intrascendente y un andar hasta cansino, lejos del juego asociado, en velocidad y por los laterales que exigía el partido. Pese a todo, la Argentina dispuso de chances claras para marcar y convirtió al arquero uruguayo Muslera en figura, pero siempre todo pareció depender de la inspiración de Messi, de algún toque de Pastore y de algún espacio que supiera ganarse Higuaín.

Cuando ya se acercaba el final, salió a la cancha el buen carácter uruguayo, que conforme pasa la historia sigue cosechando jugadores capaces de estar a tono con este tipo de citas. Dos delanteros enormes como Forlán y Suárez, defensores aguerridos como Lugano y un equipo que supo bancarse a un rival repleto de estrellas como Argentina. Forlán tuvo un mano a mano cerca del final ante romero, que tapó bien, y luego el del Atlético Madrid falló un cabezazo en el minuto 90.

En el tiempo suplementario, el equipo de Tabárez se plantó un poco más adelante y dispuso de algunas chances. Argentina también tuvo las suyas, en un partido que ya parecía desbordado de las dos partes, donde el que tuviera más puntería en el toque final se iba a llevar la victoria. Uruguay aguantó bien, contó con Muslera en gran nivel cuando fue necesario y tuvo la cuota de suerte que siempre hace falta. Argentina estuvo más cerca, pero la victoria por penales por 5 a 4 bien premia la entrega charrúa.

Seguramente, todos los argentinos (jugadores, el técnico, los hinchas) soñaron otro final para el torneo. A la vez, el equipo albiceleste hace honor a uno de los grandes mitos de su país. Tiene jugadores de primer nivel mundial, incluso al mejor del mundo, como estar en la elite, pero siempre algo lo impide. El proyecto de Batista, que nació con la idea de replicar el juego del Barcelona, terminó el partido amontonando cracks en ataque, que estuvieron muy lejos de mostrar algún tipo de intensión colectiva, más allá de la inspiración individual. Como en los últimos años, el equipo suma una nueva decepción.

Argentina encuentra su primer triunfo en la Copa América

Si la Selección Argentina decidiera encarar un entrenamiento exigente antes de un partido, seguramente recurriría a un equipo juvenil de sparrings como el que ayer puso en cancha Costa Rica. Los centroamericanos expusieron a un grupo de jóvenes voluntariosos ante un equipo plagado de estrellas, que pese a su flojo nivel en los dos primeros partidos de la Copa América siempre conserva la calidad de sus futbolistas de elite, que quedó en clara desde el primer minuto de partido. Argentina en todo momento fue más que su rival y siempre tuvo el control del partido, que se desenvolvió mayoritariamente en campo visitante. Fue 3 a 0 para el equipo de Batista, que culminó segundo en el grupo A de la Copa América y cerró la primera fase con su primer triunfo en el torneo.

Las jugadas se ensayan, los estilos se practican y las sociedades se buscan constantemente, pero al final la fortuna siempre parece prevalecer. Argentina en el primer tiempo había hecho mucho para ponerse en ventaja, pero terminó encontrando el gol a falta de un minuto para el final de la primera parte tras un remate de Gago y un rebote, que Agüero recogió y mandó al fondo de la red.

El 1 a 0 era merecido. A los 10, el nuevo titular Gonzalo Higuaín ya había contado con tres chances claras para marcar, en lo que fue una constante en el primer tiempo. Si el delantero del Real Madrid hubiera estado más preciso en alguna de las muchas ocasiones claras de las que dispuso, la goleada hubiera sido mayor.

En la segunda parte, Argentina encontró el segundo gol a los 7 minutos, nuevamente de la mano de Agüero, que definió con precisión tras un buen pase de Messi. A los 18, Di María puso el 3 a 0 final, nuevamente tras una habilitación del rosarino. Messi fue nuevamente el eje de las miradas y los deseos. Esta vez pudo cumplir las expectativas.

Más efectivo como pasador que como gambeteador, ayer Messi tuvo metros libres para moverse, más allá de que muchas veces padeció el juego brusco de los costarricenses, que recurrieron a la fricción para detenerlo. Messi habilitó para el segundo y el tercer gol, exhibió algunas buenas gambetas de su repertorio y, quizás lo más relevante para él, recibió el cariño y la ovación de los hinchas, necesitados como él de ver al héroe en buen nivel y contento de jugar para la Selección Argentina. Messi, y todo el equipo, recibieron cantos de aliento y aprobación del público, lejos de los silbidos y reclamos del partido anterior en Santa Fe.

En el segundo tiempo, el partido resultó más abierto, Costa Rica se desordenó y dejó espacios para que los cracks argentinos pudieran jugar con mayor libertad. Allí llegaron los goles, las gambetas, los lujos y las llegadas francas al arco rival. Sobre el final, Argentina recurrió al toque ante una Costa Rica apática que no parecía sufrir mucho la goleada. Sólo allí el equipo de Batista se apreció un poco al Barcelona, el modelo que intenta reproducir en la cancha. Ayer, con nueva formación y nuevo esquema, llegó el primer triunfo y la ansiada clasificación a cuartos de final.

Aquí el compacto del partido:

Argentina empató con Colombia y no levanta su nivel

Será una simplificación reducir lo vivido a noche a una imagen, un gesto o una jugada. Pero la cara de Messi que mostró la televisión cerca del final del partido entre Argentina y Colombia describía bastante fielmente lo ocurrido en la noche santafecina. Un triunfo esperado y necesario del equipo de Batista se transformó en un empate trabado y luchado, casi injusto por lo bueno hecho por Colombia durante los 90 minutos, donde dispuso de las mejores chances claras para marcar y llevarse la victoria.

La previa del partido se presentaba como lo anterior a la fiesta que se avecinaba. Color en las tribunas, banderas, cantos de aliento y todo preparado para ver a las estrellas argentinas conseguir su primer triunfo en la Copa América, tras el pálido empate 1 a 1 con Bolivia en el debut. Pero lo que se vio del equipo argentino fue una continuidad de lo anterior, lejos del esperado relanzamiento del juego del equipo.

Argentina salió a jugar el partido en campo rival en los primeros minutos y dispuso de algunas aproximaciones en ataque para marcar. Pero enseguida el partido se jugó al modelo colombiano, bien abroquelado atrás y aprovechando los huecos que dejaba la defensa argentina, que cuando no quedó descompensada entregó balones a sus rivales en zonas peligrosas que casi terminan en gol. Dyron Moreno y Falcao fueron algunos de los colombianos que tuvieron ocasiones claras para anotar, en especial una jugada a los 25 minutos del primer tiempo, donde tras un claro penal no cobrado Moreno erró un gol increíble.

El segundo tiempo profundizó el esquema que presentó el partido. Lejos de su modelo de toque y circulación anclado en Barcelona, Argentina fue un equipo que chocó, peleó, cometió infracciones y sus jugadores apostaron más a concretar la jugada individual que termine con su gol que a intentar asociarse para marcar. Argentina fue un equipo largo, descompensado, que no pudo conseguir el balón por tiempos prolongados y terminó hundido en la buena defensa colombiana. Su arquero Romero se convirtió en figura.

A los 35 minutos de la segunda mitad, Messi pateó un tiro libre cerca del área que se fue a la tribuna. Fue una muestra impropia para un jugador de su clase. Luego la imagen lo mostró frustrado, casi sin entender cómo había llegado a formar parte de un equipo que tan lejos estaba de lo que acostumbra a ver cuando juega en España. De la fiesta a la frustración, esa fue la parábola de Messi y del equipo argentino, cuyas estrellas se fueron envueltas en insultos y cantos agresivos, lejos de lo que seguramente soñaron hace tres semanas cuando comenzaron a preparar la Copa América.

Aquí el compacto del partido:

Argentina no pudo con Bolivia en el debut de la Copa América

La noche de apertura presentaba el menú cotidiano de esta clase de competencias: el fuerte equipo local se enfrentaba ante un rival menor en los papeles, para que un resultado favorable, abultado, pudiera encender el fervor de los hinchas y dar mayor arraigo popular al naciente torneo. La Copa América 2011, que se inició ayer en la Argentina, necesitaba una buena actuación de la selección local para salir de la sombra que lo escondía atrás del descenso de River y encender la pasión entre los fanáticos. También necesitaba un resultado favorable y una actuación convincente el equipo de Messi y Batista, para ganar en confianza y aspirar llevarse el torneo con fundamentos. Nada de eso sucedió: fue 1 a 1 ante Bolivia.

La Copa América cuenta entre sus mayores virtudes con su propia historia, que lo convierte en el torneo de selecciones más antiguo del mundo. Su primera edición se disputó en 1916 y hasta hoy se llevan disputados 1399 partidos. La versión 2011 ganó en importancia por ciertos aspectos coyunturales de los distintos equipos.

Argentina necesita de una buena actuación para revertir su imagen luego de la salida del Mundial de Sudáfrica por goleada ante Alemania, ratificar al nuevo ciclo de Batista y por la necesidad del equipo de ganar un torneo oficial tras 18 años. Por eso trajo lo mejor que tiene. Brasil se armó para la competencia con una nueva camada de jóvenes jugadores seleccionados y, ante su ausencia en las eliminatorias mundialistas, este torneo podría marcar el rumbo del equipo de aquí al 2014. Uruguay, Paraguay y Chile, tras sus buenas actuaciones en Sudáfrica, también traen a sus mejores jugadores. Así, se configuró un torneo con buenas figuras del fútbol mundial.

En su partido de ayer ante Bolivia, la Argentina aparecía como claro favorito, tan sólo por los nombres que puso en cancha. El ciclo de Batista, que nació tras el Mundial de Sudáfrica, encontró su modelo futbolístico fuera de su país, en el Barcelona multicampeón de Guardiola. La Argentina de Batista hace un culto de la tenencia del balón y del toque corto. Circulación y dinámica, toque y rotación, así aspira a construir su fútbol el equipo.

Ayer no supo mostrar nada de ese plan. Bolivia se paró firme más delante de lo esperado, presionó bien a Messi, Tévez y Lavezzi y el equipo de Batista terminó atado a las inspiraciones individuales de sus cracks, que no alcanzaron para romper la férrea defensa boliviana. Messi mostró algunas corridas inspiradas en el primer tiempo, pero, con el correr del tiempo, en lugar de darle el salto de calidad al equipo, terminó confundido en el barullo general, como si la fuerza negativa del conjunto terminara consumiéndolo.

En el segundo tiempo, el gol tempranero de taco de Rojas profundizó el panorama sombrío de Argentina, que sólo encontró el gol de la mano del ingresado Agüero (de lo mejor el tiempo que estuvo en cancha) a 15 minutos del final. A partir de allí dispuso de algunas chances para llevarse la victoria, pero toda construcción llegó más de la mano de arrestos individuales de Agüero, Di María y Messi que de cualquier intento de juego asociado.

Así, los cracks argentinos, ya estrellas del fútbol mundial, no pudieron quebrar a la defensa integrada por Lorgio Álvarez y Ronald Rivero, del Bolívar; Ronald Raldes, de Colón; y Luis Gutiérrez, de Oriente Petrolero. El fútbol una vez más no premió al más poderoso. Hoy los diarios bolivianos hablan de hazaña. Argentina deberá mejorar para cumplir las expectativas.

Aquí el compacto del partido entre Argentina y Bolivia:

El Barcelona fue demasiado para el Arsenal

La pared se rompió por el medio, lejos de los costados vacíos. Fàbregas tiró un tacó en el lugar equivocado, Iniesta leyó la intención, se filtró en la multitud de piernas y colocó el pase en cortada al corazón del área. Con la categoría de los cracks, Messi levantó la pelota por sobre el cuerpo del arquero Almunia y tocó al gol. Sólo una ráfaga de toques precisos podía romper la férrea defensa que el Arsenal inglés le puso al Barcelona. Ese 1 a 0 desató el partido y abrió el camino a la victoria de los catalanes. Pese al posterior descuento inglés, el Barcelona dominó campo y pelota durante casi todo el partido y se llevó el pase a cuartos de final.

Pese a las ausencias de algunas futbolistas importantes de ambos lados (Puyol, Piqué, Song, Walcott), el choque por los octavos de final de la Champios League entre Barcelona y Arsenal aparecía como uno de los mejores programas disponibles para ver en el menú del fútbol mundial. Equipos amplios, de pelota al piso e intenciones de ataque, que cuentan en su pasado inmediato con triunfos que certifican sus modos de hacer dentro del campo. Pero la expectativa de ver un encuentro abierto, con llegadas, naufragó desde el comienzo.

Seguramente con el video del encuentro del año pasado, donde se llevó a casa una goleada por 4 a 1, el técnico inglés Arsène Wenger eligió para el Arsenal el modelo que José Mourinho y el Inter plantearon ante el conjunto de Guardiola en la Champions League pasada. Once jugadores en su campo, equipo compacto, defensa achicando hacia adelante y espacios reducidos. Con esa receta contuvo al Barcelona la mayor parte del primer tiempo. Salvo un tiro al palo de Adriano y un remate de Messi, de poco más dispuso el Barcelona para abrir el marcador. A los 48 minutos del primer tiempo, Iniesta robó, pasó y Messi definió con clase de maestro. El nudo comenzaba a desatarse.

En la previa, el encuentro resultaba atractivo no sólo por lo que estos equipos muestran habitualmente dentro de la cancha, sino también por los modelos institucionales que representan afuera, en los despachos. Lejos de sostenerse con multimillonarios rusos o árabes para fichar superestrellas, el Barcelona y el Arsenal eligieron modelos propios para administrar sus clubes.

El equipo inglés es conducido desde el banco por el francés Wenger desde 1996. El técnico galo es licenciado en economía de la Universidad de Estrasburgo. No sigue la línea de los colosos de Europa de fichar grandes estrellas en su mejor momento, porque considera que los precios de los jugadores muchas veces están sobrevalorados. Por su afición a las estadísticas, a partir de su condición de economista, Wenger cree que los jugadores de edad más avanzada declinan en su rendimiento antes de lo que muchos suponen. Por eso, desde su llegada al club, se ha especializado en fichar a jóvenes jugadores para convertirlos en estrellas al compás del crecimiento del equipo. Por esa razón, se desprende de muchos de sus cracks antes de los 30 años (como los casos de Henry y Vieira).

El Barcelona, atravesado por la cultura catalana y el síntoma de pertenencia al club y la ciudad, ha combinado la presentación de grandes estrellas llegadas por millones con la promoción de jóvenes valores del club. Los catalanes también compran jugadores caros y su billetera gasta millones, pero de esos que hacen la diferencia y aseguran rendimiento, con las excepciones del caso, como el sueco Zlatan Ibrahimovic. A las estrellas adquiridas le suma el goteo permanente de su cantera, que aporta al equipo su columna vertebral.

Los dos modelos no fueron equiparables durante el primer tiempo, pero en el segundo tiempo, el Arsenal avanzó en el campo, como si la necesidad del empate lo impulsara a volver a su estilo habitual de ataque. La suerte lo ayudó: a los 52 minutos, Sergio Busquets cabeceó a su propio arco y empató el partido. Tres minutos más tarde, la expulsión de Van Persie devolvió el partido a su cauce conocido. Barcelona avanzó en el campo, Messi, Iniesta y Xavi se hicieron dueños del balón y por las bandas comenzaron a inundar el área de los gunners. A los 68, nuevamente Iniesta se filtró entre varios y asistió a Xavi para marcar el 2 a 1. Tres minutos más tarde, Messi cambió por gol un penal cometido a Pedro. Todo fue un monólogo del Barcelona y el modelo de fútbol catalán se adueñó definitivamente del espectáculo.

Cesc Fàbregas es una buena muestra del puente que une a estos dos clubes. A los 17 años, se marchó de la cantera de catalana tentado por el modelo Wenger. Con el tiempo, desde el centro del campo, con sus toques y conducción se convirtió en patrón y símbolo del Arsenal. Ayer no tuvo una tarde feliz. Su equipo, abandonó el modelo de ataque que lo caracteriza y eligió defender la ventaja obtenida en el partido de ida bien cerca de su arco. Igual quedó eliminado. El Barcelona lo hizo de nuevo y está en cuartos de final de la Champions League.

Kadafi y Messi

“Para la naturaleza humana no hay nada inaceptable”
Thomas Wiseman

En silencio, el mundo ve a la muerte transitar por Libia. Primero Túnez, luego Egipto, Bahrein, Argelia, el mundo árabe está enterrando a sus dictadores, o al menos intenta luchar contra ellos.

Es interesante pensar como, desde que los jóvenes multimillonarios árabes decidieron hacer pie en occidente y estrechar lazos allí, fueron vistos muchas veces como simpáticos aventureros dispuestos a levantar algún equipo de fútbol de capa caída (Málaga, Manchester City) o como empresarios - políticos ávidos de invertir dinero en eventos deportivos como el Mundial de Clubes, la Fórmula 1, el Masters Femenino de tenis o el Mundial de fútbol de 2022. Los habitantes de estos países podrían así ver a sus ídolos más de cerca.

Muchos de los mecenas dueños de millones son parte de estas familias de dictaduras que gobiernan desde hace décadas estos países de Medio Oriente, sin democracia ni derechos humanos. Se ve que ni a los clubes ni las federaciones respectivas les importa de dónde nacen los millones con los que pagan sus deudas.

Saadi Kadafi, uno de los hijos del todavía líder libio, construyó una carrera como futbolista de la mano de un pobre desempeño en las canchas pero con sus millones sobre las espaldas. Así, clubes de Malta e Italia (como Udinese, Perugia y Sampdoria) parecieron ver en Kadafi hijo un anzuelo para llegar a los miles de barriles de petróleo de su país. Hoy, el joven Kadafi dirige la Federación Libia de Fútbol, el Comité Olímpico de su país y tiene una participación mayoritaria en el club Al Ahly Trípoli. Además, en estos días desempeña un papel determinante en la resistencia del gobierno de su padre contra el avance rebelde.

Su padre aún no fue expropiado de las acciones de la Juventus, donde es el segundo mayor accionista. Mediante la empresa Lafico, una empresa árabe dedicada a las inversiones extranjeras, Kadafi padre cuenta con el 7,5 por ciento de las acciones del club, valuadas en 17,5 millones de dólares. En estos días, sus directivos se debaten en cómo explicar que desde 2001 se sientan a la mesa con semejante personaje, o con sus enviados, y manejan el club con los dineros que provienen de sus manos.

Este fútbol moderno, de sponrsors y futbolistas convertidos en estrellas, muchas veces se nutre de dinero mal habido. Pero si a muchos gobiernos no les interesa el origen de los depósitos bancarios, menos podrá esperarse de los dirigentes deportivos.

Los futbolistas que disfrutan de los millones son modelos para las mejores marcas y para los miles de hinchas que los miran desde la tribuna y la televisión. Hace pocos días, un niño de Libia sostuvo una pancarta que en la ciudad de Bengasi, al noroeste del país, que exigía el apoyo de Lionel Messi a la lucha del pueblo contra su líder dictador. “Messi dice que lo que pasa en Libia ahora es una verdadera carnicería", rezaba el cartel. Justo Lionel, que se expresa poco fuera de la cancha, pero mucho dentro de ella, era incentivado a denunciar las atrocidades de Kadafi. Habla poco y dice menos Messi cuando enfrenta los micrófonos. Si no tiene mucho para contar sobre la pelota, menos podrá agregar sobre la política.

Cuando Diego Maradona fue excluido por doping en el Mundial de 1994, hubo protestas callejeras en Bangladesh. Quizás en aquel tiempo de menos sporsors y más pelota al piso había más lugar para lo auténtico. Hoy, todo es corrección y buenos modales en el primer mundo deportivo. Mientras tanto, las balas se cruzan en Libia. Allí Messi no es el mesías como en Barcelona.

Galeano, Messi y los mesianismos

Hace pocos días, el escritor uruguayo Eduardo Galeano recibió en México el diploma de honor y la Medalla 1808 como reconocimiento a su trayectoria, en una ceremonia realizada en el antiguo Palacio del Ayuntamiento del Distrito Federal.

Consultado por las revueltas que se producen en estos días en Medio Oriente y el papel de Estados Unidos, Galeano eligió la metáfora futbolera. “A mí me parecen peligrosos todos los mesianismos, tengan el color político que tengan y provengan de la religión de donde provengan. El único mesianismo que no me parece peligroso es el mesianismo de Lionel Messi, el mejor jugador de futbol del mundo”. En algunas manifestaciones que tuvieron lugar en Libia se exhibieron algunas pancartas con el nombre de Messi. Parece que allí sí lo ven al rosarino como un posible salvador.


"Messi dice que lo que pasa en Libia ahora es una verdadera carnicería", reza la pancarta que enseña Mohamed, un adolescente de 13 años, en el centro de Bengasi, en una particular forma de usar a su ídolo futbolístico para apoyar la rebelión contra Khaddafi. Sin embargo, Messi aún no se ha pronunciado sobre el conflicto que se vive en aquél país.


Aquí la entrevista a Eduardo Galeano, donde habla sobre Messi y los mesianismos:

Argentina, Portugal, Ginebra

"Ginebra es la ciudad más propicia para la felicidad"
Jorge Luis Borges, escritor argentino

Argentina y Portugal entregaron una nueva postal del fútbol posmoderno. Lejos de Lisboa y Buenos Aires, los equipos nacionales se encontraron en Ginebra, Suiza, ciudad internacional por las casi 200 organizaciones internacionales que tienen su sede allí y por el 40 % de su población extranjera. El duelo quedó planteado casi como un enfrentamiento individual entre Messi y Cristiano Ronaldo, estrellas hoy ubicadas en el olimpo del fútbol mundial. Ambos se destacaron en el partido, aunque la actuación brillante de Messi se coronó con un penal sobre el final que se selló la victoria Argentina por 2 a 1.

El aire marketinero prevaleció en la previa por sobre el romanticismo que rodea a la ciudad que albergó el partido. Ginebra está ubicada al oeste de Suiza, en el límite con Francia, sobre las costas del lago Lemán. Las montañas que la rodean completan el paisaje. En sus calles, además de organismos como la Cruz Roja Internacional, las Naciones Unidas, la Organización Internacional del Trabajo y la Organización Mundial de la Salud, sobresale la gran vida cultural de la ciudad, con sus numerosos museos, bibliotecas, el Gran Teatro y la Orquesta de Suiza. Ese gran movimiento fue el que cautivó al escritor argentino Jorge Luis Borges, que pasó allí parte de su juventud y encontró su muerte en 1986. Sus restos aún descansan en el cementerio de Plain Palais.

Cerca de allí se encontraron Argentina y Portugal, con Messi y Cristiano Ronaldo, en un cruce que abarca a Barcelona, Adidas y Dolce & Gabbana (Messi) y a Real Madrid, Nike y Armani (Cristiano). Se calcula que por año el argentino recibe 33 millones de euros y el portugués 30,5. En la previa, las especulaciones sobre quién sería el mejor del duelo pesaron más, pero en la cancha ambos mostraron algunas de sus mejores virtudes.

El primer tiempo del partido presentó numerosas llegadas para los dos equipos, aunque Portugal siempre pareció estar más cerca del gol. Sólo Messi pudo romper el dominio rival, con apiladas, opciones claras de gol y asistencias determinantes a sus compañeros. Casi todas las llegadas de Argentina lo tuvieron como protagonista principal o secundario. A los 14, dejó atrás a varios rivales y asistió a Di María, quien marcó el 1 a 0 parcial. Poco después, Ronaldo capturó una pelota suelta en el área y empató el partido.

Mientras el ex Manchester United estuvo en cancha, hasta los 60 minutos, Portugal fue más que su rival y dispuso de más situaciones. Con la salida de Ronaldo, Argentina se adelantó en el terreno, Cambiasso gravitó más, los ingresados Pastore y Martínez acompañaron mejor a Messi, quien con un penal en el último minuto de partido marcó el 2 a 1 final. No fue justo por el trámite, aunque selló una gran actuación del rosarino, que fue la diferencia que hubo entre ambos equipo.

Como en el último amistoso ante Brasil en Qatar en noviembre pasado, Messi le dio el triunfo a la Selección Argentina sobre el final del juego. Se llevó así el simbólico duelo frente a Cristiano Ronaldo, a quien venció las cinco veces que se enfrentaron. A Borges no le gustaba el fútbol pero disfrutaba del ajedrez. En su poema que homenajea al juego – ciencia, escribió una frase que bien pueda aplicarse al fútbol y al duelo entre el portugués y el argentino:

“Cuando los jugadores se hayan ido,
cuando el tiempo los haya consumido,
ciertamente no habrá cesado el rito”.

Aquí los mejores momentos del partido:

Goleada histórica del Barcelona al Real Madrid

De los 22 titulares que saltaron al Camp Nou, sólo uno (Marcelo, lateral derecho del Real Madrid) no estuvo en el Mundial de Sudáfrica 2010. Evidentemente, Barcelona y Real Madrid, como los clubes más importantes del mundo, pueden combinar en su equipo a las figuras más importantes del fútbol mundial, generando una cita de expectativa global. Muchas veces sucede que semejante expectación previa no tiene relación con el nivel de juego del partido, pero esta vez el fútbol visto dentro del campo colmó las almas de los hinchas del Barcelona y de los neutrales, que nos deleitamos con una muestra de toque, gambeta y precisión como ya es habitual en el Barcelona de Pep Guardiola. El 5 a 0 final es justo e inapelable.

Barcelona pudo hoy desmentir la falsa imagen que lo presenta como un equipo excesivamente lateral, que juega a lo ancho más que a lo largo y que preferiría que los arcos estén al lado de los bancos de suplentes, no en las áreas. El Barca en general, y Messi en particular, hizo uso y abuso de los pases en diagonal, que se clavaron como dagas en la defensa madridista. El pase en cortada para derribar la pared de la defensa, tras un juego paciente de toques cortos que permiten encontrar el hueco justo, fue la receta precisa para ganar el partido. Iniesta en el primer gol y Messi en el tercero y en el cuarto son clases disponibles para aprender a desnivelar al rival con un solo pase certero.

Con su victoria, Barcelona superó al Madrid en la punta del torneo con dos puntos de ventaja. Villarreal, el tercero en la tabla, se ubica a 7 unidades del puntero. Desde hace tiempo es sabido que la liga española es duelo entre los dos equipos más importantes, con el resto de los clubes intentado tomar las sobras que se le escapan a los poderosos. Pero en el gran derby de esta fecha no hubo duelo, porque un equipo fue tan superior al otro desde el primer minuto que echó por la borda cualquier intento de paridad. Barcelona sabe jugar las citas importantes y por algo Guardiola ganó los cinco clásicos que disputó como técnico, uno con una memorable goleada por 6 a 2 de visitante. Ver a los cracks madridistas cotizados en millones deambular por campo en la segunda parte es un derroche inútil que sólo puede lograr el fútbol. Con semejante muestra de nivel futbolístico catalana, sobran los motivos para echar elogios, pero mejor quedarse con los hechos y confirmar que el buen juego puede atractivo y efectivo. Gracias Barcelona.
Aquí el resumen del partido:

Argentina - Brasil y el fútbol "posnacional"

El hincha que ingresó a la cancha a poco del final corrió por el campo a la vista de todos, sin que nadie se preocupara por él. Al fin y al cabo, era el toque de color para un evento prolijo y solemne, transmitido por televisión para todo el mundo. Tras unos instantes, los perezosos guardias de seguridad saltaron sobre el intruso y el partido continuó. A los pocos minutos, Lionel Messi se mandó una apilada en velocidad, conocida e imprevisible a la vez, y definió el partido. A miles de kilómetros de su tierra, las selecciones de Argentina y Brasil reeditaron el clásico sudamericano, esta vez en Doha, Qatar. El desequilibrio de Messi fue la diferencia entre ambos, lo que le permitió al equipo de Sergio Batista llevarse el triunfo por 1 a 0.

Dos millones de dólares recibieron la Confederación Brasileña de Fútbol y la Asociación del Fútbol Argentino por trasladar a sus estrellas hasta medio oriente. En las tribunas, los jeques árabes, que cuentan miles de millones de dólares parados sobre los pozos de petróleo, compartieron cartel con algunas de las estrellas globales invitadas, como los ex tenistas John McEnroe, Bjon Borg e illie Nastase; los pilotos de fórmula 1 Rubens Barrichello y Felipe Massa; y figuras del fútbol mundial como Zinedine Zidane, José Pekerman, Bora Milutinovic, Osvaldo Ardiles y Alex Ferguson, más el presidente del Barcelona Sandro Rosell. El motor de la historia era la promoción de Qatar como sede del Mundial de fútbol de 2022. Definitivamente, Sudamérica queda lejos de Qatar y su lógica de organización de eventos.

El investigador costarricense Sergio Villena Fiengo sostiene que el fútbol completó su desarrollo como deporte mundial a partir de la televisión vía satélite, lo que le permitió incorporarse en las últimas décadas a distintos mercados originalmente ajenos, como Estados Unidos y algunos países asiáticos. Como consecuencia de esta “mundialización”, agrega Villena Fiengo, el fútbol fue cediendo paulatinamente su independencia a las leyes del mercado global y perdió “no sólo sus valores humanistas particulares, inspirados en el olimpismo reciclado como ´fair play´, sino también su asociación con el nacionalismo y la regulación estatal”.

Los seleccionados de Argentina y Brasil se enfrentaron a miles de kilómetros de sus países, en uno de los últimos lugares donde el fútbol completó su alcance global, como una forma de reafirmar el alcance de este deporte hoy en día. Si patria es la selección nacional de fútbol, como escribió Albert Camus, está vez la nación quedó lejos de su lugar de origen, práctica y simbólicamente. Hoy saltaban los ojos al ver a Messi y Pastore ensayar gambetas ante sus vecinos de Brasil en un lugar tan ajeno a su tierra como el desierto qatarí. Definitivamente, de ambos lados pesó más el afán recaudatorio que la preocupación por los fanáticos del fútbol de sus países, aquéllos que erigieron como ídolos a los protagonistas del espectáculo. En este sentido, Villena Fiengo afirma que el fútbol “se está alejando de los constreñimientos que derivaban de una organización y manejo basada en criterios de nacionalidad, para favorecer los criterios de legitimación basados en su capacidad para servir de instrumento a las estrategias de marketing de las grandes empresas transnacionales del entretenimiento y la comunicación”. Se configura así lo que el autor llama un fútbol “posnacional”.

El clásico sudamericano que hoy vio como triunfador a la Argentina se configuró como un encuentro edulcorado, jugado al trote, tamizado por los millones del petróleo de medio oriente, cuyos dueños en los últimos años tienen por costumbre armar sus propios espectáculos deportivos para deleitarse con ellos en vivo y en directo desde un cómodo palco, sin tener a la televisión como intermediaria. La mayoría de los hinchas argentinos y brasileños, lejos del evento, vieron así como sus cracks, nacidos y criados en el sur, desfilaron por el estadio como moneda de cambio y fuente de entrenamiento para los dueños de los millones. Además de los amistosos de fútbol, el master femenino de tenis ya se jugó en Qatar, en 2012 se llegará el Mundial de Clubes de fútbol y una fecha en el calendario de Fórmula 1 es la próxima aspiración.

El partido entre Argentina y Brasil mostró algunos intentos de buen juego, varias llegadas a los arcos, algunos espacios para jugar propios de un amistoso, sobre todo en el segundo tiempo, y algunas patadas dignas de un encuentro por los puntos. Una genial apilada de Messi de derecha a izquierda a los 46 minutos del segundo tiempo, tras una linda pared con Lavezzi, culminó con un zurdazo certero al palo izquierdo del arquero Víctor. Así Argentina selló la victoria y se llevó su primer triunfo ante Brasil en los últimos cinco años.

“El fútbol, que alguna vez se pensó era propiedad de la sociedad civil, – finaliza Villena Fiengo - parece ser cada vez menos una cuestión de Estado y se convierte, como todo en la era neoliberal, en un monopolio del mercado globalizado”. En medio de tanto show del marketing y el entretenimiento, mejor recordar como consuelo los encares de Pastore, los toques de Banega, los arranques de Lavezzi y, sobre todo, esa gambeta final de Messi con el gol definitorio. Mientras tanto, el fútbol como espectáculo seguirá su viaje global, detrás de los millones.

Messi y Haití

Finalizado el Mundial, la noticia que llega en estos días en relación a la Copa del Mundo indica que más de 5.000 personas fueron arrestadas durante el campeonato por apuestas ilegales por Interpol. En todo el operativo realizado en unas 800 casas clandestinas de China, Malasia, Tailandia y Singapur se confiscaron unos 10 millones de dólares, además de automóviles, computadoras y teléfonos celulares. Según cálculos oficiales, durante el Mundial estas casas de juego ilegales manejaron apuestas por un valor de más de 155 millones.

Luego de transpirar la camiseta, los futbolistas que jugaron en Sudáfrica ya están en su mayoría de vacaciones. Cristiano Ronaldo mostró sus músculos bronceados en Nueva York junto a su novia, la modelo rusa Irina Shayk. Previamente, había anunciado la llegada de su primer hijo. En España, David Villa, Pepe Reina y Charles Puyol van camino a Ibiza a disfrutar de las playas. Tras el beso apasionado delante de las cámaras, Iker Casillas y su novia periodista, Sara Carbonero, partirán a algún lugar de Sudamérica.

Lionel Messi se mostró primero en una playa de Brasil junto a su novia. Luego, viajó a Panamá para disputar un amistoso a beneficio junto a estrellas del fútbol como Lucio, Marco Materazzi, Edgar Davids, Fernando Morientes y Cristian Vieri. Finalmente, se puso el traje de embajador de UNICEF y partió hacia Haití.

En la misma tierra que sufrió un terrible terremoto el pasado 12 de enero, el rosarino y su padre Jorge visitaron una escuela y el campamento Carrefour Aviation, donde viven 50.000 haitianos que perdieron sus casas en la tragedia. Luego pasaron por Hospital Reubicable que la Fuerza Aérea Argentina tiene en Puerto Príncipe, como parte del contingente de la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití (MINUSTAH). La Argentina en la actualidad dispone de 710 efectivos ubicados entre las ciudades de Gonaives y Puerto Príncipe, donde está instalado el Hospital. Finalmente, Jorge y Lionel Messi visitaron las oficinas de UNICEF.

Antes del terremoto, el 65 % de los haitianos vivía por debajo de la línea de la pobreza y la esperanza de vida no superaba los 50 años. Casi el 50 % de los habitantes sufría de desnutrición crónica y más de la mitad de los niños no iba al colegio. El terremoto de enero dejó cerca de 200.000 muertos y puso los ojos de la comunidad internacional en la isla. Pese a las donaciones masivas, la situación de los haitianos hoy no difiere mucho de los días siguientes al terremoto. Solo 28.000 personas del millón y medio de desplazados por la tragedia han sido realojadas en nuevas casas. Los escombros son recogidos por desocupados haitianos a cambio de 5 dólares por día. Según un reciente informe del Congreso de los Estados Unidos, hasta hoy sólo pudo limpiarse el 5 % de los escombros y se calcula que a este ritmo la remoción de las ruinas podría durar más de siete años.

Hace pocos días, el gobierno canadiense anunció el relevo del jefe del Estado Mayor de las tropas de la Misión de Estabilización de la ONU en Haití, Bernard Ouellette, porque ya no confiaba en él. Bill Clinton, presidente de la Comisión Internacional para la Reconstrucción de Haití, manifestó recientemente su frustración por la lentitud en la entrega de los más de 5 mil millones de dólares prometidos por la comunidad internacional para la isla. Hasta el momento, sólo el 2% de estos fondos han sido entregados.

"El fútbol me ha dado muchas alegrías y oportunidades y me siento agradecido a UNICEF por esta oportunidad para apoyar a la infancia. En mi papel como Embajador de Buena Voluntad de UNICEF, espero ser capaz de apoyar a los niños que necesitan nuestra ayuda", dijo Messi en Haití. Además de buenas intenciones, hará falta dinero y gestión política para mejorar la situación de los haitianos.

Con su jerarquía, Argentina pasa a los cuartos

Las decisiones erróneas del árbitro Roberto Rosetti y la mayor jerarquía de sus jugadores fueron hoy los factores que inclinaron la balanza a favor de la Selección Argentina, para llevarse una victoria por 3 a 1 sobre México y pasar la llave de octavos de final del Mundial. El tridente ofensivo de Maradona (Messi, Tévez e Higuaín) tuvo la decisión, la velocidad y la precisión necesaria para definir un partido que inicialmente se presentó adverso y que se transformó en una clara victoria. Argentina mostró algunos desacoples en defensa y no encontró grandes rendimientos en el mediocampo, pero la calidad de sus delanteros es capaz de suplir casi cualquier falencia. Son ellos los que ayer pusieron al equipo en cuartos de final.

México planteó un partido inteligente, con un equipo esperando al rival en el mediocampo y con Giovanni Dos Santos y Guardado bien abiertos por las bandas para generar peligro. La idea dio resultado al comienzo. El equipo de Javier Aguirre fue mejor que Argentina los primeros 25 minutos y tuvo dos chances claras para marcar: un disparo de Salcido que dio en el travesaño y otro de Guardado que no entró por esas cosas de las bendita pelota Jabulani. A los 25 minutos, un buen pase de Messi dejó a Tévez mano a mano con el arquero Pérez, que no pudo retener el balón. La pelota quedó nuevamente en los pies del diez, que habilitó nuevamente a Tévez, quien en claro off side definió de cabeza y marcó el 1 a 0. Ni el árbitro italiano Rosetti ni su ayudante Stéfano Ayroldi lo advirtieron. Como en el gol anulado a Inglaterra ante Alemania, los fallos arbitrales volvieron a ser decisivos en los encuentros definitorios del Mundial, con horrores difíciles de explicar. Argentina, que poco peligro había creado hasta entonces, se puso en ventaja. A los 32 minutos, un error garrafal del central Osorio le dejó la pelota a Higuaín, quien con una pisada de crack dejó atrás a Pérez y marcó el 2 a 0. Poco habían hecho los de Maradona y ya ganaban 2 a 0. En dos jugadas definieron el partido.

En la segunda mitad, México se paró más adelante en el campo, pero inicialmente no logró generar más peligro sobre el arco de Romero. A los 6 minutos, Tévez intentó pasar entre dos, la pelota quedó boyando y el delantero del Manchester City clavó un derechazo al ángulo de esos que van a parar directo a los videos institucionales de la FIFA y a las publicidades de Nike. Nada pudo hacer Pérez y allí se terminó el partido. Los mexicanos intentaron el descuento, pero en sus lentos avances dejaron en claro cuánto les cuesta generar peligro contra el arco rival. Sin mucho esfuerzo, Argentina se defendió discretamente y si bien pasó algunos sobresaltos, nada parecía poner en duda la victoria de los de Maradona desde mucho antes del final del encuentro. Sólo una buena jugada del “Chicharito” Hernández, el mejor jugador mexicano del partido, le permitió a los aztecas anotar el descuento. En los últimos partidos, el equipo argentino quedó muy retrasado en el campo, sus delanteros muy aislados y generó poco peligro, tan sólo una gran apilada de Messi al final que el arquero Pérez desvió al córner.

México es un equipo interesante, con jugadores de buen pié (Márquez, Guardado, Dos Santos, Hernández), pero su mayor falencia para pasar del cuarto partido de los mundiales parece ser su falta de carácter para ganar los encuentros en las instancias decisivas. Hoy pudo marcar en los primeros minutos, pero ante la primera adversidad el equipo se derrumbó. Los fallos arbitrales favorables y la precisión de los delanteros argentinos inclinaron la balanza. El equipo de Maradona mostró buenos rendimientos en la delantera, en especial Tévez con sus dos goles, y en algunos defensores, como Otamendi y Heinze, más allá de algunas imprecisiones en la salida. Pero la saga central (Demichelis volvió a perder con Hernández en el gol) y los volantes por afuera volvieron tener rendimientos bajos. Ahora será el turno de Alemania, el sábado en Ciudad del Cabo. Argentina ya llegó a la instancia donde debe estar, entre los ocho mejores del campeonato. Para pasar a semifinales, los 11 deberán jugar como Carlitos.

Argentina puede pensar en grande

Los dos minutos finales del primer tiempo muestran la particularidad del fútbol como deporte, donde los merecimientos muchas veces no cuentan y los resultados desmienten lo acontecido en el campo. A los 43 minutos, Messi gambeteó entre cuatro rivales, enganchó para la zurda y colocó la pelota junto al palo derecho del arquero Jung Sung-Ryong. El balón se fue muy cerca y Argentina estuvo a muy poco de ponerse 3 a 0 y liquidar virtualmente el partido ante Corea del Sur. A la jugada siguiente, un saque de arco coreano fue controlado por Demichelis, que confiado no vio venir a Lee Chung-Yong, quien le robó el balón y marcó el descuento tras definir sobre el arquero Romero. En la segunda parte, Argentina mantuvo su superioridad y con dos goles más de Gonzalo Higuaín se llevó la victoria por 4 a 1.

Argentina fue superior desde el comienzo, controlando el balón y jugando el partido en campo contrario. A contramano del encuentro ante Nigeria, en el inicio Messi fue menos gravitante en el área rival y crecieron las figuras de Tévez y de Di María, que conformaron una buena sociedad por la izquierda del ataque. Argentina creó situaciones de riesgo y, cuando a los 16 minutos Park Chu-Young metió la pelota en su propio arco tras un centro de Messi, el resultado era justo. La diferencia se amplió a los 32 minutos, nuevamente con un tiro libre que peinó Burdisso e Higuaín de cabeza mandó al fondo de la red. Pese a la superioridad argentina, Corea, sin crear peligro, encontró el descuento a los 45 minutos y la primera mitad terminó con un 2 a 1 que lucía injusto.

En la segunda parte los coreanos se pararon más adelante y el partido se hizo de ida y vuelta, con llegadas de los equipos. Yeom Ki-Hun dispuso de un mano a mano que por muy poco no se transformó en el empate. Pero los espacios permitieron la aparición de Messi, que con gambetas y pases precisos hacía pensar que cada ataque argentino podía terminar en gol. Tévez mantuvo su buen nivel y continuó generando peligro e Higuaín mostró sus mejores cartas, esas que le permiten asociarse al circuito de juego pero también estar presente en el área para dar el último toque. Eso sucedió en el tercer gol, donde tras una gran corrida de Messi y el rebote en el arquero Jung Sung-Ryong y luego en el palo, el del Real Madrid empujó la pelota al gol. En el cuarto, nuevamente Higuaín se asoció con Messi y el ingresado Agüero, de buen nivel, para colocar un preciso cabezazo sobre el palo derecho tras una gran jugada colectiva.

Argentina jugó mejor que en su debut ante Nigeria, nuevamente generó situaciones pero esta vez fue más contundente, lo que se refleja en el resultado. El equipo de Maradona sale siempre a buscar los partidos, lo que no es poco por lo que se ha visto en este Mundial, y dispone del medio hacia delante de jugadores de primer nivel, capaces de generar peligro en cualquier momento. En este partido, aparecieron rendimientos interesantes de algunos jugadores que no se habían mostrado en el encuentro inicial, como Tévez, Di María, Higuaín y hasta del ingresado Agüero. Queda consolidar el rendimiento defensivo, especialmente en el sector derecho, con un Demichelis que aún no ha mostrado un rendimiento convincente en ninguno de los dos partidos. Esta vez fue menos exigido Jonás Gutiérrez y fue bueno el nivel de Burdisso (que ingresó al comienzo por el lesionado Samuel) y de Heinze. De menor a mayor, Argentina está en las puertas de la segunda ronda con motivos concretos para pensar en grande. No muchos hasta ahora pueden darse ese lujo en esta Copa del Mundo.

Argentina da el primer paso

Verón fue hacia el córner ocho años después de su caminata más famosa. En el Mundial de Japón y Corea 2002, a minutos de que Argentina se quedara afuera de la Copa en la primera fase hacia Suecia, su andar tranquilo irritó a muchos y lo convirtió en el villano de la época. Ésa era su última imagen en una Copa del Mundo. En Sudáfrica 2010, su primera ejecución desde la esquina le dio a la Argentina su primer gol y único gol ante Nigeria. Heinze conectó de cabeza el centro de la Bruja y la pelota ingresó por el ángulo derecho. Sin brillar, Argentina se llevó los tres puntos en su debut.

Las presencias de Messi, Higuaín y Tévez en la delantera invitaban a soñar con un equipo argentino que saliera a llevarse por delante a su rival, en los papeles un conjunto más débil. Eso ocurrió de a ratos, aunque siempre dio la sensación de que, cuando se lo proponía, el equipo de Maradona generaba peligro el arco de Vincent Enyeama. Messi, Higuaín y Tévez dispusieron de situaciones claras para anotar y estirar la diferencia en el marcador. En ofensiva, pocos equipos tdisponen de la calidad y las variantes que tiene Maradona.

Pero los problemas argentinos surgen de la mitad de la cancha hacia atrás. Con Jonás Gutiérrez improvisado en el lateral, el franco derecho de la defensa se constituyó una zona fértil para los ataques nigerianos, que desde ese lugar generaron peligro sobre todo en el primer tiempo. Ya en la segunda parte, los centros y los tiros de afuera de los nigerianos inquietaron a la defensa argentina, que tuvo la seguridad de Romero y la suerte necesaria para asegurar el cero. Un tiro de Taiwo desde afuera y otro de Yacubu desde el punto del penal fueron las chances más claras de los africanos, que mostraron escasa jerarquía a la hora de definir.

Con Jonás más preocupado en defender que en atacar y con Di María con poco peso, Argentina dispuso de poco juego por las bandas y atacó en general por el centro. En ese sector jugó Messi, que se vinculó mucho con la pelota y siempre que encaró hacia delante generó peligro en el arco rival. El rosarino tuvo cuatro chances claras para marcar que tapó el arquero o que se fueron cerca. Ésa probablemente sea la mejor noticia para los argentinos: Messi está bien físicamente y en buen nivel futbolístico. Cuando toma el balón resulta desequilibrante, capaz de marcar goles por sí sólo. Gran parte de las posibilidades de su equipo residen en sus pies. Si él, Higuaín y Tévez hubieran estado más precisos, la diferencia ante Nigeria hubiera sido mayor.

No le sobró mucho a la Argentina para ganarle a un equipo inferior como Nigeria, pero consiguió tres puntos importantes para ganar confianza de cara al futuro. Si el rendimiento de hoy actúa como un piso de cara al futuro, hay motivos para ser optimista. Al fin y al cabo, es importante asegurarse la clasificación a octavos de final, pero será a partir de allí donde deberá verse la mejor versión del equipo.

La Argentina de Maradona

Una encuesta del diario Marca da Argentina y Brasil como los principales rivales de la Selección Española en el Mundial de Sudáfrica. Muchos de los periodistas desconocidos que son fuente de consulta en los grandes medios por estos días también señalan al equipo de Maradona como uno de los candidatos a llevarse la copa. En el extranjero parece construirse una imagen optimista sobre futuro de la albiceleste que a veces incluso supera al ánimo doméstico. Pero las grandes individualidades argentinas, con Lionel Messi a la cabeza, generan miedos o ilusiones según desde donde se las mire.

Argentina se presenta como candidato por el buen momento futbolístico de muchos de sus jugadores más que por el nivel colectivo del equipo. Distinto es el caso de España, que mediante la estructura del Barcelona se constituyó como un equipo temible, que se puso desde hace tiempo el traje de candidato al título. Los 34 goles de Messi en la última temporada de la Liga Española, los 27 de Higuaín (fueron los máximos anotadores del campeonato), los 22 de Diego Milito en Italia (más los dos tantos en la final de la Champions League), además del buen nivel de Tévez y Agüero, junto con su tradición futbolística y de títulos, ponen para muchos al equipo de Maradona como uno de las serios aspirantes al título mundial. Argentina tiene cracks en el sector de la cancha donde no abundan.

Sin embargo, el ciclo Maradona, nacido a fines de 2008, se caracterizó por su irregularidad. Argentina fue cuarto en la zona americana de clasificación con 28 puntos, detrás de Brasil, Chile y Paraguay. En todo el proceso Maradona, el equipo jugó 20 partidos, de los cuales ganó 14 y perdió 6. Sin embargo, por Eliminatorias, las estadísticas son más estrechas, con 4 victorias e igual cantidad de derrotas. Los triunfos de la era del Diez aumentan cuando se tienen en cuenta partidos ante rivales menores como Panamá, Ghana, Jamaica, Haití y Canadá.

El poder de las individualidades sobresale ante la imagen del técnico, héroe como futbolista pero que comenzó a hacerse como entrenador mientras se descubría en el cargo. Esto se observa principalmente en la multitud de jugadores convocados (más de 100 en menos de dos años) y en los distintos esquemas tácticos utilizados. Las derrotas en fila ante Brasil y Paraguay por Eliminatorias en septiembre pasado, que comprometieron seriamente la clasificación al Mundial, actúan como quiebre en esta corta historia, con estradas y salidas de jugadores. En el once titular ante los guaraníes aparecieron Zanetti, Domínguez, Papa, Gago y Dátolo. Ninguno de ellos jugará la Copa del Mundo. En el partido ante Perú, del 10 de octubre, comenzaron en la cancha Schiavi, Emiliano Insúa, Enzo Pérez y Pablo Aimar, éste último como enganche. Tampoco ellos estarán en Sudáfrica. Cuatro días después, ante Uruguay, ya aparecieron las dos líneas de cuatro que Maradona abrazó en los siguientes partidos. La victoria en el Centenario y la clasificación al Mundial sellaron el destino de esos jugadores y de esa idea.

El esquema con cuatro centrales en la defensa y otra línea de cuatro volantes, con salida por afuera con Jonás Gutiérrez y Di María, asomó en el partido ante Uruguay y se fortaleció principalmente en la victoria ante Alemania en Munich por 1 a 0 en marzo pasado. Aquel amistoso fue tomado por Maradona como un partido de Mundial y el nivel aceptable del equipo reafirmó las ideas precedentes del técnico, aunque ahora parece que se inclinará por jugar el primer partido del Mundial con tres delanteros. Más allá de todo, lo mejor del equipo se vio en partidos amistosos, que en general no permiten sacar conclusiones definitivas. Argentina deberá mostrar su mejor nivel, que ya exhibió en algunos pasajes de distintos partidos, para acrecentar sus aspiraciones de título. Dispone del jugador más desequilibrante del mundo (Messi) y de un grupo de buenos futbolistas, sobre todo en ataque, capaces de acompañarlo en el camino a lo más alto. Su grupo de primera fase, que comparte con Nigeria, Corea del Sur y Grecia, le permite soñar a lo grande. Habrá que ver si las grandes individualidades hacen un gran equipo

El Maradona entrenador

Ayer jueves, la Selección Argentina comenzó sus prácticas con vistas al Mundial de Sudáfrica que comienza el próximo 10 de junio. Aquí, unas frases de Diego Maradona que forman parte de una interesante entrevista aparecida hoy en el diario La Nación. En este caso, Maradona muestra su mejor faceta, la de entrenador:

- "Yo tenía una visión del jugador, pero me di cuenta por cosas que he hecho que en algunas había acertado y en otras le había errado totalmente. Lógicamente que hubo errores que uno quiso solucionar rápido y no pudo. Eso vino con el tiempo. Nosotros, cuando agarramos la selección, sabíamos que estábamos en la cuerda floja… Me equivoqué muchisimo... Pero clasificamos y me tengo una fe enorme".

- "Han cambiado los tiempos. El jugador de fútbol es mucho más profesional, más inteligente. Sabe cuando decidir las cosas. Habla más. Están permanentemente preguntando. Algo que nosotros no hacíamos: había una charla de Bilardo de 45 minutos y nosotros decíamos "sí, sí, sí" y mientras veíamos flechas que pasaban por todos lados en lo único que pensábamos era ´¿cuál sera la mía?´".

- "Es distinto lo que yo podía dar en la cancha y lo que puedo dar ahora de afuera. Son dos cosas completamente distintas. Pero lo que transmito, antes de afrontar un Mundial, es lo mismo".

- "Messi cada vez me gusta más. Hoy hablábamos con el Negro y con Mancu, y con el profe Signorini… hizo un par de cosas en el entrenamiento y yo decía no puede ser, no puede ser… La verdad, ya es un placer verlo parar la pelota… Digo, ¿cómo se hace para tener tanta perfección? Y el Negro me decía: ¿y te lo estás preguntando vos, hijo de puta? Mirá que he jugado con jugadores, he visto jugadores, he visto grandísimos… hasta lo vi entrenar a Ronaldinho, pero me parece que éste está más allá…"

- "Tengo una visión del equipo, pero esto no quiere decir… Yo todo los días veo que ustedes forman el equipo, que ponen y sacan, que cuatro centrales… Yo llevo a Clemente que me puede jugar en los dos lugares por afuera. No se crean tanto lo de los cuatro centrales. No es descabellado tirar un poquito atrás a Lio y poner dos puntas, sea Tevez-Higuaín, Milito-Kun o alguno con Palermo".

- "Primero yo pienso en mi equipo, después miro el rival. Según cómo los vea en los entrenamientos, cuando hacen la práctica de fútbol. Puede ser un equipo o el otro. Tenemos 10 días en Pretoria para corregir un montón de cosas, pero estoy muy tranquilo con lo que decidí. Llevo hombres, llevo calidad y sobre todas las cosas un grupo que ya entendió el mensaje".

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