A 30 años del Mundial Juvenil ´79

La portada del diario Clarín del sábado 8 de septiembre de 1979 refleja los dos hechos ahí nomás, uno al lado del otro. En letras grandes, junto a una foto de Diego Maradona sosteniendo la Copa del Mundo, puede leerse: “Argentina campeón mundial juvenil”. Más abajo, dice: “La Comisión de la OEA se reunió con el gobierno”. La historia quiso que dos hechos trascendentes del deporte y la política argentina coincidieran en el tiempo. Esta vez, los dos sucesos tendrían mucho que ver entre sí.

El 7 de septiembre de 1979, la Selección Argentina Sub – 19, integrada entre otros por Diego Maradona, Ramón Díaz, Juan Barbas y Juan Simón, derrotó en la final del Mundial de Japón a la Unión Soviética por 3 a 1. Fue la culminación de una campaña brillante del equipo dirigido por César Luis Menotti, que con un gran nivel de juego ganó los seis partidos que disputó en el torneo.

La Junta Militar que gobernaba la Argentina desde 1976 se mostró desde el inicio interesada en el Mundial. Durante el campeonato, el dictador Jorge Rafael Videla viajó a Japón para firmar el “Acuerdo de Cooperación Cultural y Científica” y aprovechó para visitar al equipo argentino. Su viaje de regreso fue un tanto accidentado. Los servicios secretos japoneses demoraron la partida del avión porque la delegación argentina habría sustraído algunas antigüedades de las tierras japonesas. Solucionado el conflicto, el avión oficial regresó al país con 48 grabadores y otros tantos televisores en la bodega. Ya en Buenos Aires, Videla observó la final del torneo en los estudios de ATC, el canal oficial, acompañado de los generales Leopoldo Galtieri, Llamil Reston y Antonio Llamas. Con la victoria consumada, el dictador saludó a Maradona a través de Radio Rivadavia y le dijo: “Ustedes son un ejemplo para todos los jóvenes argentinos, que más allá del triunfo del partido, ven en ustedes el triunfo de una juventud optimista que quiere mirar hacia el futuro con amor, con esperanza, con fe”.

Pero gran parte de la sociedad argentina no vivía tiempos de festejos por ese entonces. La dictadura militar seguía implementando el terrorismo de estado a través del secuestro y la desaparición de personas. Los familiares recorrían despachos oficiales y reclamaban ante organismos internacionales para saber dónde estaban sus seres queridos. Tras una fuerte presión internacional y luego de arduas negociaciones, un día antes de la final del Mundial Juvenil llegó al país la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, que permaneció en el país por dos semanas. Durante su estadía, sus miembros recogieron denuncias por violaciones a los derechos humanos y se entrevistaron con numerosas personalidades de la política y la cultura.

En medio de las denuncias y la presión internacional, el poder político vio en el fútbol una forma de desviar el foco de atención general. Desde radios y canales de televisión existía previamente la idea de desarrollar un festejo popular en las calles luego de la final del Mundial. Como el partido decisivo terminó en la mañana, se dictó asueto en los colegios para que los estudiantes pudieran sumarse a la celebración. José María Muñoz, relator de Radio Rivadavia, afirmó al aire: “Vayamos todos a la Avenida de Mayo y demostremos a los señores de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos que la Argentina no tiene nada que ocultar”. Ya en la Plaza de Mayo, miles de jóvenes pidieron con cantos la salida al balcón del general Videla.

A pocas cuadras de allí, sobre la Avenida de Mayo al 700, podían verse largas colas de familiares desesperados por contar sus historias de terror y muerte ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Ellos constituyeron la primera manifestación pública en contra de la dictadura militar argentina. El informe publicado en 1980 dio cuenta de casi 5.600 casos de violaciones a los derechos humanos por parte del Estado Argentino. El documento rompió con el discurso único de la dictadura militar, cuyo poder a partir de allí comenzó a resquebrajarse.

Pero lo jugadores argentinos campeones también deberían participar de los festejos populares. Inmediatamente después del partido final ante la Unión Soviética en Japón, llegó la orden para regresar rápidamente al país. Ya en Río de Janeiro, un avión militar esperó a los jugadores y los depositó en el Aeroparque de Buenos Aires el martes 11 de septiembre. Allí, dos helicópteros del Ejército trasladaron a los jugadores hasta la Cancha de Atlanta para que saluden brevemente a sus familiares y luego fueron llevados a la Casa de Gobierno para saludar al General Videla y sacarse las fotos de rigor. Como un año antes, en el Mundial ´78 que ganara la Selección Argentina, la dictadura militar vio la oportunidad de exponer un logro deportivo como propio y tapar así los reclamos por secuestros y torturas que asomaban cada vez con más fuerza.

La mañana del 7 de septiembre de 1979 mezcló la fiesta y la tragedia de la sociedad argentina. Por un lado, los miles de estudiantes secundarios con cantos y bombos festejando el título mundial en Plaza de Mayo y sus alrededores. Muy cerca de allí, los familiares de los desaparecidos hacían cola para presentar sus denuncias por violaciones a los derechos humanos. Después de 30 años, parece mentira que tanta alegría y tanto dolor hayan podido convivir a tan pocos metros de distancia.

1 comentario:

  1. Siempre está bien recordar este tipo de historias. Felicidades por el artículo.

    Saludos!

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